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En su visita, Cristina se disfrazó de "Cleto"


Como aquellas hinchadas que se trenzan con sus rivales en nuestro violento fútbol para llevarse un trofeo a su casa, Cristina de Kirchner vino a Mendoza con la firme intención de “robarle la bandera” a su ahora rival Julio Cobos.

Desde que pisó la provincia, la Presidenta de la Nación decidió cambiar el juego. Si bien se mostró como siempre afectuosa con la gente que la fue a saludar, fue notorio el cambio de actitud con los medios: los periodistas lograron entrevistarla en varias oportunidades, desde que aterrizó en la pista de la Cuarta Brigada Aérea hasta que se acomodó en la mesa del auditorio Bustelo. Cualquier similitud con Cobos quizás no sea mera coincidencia. Aunque la Presidenta empezó a dar estas señales desde ese sábado cercano en el que dio su primera conferencia de prensa.

Pero el lugar donde realmente explotó el “estilo Cleto” de Cristina fue en su discurso del auditorio Bustelo. “Muchas veces los enfrentamientos no se resuelven por falta de racionalidad. Ninguna sociedad civilizada creció en base a los enfrentamientos”, dijo la presidenta.

¿What?, debe haberse preguntado más de un desprevenido. ¿Esta es la misma Cristina que en medio del conflicto con el campo salía a atacar a los dirigentes de la Mesa de Enlace?. ¿No fue, por otra parte, la necesidad de diálogo la línea principal y el caballito de batalla de Cobos en medio de la crisis?

Efectivamente, la Presidenta le habló a los mendocinos bajo la apariencia de su político más famoso por estos días. Inteligentemente, en medio de las cámaras, repitió hasta el cansancio términos como “consenso”, “racionalidad” y “acuerdo”. Las palabras preferidas de Cobos, a quien no mencionó en una sola oportunidad.

Fue un mensaje en parte dirigido al público local, que valora los discursos moderados. Pero mayormente destinado a rebotar a nivel nacional. Para que en todas parte del país se entienda que el Gobierno Nacional está cambiando de filosofía, aunque no cambien las personas que lo encarnan como funcionarios.

Fue un mensaje que parecía decir que Cobos no hay uno solo, que hasta el kirchnerismo más terco puede abrazar su labia atractiva para la clase media, absorberla y transformarla en discurso propio. Porque los tiempos del país así lo dictan.

Una suerte de cobismo sin Cobos, con el escenario plagado de nuevos dirigentes de la nueva concertación del oficialismo, fue lo que mostró Cristina hoy en Mendoza.

Un escenario donde tuvieron cabida hasta el radical capitalino Víctor Fayad, junto a un gobernador radical K (Miguel Saiz) y ( no en la mesa, pero si en los primeros asientos del auditorio) el siempre extraño y esquivo Mario De Casas, como figuras exógenas al peronismo.

El ensayo político de esta tarde quizás lleve tiempo en rendirle en popularidad a la Presidenta, pero lo que está claro es que ella ha empezado a cambiar para seducir a amplios estratos de la sociedad que abiertamente le estaban dando la espalda.

Y no sólo es un misterio qué pasará con Cristina a partir de ahora, que ha cambiado. También lo es el futuro del gran ausente Julio Cobos, quien deberá sobrevivir sin ser el único dueño de la bandera del diálogo y el acuerdo, y junto a un Gobierno Nacional que no le va a simplificar la tarea, como hasta ahora, diferenciándose de él.

Jaque, chocho

En lo que no hay matices ni misterios es en el rendimiento de esta visita presidencial para el gobernador Celso Jaque.

El gobernador mendocino se llevó todos los mimos de la Presidenta. Aquí, en Mendoza, Cristina habló de reconciliación y razonabilidad. Aquí, Cristina condujo esta vez un acto donde no sólo hubo promesas de obras millonarias, sino una medida puesta en escena en la que se vieron “hechos”: televización en vivo mediante, abrió las válvulas de la ampliación del gasoducto Beazley-La Dormida, que promete dejar atrás el fantasma de la crisis energética en Mendoza y San Juan, al menos en lo que refiere al gas.

Por otra parte, en una de las ahora frecuentes charlas con la prensa, Cristina revivió el viejo respaldo de Jaque a Néstor Kirchner en las elecciones presidenciales de 2003, cuando Celso era intendente de Malargüe. De aquel episodio, los Kirchner no se habían acordado mucho en los últimos tiempos

Quizás la única mancha para Jaque en una jornada que oxigenó la gestión provincial sea esa explanada no tan llena de la Casa de Gobierno, donde la movilización de los intendentes kirchneristas no alcanzó para que hubiera un marco multitudinario para Cristina.

La gente de Mendoza, calificada de “divina” por la Presidenta, no acompañó esta vez como se la esperaba. Para dato basta con decir que el número de asistentes al Bustelo no fue muy inferior al de la explanada, con la diferencia de que en la última parada, el auditorio estaba colmado de dirigentes peronistas, no de “gente común”.

Aunque quizás este déficit de popularidad no se le pueda atribuir sólo a Jaque, sino a los coletazos de una crisis política del kirchnerismo a nivel nacional que ha forzado ese cambio de estrategia que hoy se pudo observar con claridad en Mendoza.