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La novela de Néstor y el laberinto de Cristina

Hay una teoría que hace remolinos en oídos atentos: aquella detención de De Angeli fue bisagra de una crisis que supera a la crisis del campo: la del propio matrimonio presidencial. Cobos, en ese esquema, juega cartas a favor de Cristina, quien no sería tan dependiente de Néstor como habitualmente se sostiene.

La violenta detención del dirigente agrícola Alfredo De Angeli representó una bisagra en el conflicto entre el campo y el gobierno, al desencadenar lo que públicamente se vio como un gesto de institucionalidad, al derivar el debate al Congreso.

Pero tuvo un efecto colateral incalculado hasta ese instante: un conflicto en torno a la ejecución del poder político por parte de la dupla integrada por Néstor y Cristina Kirchner, con la tangencial intromisión de un tercero lejano en discordia, Julio Cobos.

Hasta ese momento, sábado 14 de junio, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner era quien conducía y determinaba los movimientos del bando oficial del conflicto, aun habiendo perdido en el camino a la única cara nueva que logró colar en la vieja foto del gabinete de Néstor: Martín Lousteau.

Cristina, militante y audaz, “rebelde” –tal como es conocida en la intimidad de sus conmilitones- lo hacía con un amplio abanico de acciones tácticas, tanto prácticas como simbólicas y con los apoyos satelitales del vicepresidente Cobos, sus ministros, su marido ex presidente y presidente del PJ y sectores sociales afines.

Luego –y con el episodio de Gualeguaychú como detonante en donde se veía casi en cadena de TV nacional a De Angeli siendo arrastrado por la Gendarmería- la situación dio un giro inesperado y no calculado: Cobos, el hasta entonces tercero díscolo y lejano de la lista, vicepresidente gris que servía de muletas al poder, redactó, con el insólito apoyo de su hija y su hermana, un comunicado de prensa que lo diferenció definitivamente de las acciones craneadas en los jardines de Olivos.

Pateando el tablero, el Tercero quiso ser Segundo por primera vez, como debía ser. La Primera empezaba a darse cuenta que no lo era.

De una variedad de posibilidades disponibles, dos de ellas tiñeron los análisis en ese momento y ambas tuvieron como protagonista al mendocino más famoso del momento:

1. Cobos está siguiendo un libreto escrito por otro. La técnica de diferenciarse del Ejecutivo serviría para recoger apoyos por “derecha”. La letra, dictada por Néstor, obviamente.

2. Cobos actuó instintivamente. Como tantas –y temidas- otras veces, sobre todo cuando ejerció la gobernación de Mendoza, el vicepresidente reaccionaba haciéndole caso a sus sentimientos y no a la razón. La beneficiada, Cristina, quien quería ser primera y no segunda.

Hasta ese sábado, el Vicepresidente venía dialogando con los sectores en pugna. Buscaba una salida ingeniosa y digna a un conflicto que se le había ido de las manos a toda la dirigencia, a la política y a la agropecuaria. Cada una de sus gestiones era consultada telefónicamente con Cristina.

Mientras esto pasaba, Néstor –que quería y quiere seguir siendo el Primero- como asumiendo el rol de Ts'ui Pên, el personaje central de “El jardín de los senderos que se bifurcan” de Borges, se encontraba enfrascado en dos tareas inconcebibles: construir un laberinto infinitamente complejo y escribir una novela interminable.

Fue Néstor, dicen, quien enceguecido por su tarea de ponerle un final feliz a su propia historia y haciendo uso de su agenda aun activa de Presidente que nunca se fue de Olivos, dio vía libre al despeje de las rutas ocasionando la detención del ya demasiado popular dirigente entrerriano.

Así, logró construir un laberinto infinitamente complejo en que el que encerró a su mujer. Y está escribiendo aun una novela interminable.

En este esquema de especulaciones, cabe la que indica que Cristina no fue quien ordenó detener a De Angeli. Cobos lo sabía y montó en cólera. El y Ella, Cristina y Cobos, ni más ni menos, estaban siendo colocados en una posición ridícula.

Ya no se trataba de un vacío de poder ni de una situación anárquica; tampoco de un “golpe del campo”. Se estaba produciendo una superposición en la utilización del poder delegado por la ciudadanía.

El tema fue derivado al Congreso para darle “más democracia a la democracia”.

Aquel día/bisagra, en definitiva, demostró que hay un conflicto diferente en las entrañas del poder político que condiciona notablemente la resolución de los problemas que el campo tiene con el Gobierno.

Mientras Cristina quiere ser la Primera en la lista del poder, Néstor, su marido, hace todo lo posible para que siga siendo no más que la Primera…Dama.