Alfredo De Angeli, el codiciado
La política, a lo largo de su historia, cumplió su rol de representar a los más diversos sectores de la sociedad. A veces, a través de la forma clásica de la “coincidencia de ideas y programas”. Otras, incorporando sectores corporativos o bien, a referentes populares de las artes, la ciencia, el deporte o el entretenimiento, siempre, destinatarios del apoyo popular por su carisma.
A la lista se puede sumar a gente del espectáculo, desde Eva Duarte hasta Soledad Silveyra, pasando por Hugo del Carril, Ramón “Palito” Ortega, Irma Roig, Luis Brandoni y hasta por la inefable melancólica de la dictadura Elena Cruz; o a deportistas como Carlos Reutemann y el mendocino Víctor Legrotaglie que llevó el número 5 en las últimas candidaturas a diputados nacionales por los demócratas en Mendoza.
Pero también, en otras épocas, los partidos políticos se nutrían de gente que fuera capaz de lucir ideas innovadoras o transformadoras, de un lado o de otros en materia ideológica, pero con el objeto de que lograran cumplir una tarea dentro de los recintos políticos, en donde se “maquinan”, programan y aprueban las normas que hacen a la vida de un país.
Por eso, se destacaron las personalidades de Domingo Faustino Sarmiento, Lisandro de la Torre, Alicia Moreau de Justo, Arturo Frondizi, José Ingenieros, Arturo Jauretche, entre tantos otros.
La pretensión vanguardista que hasta los conservadores mostraban con pasión por aquellos años, hoy ha sido remplazada por “lo espectacular”, los liderazgos efímeros y la buena imagen a corto plazo. Con eso basta para pasar el momento y se actúa de esa manera con discursos en los que la palabra “diferente” y “cambio” copan los discursos orales y publicitarios.
Pero nada de lo que tiene que cambiar, finalmente, resulta cambiado.
¡Y el elegido es…!
Ahora el personaje deseado por las estructuras partidarias para captar la atención de la gente es un chacarero entrerriano: Alfredo “Minga” De Angeli. De alguna manera, es un protagonista mediático, ya que su fama la consiguió cortando rutas y hablándoles a calzón quitado a los aguerridos dirigentes del campo, en vivo y en directo por los canales de televisión.
¿Importa lo que piense De Angeli? Al parecer, poco, si se juzga el variopinto abanico de sectores que le regalan su aplauso a la espera de que los reciba en los camarines, tras las bambalinas de un conflicto del que, siente, fue el actor principal.
Es que, tal como lo analiza el intelectual mendocino Alejandro Poquet, vivimos “una democracia del espectáculo”. Por lo tanto, lo que importa es lo que se ve por televisión, la espectacularidad del anuncio, más que su contenido; el momento más que la proyección en el tiempo de las decisiones.
Junto al dirigente de la Federación Agraria están los trotskistas del MST, los piqueteros de antaño de la Corriente Clasista y Combativa (la CCC) y los jóvenes que siguen al Movimiento de Jubilados de Nina Pelozzo y Raúl Castells; están los seguidores de López Murphy, el vicepresidente Julio Cobos (coprotagonista, además, de la obra que llevó al estrellato al chacarero), Mauricio Macri y, ahora, la Coalición Cívica de Elisa Carrió.
Hace unos días, Macri logró sentarlo en su despacho con la idea de que, a la salida, juntos podrían anunciar una candidatura a diputado para el entrerriano. Pero éste puso su mejor cara de ingenuidad y esperó otras ofertas. Al término del encuentro, Macri sólo pudo contar que se juntaron, y nada más.
Este viernes, es la ex radical y actual seguidora de Carrió, Margarita Stolbitzer la que intenta cumplir su sueño de candidatear en sus listas al “Minga”.
Por su parte, De Angeli no parece tener mayores inconvenientes a la hora de ser invitado a un café. Adrián Murano, el autor de la biografía del entrerriano a la que llamó “El agitador”, le contó a MDZ (ver nota relacionada) pocos días después de presentar su libro que “Minga” estaba rodeado de estrechos asesores políticos vinculados al maoísmo por izquierda y a Recrear, por derecha.
Pero además, relató que el propio personaje en cuestión le confesó cómo fueron sus votos en las elecciones, desde 1983 hasta la fecha: Votó por Raúl Alfonsín y por Eduardo Angeloz; luego, por José Octavio Bordón y se arrepiente de haberlo hecho por Fernando De la Rúa. Después metió en la urna la papeleta de Néstor Kirchner, pero cuando era el turno de Cristina Fernández, De Angeli votó por Fernando “Pino” Solanas.
La biografía que Murano escribió sobre de Alfredo De Angeli incluyó el dato de cuáles son sus candidatos preferidos o, para plantearlo de otro modo, por quiénes podría votar hoy si se realizaran elecciones. “Debí haber votado por Duhalde”, se arrepiente ahora y admite que, a pesar de las diferencias, lo haría por Elisa Carrió, elegiría al gobernador socialista de Santa Fe Hermes Binner y hasta a los Rodríguez Saá.
La oposición, un año antes de las elecciones legislativas, está enfrascada en una búsqueda incansable por nombres que le permitan existir. No han sido suficientes las torpezas demostradas y las derrotas acertadas al matrimonio Kirchner para poner al descubierto un espacio opositor de relevancia, salvo el que surge desde las mismas entrañas de la alianza gobernante.
Por eso, a la vez que se critica al gobierno en la búsqueda de su perfeccionamiento, la sociedad señala también -y no por la simple idea del “empate”, sino porque la realidad así lo deja al descubierto- cierto “amateurismo” de la oposición política.
La triste puja por contar con el nombre del chacarero De Angeli al tope de la boleta electoral, así lo confirma.