Los revolú viajan en avión
Los chicos se subieron a un avión de Aerolíneas Argentinas y se fueron al Uruguay para alentar a la selección de fútbol argentina. No hay detalles de cómo transcurrió el corto trayecto que implica “cruzar el charco” y aterrizar en Montevideo. Pero se supone que todo fue alegría y suspicacias (y, al volver, probablemente, con socarronas alusiones a las ya famosas declaraciones del técnico Maradona) en el vuelo AR 1204/5.
Son parte de un club exclusivo en cuyo discurso en Tierra se repite, necesariamente, muchas veces la palabra “inclusión”.
Mimados, privilegiados, el avión que los llevó no los abandonó: el Estado, cumplió con los jóvenes argentinos y esperó a que festejaran el lánguido triunfo futbolístico. Una vez satisfechos, la nave los acercó hasta Buenos Aires.
La picardía, creyeron, les había salido redonda: tienen a uno de los suyos al frente de la empresa estatizada, el hijo del diputado Héctor Recalde, Mariano. Y subieron al Boeing 737-NG a Pablito Moyano, el hijo de Hugo, el de la CGT.
Cuando volvieron, no sólo se negaron a dar explicaciones sino que vieron que detrás de la difusión de esta información estaba lo que en su mundo consideran como una especie de “arco opositor siniestro, perverso, golpista, antipatria y de amigos de la dictadura”, encabezado –por supuesto- por el diario Clarín.
Estamos hablando de la Juventud Kirchnerista: ellos son los que ocuparon 49 de los 140 asientos del avión al que obligaron a hacer un vuelo charter al Uruguay. Y se equivocaron repetidamente:
- Sí, deben dar explicaciones. Lo que hicieron no es otra cosa que un abuso del poder que detentan ellos o sus papás.
- La noticia no la dio Clarín, esta vez. La denuncia del mendocino Omar De Marchi la difundió el diario Crítica.
- Y cuando los chicos revolú dictaron a los periodistas que debían preguntarle a Ernestina Herrera de Noble de dónde sacó a sus hijos (sospechada de haberse apropiado de ellos ilegalmente, aunque esto no ha sido comprobado por la Justicia), también se equivocaron, ya que deben dejar de ampararse en una presunta defensa de los Derechos Humanos por la picardía burguesa que hicieron porque lo están haciendo es banalizar algo tan sagrado.
El Club de los Revolú es nacional y popular: qué otra cosa los caracterizaría de mejor manera que ir a alentar al seleccionado argentino de fútbol a otro país.
Pero hay algo grave en su accionar dispendioso y abusivo, y es que lo hacen escudándose en su autoconvencimiento de que son la reserva progresista de la Argentina. Y está claro que no lo son.
