Cristina, el oro y el barro
La tragedia que sufren los vecinos de Tartagal fue una cachetada para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Recién llegada de España y aun, conmovida por el protocolo real y tras lucir, uno tras otro, los mejores trajes y alhajas, se calzó zapatillas y pantalones y se metió en el barro que todo lo tiñe en la zona de desastre salteña.
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“Señora, bájese y vea cómo quedó mi casa”, le dijo Aníbal, uno de los vecinos afectados por el alud. “La verdadera tragedia es la pobreza”, dijo Cristina a la prensa, cinco años después de iniciado el gobierno bifronte y descubriendo (desgracia con suerte esto de Tartagal) que la pobres existen y que no son un invento de la oposición.
Transpirada, mojada y embarrada, toqueteada por la gente que quería llegar a ella con la mágica intención de que eso les permita salir del fango, la presidenta conoció lo que le pasa a la Argentina profunda.
Lo que queda en el tintero es lo que rodeó al viaje presidencial:
- ¿Fue Tartagal tan solo un buen escenario de campaña? Se escuchó elucubrar a algún dirigente K porteño que “mientras algunos se reúnen en hoteles cinco estrellas, la presidenta está metida en el barro”, pretendiendo, desaforadamente, quitarle importancia a la constitución de una alternativa peronista por fuera del oficialismo, integrada por Macri, Solá y De Narváez. Pero peor aun: dándole a la visita presidencial a la zona de catástrofe un tono providencial.
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- ¿A qué fueron tres ministros antes que Cristina a Tartagal, dejando fuera del avión a su jefe, el presidente en ejercicio?
- Dijo Cristina, rodeada de gente pobre en el barro de Tartagal, según machacó la agencia oficialista Télam: “Hay que seguir trabajando por la redistribución del ingreso. Hasta el día que me muera voy a trabajar por la redistribución, más con la cosas que ví hoy”. Entonces, ¿no habría que pedirle a la gente que le muestre más seguido cómo se vive en este país a la presidenta, así trabaja por “redistribuir la riqueza” ahora, y no tengamos que esperar hasta los últimos días de su vida?
Esta semana la presidenta se movió entre el oro y el barro. Es difícil saber en cuál situación, íntimamente, se siente más cómoda.
A lo que sí estamos asistiendo es a una mandataria que hace un buen análisis de lo que habría que hacer, pero que no lo hace. A una presidenta que colma la visión con gestos, pero que los transforma en hechos.
Así, pipones de ego, han caído muchos ídolos dorados, pero que tenían los pies de barro.




