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Mendoza violenta: en lo que va del año se produjo casi un homicidio por día

Lo números muestran la realidad provincial: en trece días hubo once asesinatos. La tendencia es alarmante si se tiene en cuenta que en enero de 2008 hubo 16 hechos de sangre.
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
En Mendoza, las cifras de homicidios asustan: en promedio, durante 2009 hubo casi un asesinato por día. Once muertos en trece días. Relación matemática pura.

Cuando esos números bajan a la realidad, la sensación es otra. No hay manera de bajar la violencia social en la provincia. La tendencia de enero de 2008 se confirma en el año actual. En aquella época, la noticia era que los crímenes se habían cuadruplicado en el primer mes con respecto al mismo periodo de 2007: 16 contra 4.

Y por más que el gobierno insista con que en determinados barrios se logró bajar 60 por ciento la cantidad de hechos delictivos, está más que claro que como muestra estadísticas se trata de una porción geográfica tan baja que no sirve para hacer generalidades.

Juan Carlos Herrera inauguró la lista negra. Murió luego de agonizar un par de días, tras recibir una golpiza en la puerta de un boliche en Tunuyán. A partir de ese momento, las noticias rojas comenzaron a aparecer con una frecuencia alarmante.

Por último –por ahora-, ayer, una mujer fue abusada sexualmente y luego asesinada en su departamentos.

Hubo casos vinculados con dramas pasionales, ajustes de cuentas, violaciones, riñas, discusiones y asaltos; con armas blancas, armas de fuego y trompadas. Peleas entre tribus urbanas, violadores seriales, patovicas violentos, amantes despechados o ladrones engañados por sus cómplices. La calle está violenta.  Y ya no interesa si las causas judiciales abiertas tienen detenidos o no.

Es cierto: contar con un eficiente trabajo de investigación puede convertirse en un mensaje contra la impunidad. Sin embargo, lo concreto es que los investigadores aparecen cuando los cuerpos ya están fríos.

Las estadísticas delictivas suelen ser usadas por gobiernos de países desarrollados como información a disposición de todos los ciudadanos, pero, fundamentalmente, como datos claves utilizados por los responsables de planeamiento estratégico para, a partir de los resultados, tomar medidas al respecto y establecer políticas de prevención.

El impacto social de los homicidios es relativo. Según quién sea la víctima o dónde la hayan matado, repercutirá más o menos. Esto es así: las crónicas sociales parecen respetar estratos sociales.

Pero cuando el número de muertos es elevado, la noticia es otra. Entonces el shock es más fuerte. Y crece la tan mentada, trillada –y temida por el gobierno- sensación de inseguridad; que no disminuye ni con spots publicitarios ni con la firma de un pacto social.