Julio Cobos puso a un mendocino al frente de su espacio político en Buenos Aires
Martes 9 de septiembre. Buenos Aires, 14.37. El vicepresidente Julio Cobos sale por la puerta lateral del Congreso ubicada sobre Irigoyen y camina poco más de 40 metros para encontrarse con el auto que lo conducirá quién sabe a qué almuerzo tardío. Desde una ventana del café “La Bancada” todos miran la escena. Camina solo. En el trayecto, es interrumpido en 12 oportunidades por la gente que pasa. No sabremos nunca si lo felicitaban o le recriminaban, pero a juzgar por el relato gestual de los rostros protagonistas, se trata de la primera opción en la mayoría de los casos. Llega al automóvil; se lo adivina pleno. Abre la puerta y se dispone a ubicarse. Siete chicas treintañeras rompen en grititos histéricos, como si estuvieran frente a Chayanne meneando las caderas. Pero es Cobos. Sale del auto y camina 10 metros para saludarlas. Todos están felices. Hay aplausos. Se sube al auto levantando el brazo para saludar al boleo. Se va.
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Julio Cobos sabe que vive, gracias a su “voto no positivo”, el momento de más popularidad de su siempre sorpresiva carrera política.
Eso lo sabe también la oposición que, mucho más hábil en la tarea que el ingeniero mendocino, apuesta a su desgaste y espera el tiempo lo canse, lo voltee o le deje al descubierto más de la cuenta; cualquier cosa esperan, menos que Cobos crezca y avance con luz propia.
Pero mientras la anécdota que preside esta nota sucede y tanto oposición como oficialismo hacen sus apuestas, un puñado de determinaciones le va poniendo condimento a lo que alrededor del vicepresidente se entusiasman con llamar “el verdadero nacimiento político” de Julio Cobos.
Aquel tropel de radicales disconformes que se dio en llamar primero “radicales K” para luego transformarse sencillamente en “el cobismo” ya tiene nombre y apellido: Consenso Federal y con él aspira a ser artífice de su propia vida y dejar de deambular como entenado del kirchnerismo o de la UCR.
Se dejó atrás el concepto de “Concertación”, a esta altura tan vapuleado como el de la “Alianza”. Pero lo más importante en la agenda política es que el sector que rodea e impulsa políticamente al vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, tomó en los últimos días una serie de decisiones que permiten avizorar que empezó –esta vez sí- la construcción de un espacio propio.
Desembarco mendocino y con mendocinos
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Por esto, la segunda determinación de Cobos fue que quienes encabecen la conducción de Consenso Federal en la capital del país sean mendocinos. Así, decidió que el desembarque será con dirigentes de extrema confianza, capaces de llevar su mensaje sin intermediarios. Pero también, con capacidad de encabezar –si el tiempo así lo indica- inclusive las listas legislativas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Al frente, designó a su fiel secretario Juan Montilla (foto de arriba). Se trata de la persona que viene de militar en la Franja Morada y de adherir políticamente a los designios de Alfredo Cornejo. Pero desde 2004 es el colaborador más estrecho del vicepresidente: fue subsecretario de Relaciones con la Comunidad en momentos difíciles y secretario privado de Cobos, en la Gobernación y lo es ahora en el Senado.
El jueves pasado, en la primera reunión, se esperaba medio centenar de adhesiones, pero las expectativas fueron superadas y este jueves se realizará una segunda reunión organizativa. Nuevamente estará al frente Montilla quien en la primera ocasión dio un discurso y dijo: “He venido para quedarme”. Los porteños tomaron nota del mensaje y se pusieron a trabajar.
Cobos decidió ponerse al frente del nuevo espacio
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El vicepresidente tomó conciencia del valor agregado de su popularidad y dejó de navegar a la deriva de los humores de sus seguidores. Armó, para ello, una mesa chica que integra sólo un mendocino más: Alfredo Cornejo. Allí, junto al ex gobernador rionegrino Pablo Verani, el intendente de Junín de Buenos Aires, Mario Meoni y pocos más, como el neuquino Horacio “Pechi” Quiroga, determinarán cada uno de los pasos a seguir.
Se bautizaron como Consenso Federal y salieron a disputar espacios, sabiendo que no hay tiempo que perder y que no se puede desperdiciar la popularidad que Cobos sigue teniendo a nivel social. Dos objetivos hay en la agenda y deben delinearse dos estrategias diferentes: las elecciones legislativas de 2009 y las presidenciales de 2011.
Con el pecho henchido por el éxito de la convocatoria realizada el jueves pasado en la Ciudad de Buenos Aires, en ocasión del desembarco cobista en la capital del país, ya no mendigan cobijo en la UCR ni en el PJ: se proponen como tentadores aliados de quien quiera verlos como una real alternativa de poder.
Dante Caputo, el nuevo escriba del cobismo
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Caputo mantuvo la semana pasada un desayuno de trabajo con un grupo de estrechos colaboradores del vicepresidente y allí se acordó continuar con una relación de la que no sólo se espera que surjan los trazos formales de un nuevo partido, sino una puerta abierta para Julio Cobos hacia organismos y foros internacionales.
Búsqueda de coincidencias por el país
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Cobos y Binner (aunque también una adversaria común, Elisa Carrió, que les disputa el espacio opositor) están al tope de las preferencias presidenciales que manifiestan los argentinos de manera espontánea hoy, a 3 años de que se elija presidente. En territorio socialista, Cobos es bien visto, pero con el estoicismo típico que caracteriza a Binner seguramente harán buenas migas, dejarán latente la afinidad hasta más adelante y esperarán el desenlace de la gestión de Cristina para tomar alguna definición que los una o los separe.