Gestos oficiales para contener demandas del campo y fuga de peronistas
El conflicto del campo pareció dañar los cimientos en forma dramática, porque el Gobierno no solamente fue doblegado por un sector, sino que a partir de esa derrota se abrió otro escenario político. La principal consecuencia negativa para el Gobierno no fue el distanciamiento entre Cristina y su vice Julio Cobos.
El Gobierno de Cristina Kirchner y el PJ de Néstor Kirchner iniciaron un operativo destinado a frenar el drenaje político que padecen desde hace varios meses, con acciones especialmente apuntadas a contener las demandas del campo y a evitar que la dirigencia peronista fugue hacia la oposición.
No se trata de una misión sencilla para los Kirchner, porque se sabe que cuando la política adquiere una inercia es muy difícil que altere los carriles por los que empezó a transitar. Lo saben perfectamente todos los políticos que tuvieron un momento de gloria: lo que sigue, indefectiblemente, es el declive.
Por eso lo que se está discutiendo en la Argentina de 2008 son sobre qué pilares intenta ahora asentarse el kirchnerismo.
El conflicto del campo pareció dañar los cimientos en forma dramática, porque el Gobierno no solamente fue doblegado por un sector, sino que a partir de esa derrota se abrió otro escenario político.
La principal consecuencia negativa para el Gobierno no fue, contra la opinión de muchos, el distanciamiento entre Cristina y su vice Julio Cobos. Ni tampoco la manera en que prendió el discurso de la supuesta "oligarquía terrateniente" en la clase media urbana.
Lo realmente complejo para el kirchnerismo es el drenaje que abrió ese conflicto en las filas del justicialismo, donde comenzaron a tener más predicamento sectores que estuvieron relegados de los centros de poder en los últimos años. Y que ahora ponen en tela de juicio el liderazgo de Néstor Kirchner.
Así se entiende el esfuerzo de Kirchner por retener a Carlos Reutemann en las filas del PJ oficial. O la ronda de diálogo que sorpresivamente inició el ex presidente -muchas veces utilizando para ello la residencia de Olivos- con jefes comunales y sindicalistas que tienen dudas sobre el rumbo del país.
También se entiende que, en este escenario, Kirchner haya impulsado la realización de una interna partidaria en el estratégico PJ de Buenos Aires. Porque todo el mundo sabe que allí reside la locomotora que históricamente tracciona al peronismo. La que controla al conurbano bonaerense.
Pero enfrente de Kirchner ya se pararon caudillos provinciales como Eduardo Duhalde (Buenos Aires), José de la Sota (Córdoba), Jorge Busti (Entre Ríos) y los hermanos Rodríguez Saá (San Luis), además de algunas figuras como el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, que juegan su partido personal hacia 2011.
Los contactos entre estos dirigentes y algunos sectores del oficialismo que mantienen su apoyo al matrimonio presidencial son cada vez más fluídos. Ya no se limitan, por cierto, a llamados telefónicos esporádicos en la búsqueda de algún consejo político.
Tal vez por este motivo es que Kirchner tuvo inconvenientes para que figuras de peso en el peronismo -como Hugo Moyano, jefe de la CGT, o algún intendente del primer cordón del conurbano- salieran a repudiar las polémicas declaraciones en las que Duhalde lo comparó con Hitler y Mussolini.
No obstante, Kirchner obtuvo el aval de Moyano para contener dentro del entramado oficial a los peronistas a los que se les puso difícil defender al kirchnerismo en sus distritos, por caso el senador santafesino Reutemann o los intendentes del interior de la provincia de Buenos Aires.
Estos gestos de Kirchner hacia el interior del peronismo están profundamente ligados a la problemática del sector agropecuario. El Gobierno parece decidido, en este punto, a evitar que el campo vuelva al paro en los próximos días, con anuncios en materia de granos y leche.
En la misma dirección fue interpretada la reunión entre la Presidenta y los gobernadores de las provincias agropecuarias -Daniel Scioli, Hermes Binner y Juan Carlos Schiaretti entre ellos-, quienes no sólo plantearon la tragedia de la sequía sino que también llevaron a la Rosada algunos reclamos del campo.
