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Duhalde y los herederos del campo

Está en disputa el espacio de la oposición al matrimonio presidencial y Duhalde se pone al frente de quienes quieren quedarse con los réditos del conflicto del campo.

El ex presidente Eduardo Duhalde, sin la necesidad de usar eufemismos, ya está de nuevo en carrera política.

Este viernes llenó un teatro en Entre Ríos y posó de estadista.

Lo hizo de la mano del ex gobernador de esa provincia, Jorge Busti, su última incorporación al búnker del Movimiento Productivo Argentino (MPA), luego de sufrir el menosprecio del kirchnerismo.

Con el MPA como núcleo, el bonaerense ha logrado aglutinar a los referentes territoriales que fueron quedando excluídos del círculo presidencial, algo que algunos dirigentes marcan como un suceso producido durante el zenit de popularidad vivido por Néstor Kirchner.

“Néstor desaprovechó el gran capital que tiene el peronismo y dejó de hablar con todos, dejó de recibir a los dirigentes, se encerró en la Quinta de Olivos con su mujer y algunos adulones y no cambió, siquiera, cuando empezó a declinar su éxito”, dijo a MDZ una alta fuente que participa sistemáticamente de los encuentros duhaldistas en La Plata.

Esto, según interpretó en diálogo con este diario el economista opositor Claudio Lozano, ayudó a “despertar a los fantasmas”, centrando en el propio Duhalde su categorización espectral.

Los pasos del “cabezón”

Para describir el lanzamiento encubierto de Duhalde, podemos seguir el siguiente itinerario personal, mediático y discursivo:

• Primero, se sumergió en el silencio total y hasta se mostró “jubilado” de la política, dedicándose a las relaciones internacionales desde su rol de referente e impulsor de la Unión Sudamericana, un intento que dejó trunco.

• Refugiándose en aquel silencio, escribió sus memorias de la crisis del 2001y calculó romper su mutismo sólo para hablar de su libro, situación que le permitió brindar una imagen diferenciada de los políticos tradicionales, rubro al que adscribe, pero del que le conviene despegarse públicamente.

• Relanzó a principios de año el Movimiento Productivo Argentino, fundado en 2001 por él y Raúl Alfonsín, pero también por muchos de los referentes del campo, cuyo éxito y discurso pretende heredar: Eduardo Buzzi y Guillermo Alchourón, entre otros. Lo transformó en una tribuna política, pero con fuerte contenido académico.

• Duhalde tira y afloja y, así, existe. Más recientemente, “a lo Carrió”, comparó a los Kirchner con Hitler, pero a diferencia de la chaqueña, después se arrepintió. Sintonizó con ella, logró aparecer en todos los medios y luego, en una actitud muy peronista de su parte, tendió la mano nuevamente.

• Ahora, en Entre Ríos, se paró frente a un atril y alternó palabras medulosamente calculadas con la proyección de videos en los que él mismo, en diversas oportunidades de la historia argentina, le tiraba flores a la producción, al campo y a la industria. Cada interrupción multimedia de su discurso fue interrumpida por carteles que mostraban su nombre y el de decenas de localidades que querían darle un contexto partidario al encuentro, en medio de un refinado coliseo, lo que le dio al momento un marco mixturado por lo académico y lo militante.

Pasado, presente y futuro

El ex presidente repitió por lo menos una vez cada 5 minutos las palabra “producción”, “productividad”, “productores” y “productiva”.

En su discurso entrerriano, Duhalde dictó, más o menos de la siguiente manera, dos párrafos a los historiadores:

• Yo inventé aquello de la “revolución productiva” cuando fui compañero de fórmula de Carlos Menem en 1989, pero él nunca me preguntó que quería decir y bastardeó el concepto; y

• Yo creé el Ministerio de la Producción, el primero que eliminó del gabinete nacional Néstor Kirchner cuando asumió su mandato en 2003.

Como en un renacimiento, buscó desembarazarse del pasado y, a la vez, ponerle su firma a un futuro signado por la esperanza de una gestión de puertas abiertas al campo.

Dejó en claro, así, que quiere quedarse con toda la herencia del conflicto del campo. Pero además, informó en directo por TV a quien quisiera oírlo, que él si puede “armar” políticamente, con más facilidad que el resto de los herederos.

Mientras tanto, comunicó con sutileza que está disponible para ocupar el liderazgo que no le termina de cuajar al resto de los legatarios del capital generado en los cuatro meses de vano embate oficial contra la renta agrícola: la combativa Carrió, el dubitativo Macri, el rebelde solitario Cobos, el parsimonioso Binner.

Tras de sí, tal como lo afirmó Eduardo Amadeo a MDZ hace unos días, podría reclutar a un ejército poderoso en vocación y ambición de poder: Reutemann, De la Sota, Schiaretti.

Demasiado temprano se ha iniciado la carrera sucesoria. Falta mucho tiempo aun para que se realicen las elecciones presidenciales. Hay que tener en cuenta que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner aun no terminado de transitar, siquiera, una cuarta parte de su mandato.

Pero lo que está en disputa hoy no es el Sillón de Rivadavia, sino el espacio político opositor. Y para ocupar ese vacío, la sociedad esta vez está demandando (por suerte, por crecimiento democrático o por temor a equivocarse), propuestas que vayan más allá de una “buena actitud”, referentes que tengan más sustento que un buen eslogan y dirigentes capaces de conducir en equipo, más que con personajes prestados.