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Las denuncias que jamás le respondieron al funcionario que, finalmente, se fue

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Marcelo Fabían Saín se fue del cargo. Hasta ayer, era interventor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Militante peronista que, junto a su familia, sufrió el exilio, es además un técnico de alto nivel –como pocos en este país- en materia de políticas públicas de seguridad.

Debe ser el funcionario que más veces renunció a su cargo, sin que le aceptaran la renuncia. Lo venía haciendo desde hace aproximadamente unos dos años. Ayer se concretó.

Lo curioso, es que cada vez que reclamaba que quería irse del Gobierno lo hacía de una manera provocadora: una tras otra, dejó sobre la mesa denuncias y suspicacias que implicaban al propio Gobierno.

Pero éste, no se dio jamás por aludido.

La última vez que lo hizo, MDZ fue un testigo privilegiado. Lo contamos en la nota a la que llamamos “El harakiri de un funcionario digno”. Fue en el Congreso de la nación y ante parlamentarios de toda Latinoamérica y allí, Saín dejó entrever que en su Gobierno no lo querían por el hecho de haber descubierto las valijas de Antonini Wilson…

Había sido nombrado en el cargo por el ex presidente Néstor Kirchner,  el 22 de febrero de 2005, luego de que el escándalo del vuelo con cocaína para España de Southern Winds.

Antes, en 2002, había sido subsecretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Desde allí lanzó sus primeros dardos, al sugerir que los intendentes del conurbano y la policía más corrupta de ese estado tenían una connivencia.

Con la reforma policial en marcha, propuso -sin éxito- sindicalizar a la policía.

Ya en el cargo nacional, Saín también denunció –en vano- que el narcotráfico "no está en el centro de la agenda" argentina. "Si el Gobierno nacional no coloca en el centro de la agenda política el narcotráfico y no da una respuesta institucional seria, creo que la Argentina va a seguir el camino de otros países que están en una situación complicada", señaló en agosto del año pasado.

Irritó al Gobierno cuando, entrevistado por La Gaceta en Tucumán, dijo -al referirse a las motivaciones que sostienen la delincuencia- que "un delincuente cree que lo que roba no lo podrá conseguir trabajando".

Pero sin dudas, fue exactamente hace un año cuando Saín demostró que ya no tenía espacio para expandir su gestión. Dijo, renunciando en alta voz y casi rogando que lo echaran: “Yo tengo el derecho a suponer, ya que nadie me ha indicado lo contrario, que están vigentes las mismas condiciones que cuando asumí; pero la realidad indica una serie de tremendas contradicciones”.

Se fue y nadie dice hoy "esta boca es mía". Se fue y -lo peor- es que es muy probable que no haya otra voz que señale las incongruencias con la misma libertad.