El mismo sector clave en la economía argentina de los últimos años que parece determinado a incursionar en la política de cara a las elecciones legislativas del año próximo, con algunas figuras a la cabeza como el entrerriano Alfredo De Angeli.
Por eso los dirigentes rurales deberán meditar, en los próximos días, las acciones que emprenderá el sector en el futuro para que la sociedad no interprete que los objetivos del sector pasaron a ser más políticos que económicos.
No se trata de una misión sencilla para los Kirchner, porque se sabe que cuando la política adquiere una inercia es muy difícil que altere los carriles por los que empezó a transitar. Lo saben perfectamente todos los políticos que tuvieron un momento de gloria: lo que sigue, indefectiblemente, es el declive.
Por eso lo que se está discutiendo en la Argentina de 2008 son sobre qué pilares intenta ahora asentarse el kirchnerismo.
El conflicto del campo pareció dañar los cimientos en forma dramática, porque el Gobierno no solamente fue doblegado por un sector, sino que a partir de esa derrota se abrió otro escenario político.
La principal consecuencia negativa para el Gobierno no fue, contra la opinión de muchos, el distanciamiento entre Cristina y su vice Julio Cobos. Ni tampoco la manera en que prendió el discurso de la supuesta "oligarquía terrateniente" en la clase media urbana.
Lo realmente complejo para el kirchnerismo es el drenaje que abrió ese conflicto en las filas del justicialismo, donde comenzaron a tener más predicamento sectores que estuvieron relegados de los centros de poder en los últimos años. Y que ahora ponen en tela de juicio el liderazgo de Néstor Kirchner.
Así se entiende el esfuerzo de Kirchner por retener a Carlos Reutemann en las filas del PJ oficial. O la ronda de diálogo que sorpresivamente inició el ex presidente -muchas veces utilizando para ello la residencia de Olivos- con jefes comunales y sindicalistas que tienen dudas sobre el rumbo del país.
También se entiende que, en este escenario, Kirchner haya impulsado la realización de una interna partidaria en el estratégico PJ de Buenos Aires. Porque todo el mundo sabe que allí reside la locomotora que históricamente tracciona al peronismo. La que controla al conurbano bonaerense.
Pero enfrente de Kirchner ya se pararon caudillos provinciales como Eduardo Duhalde (Buenos Aires), José de la Sota (Córdoba), Jorge Busti (Entre Ríos) y los hermanos Rodríguez Saá (San Luis), además de algunas figuras como el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, que juegan su partido personal hacia 2011.
Los contactos entre estos dirigentes y algunos sectores del oficialismo que mantienen su apoyo al matrimonio presidencial son cada vez más fluídos. Ya no se limitan, por cierto, a llamados telefónicos esporádicos en la búsqueda de algún consejo político.
Tal vez por este motivo es que Kirchner tuvo inconvenientes para que figuras de peso en el peronismo -como Hugo Moyano, jefe de la CGT, o algún intendente del primer cordón del conurbano- salieran a repudiar las polémicas declaraciones en las que Duhalde lo comparó con Hitler y Mussolini.
No obstante, Kirchner obtuvo el aval de Moyano para contener dentro del entramado oficial a los peronistas a los que se les puso difícil defender al kirchnerismo en sus distritos, por caso el senador santafesino Reutemann o los intendentes del interior de la provincia de Buenos Aires.
Estos gestos de Kirchner hacia el interior del peronismo están profundamente ligados a la problemática del sector agropecuario. El Gobierno parece decidido, en este punto, a evitar que el campo vuelva al paro en los próximos días, con anuncios en materia de granos y leche.
En la misma dirección fue interpretada la reunión entre la Presidenta y los gobernadores de las provincias agropecuarias -Daniel Scioli, Hermes Binner y Juan Carlos Schiaretti entre ellos-, quienes no sólo plantearon la tragedia de la sequía sino que también llevaron a la Rosada algunos reclamos del campo.
El mismo sector clave en la economía argentina de los últimos años que parece determinado a incursionar en la política de cara a las elecciones legislativas del año próximo, con algunas figuras a la cabeza como el entrerriano Alfredo De Angeli.
Por eso los dirigentes rurales deberán meditar, en los próximos días, las acciones que emprenderá el sector en el futuro para que la sociedad no interprete que los objetivos del sector pasaron a ser más políticos que económicos.
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