Cobos: tentación de patear otra vez el tablero
Son horas cruciales para Julio Cobos. Sus próximos pasos marcarán su futuro político. Está parado en una línea divisoria. Y del otro lado hay muchos peligros, pero también muchas tentaciones.
A juzgar por el clima que se vive por estas horas en Buenos Aires, Cobos está muy tentado a dar el salto. Una prensa habitualmente ofensiva con la gente del interior, lo ha visto tardíamente.
Los medios aquí no saben, por ejemplo, que a Cobos los periodistas lo paran y habla, naturalmente y con aires de espontaneidad. Ayer, casi casualmente, tuvo cámara de medios nacionales cuando dijo que no tenía por qué pedirle permiso a la presidenta de la Nación para juntarse con opositores del Gobierno. Tuvo cámaras y periodistas para recoger el mensaje sólo porque algunos cronistas estaban cerca del Senado, cubriendo en Diputados el plenario de la retenciones.
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Una semana antes, la prensa porteña casi se “come” una primicia nacional: el llamado del vicepresidente a “buscar consenso, no votos”, en la pelea con el campo. Lo supo Clarín gracias a que Cobos dio una nota para un programa político importante de esta ciudad esa noche. Pero lo supieron antes los periodistas en Mendoza y los mendocinos que están eventualmente en Buenos Aires, para cubrir el tratamiento de las retenciones. No resultó tan difícil: había que pararlo en medio de un acto, o más simple aún, ir a su casa y tocarle el timbre.
La fórmula de “hacer pasillo” para obtener noticias, los porteños la cultivan poco. Por eso los descoloca el razonamiento de un provinciano instalado casi en la cima del poder, que rara vez mira el logo del micrófono o del grabador para dar primicias. Que le dice lo mismo a un cronista mendocino que lo aborda en el Congreso que a las estrellas políticas de Clarín en un programa de la tele.
Quizás la misma lógica usó el kirchnerismo, que quedó descolocado ante las declaraciones y las posturas de Cobos en el punto culminante de la discusión de las retenciones. Quizás no pensaron que podía quebrar el rumbo de manera inesperada. Lo minimizaron.
Pero a Cobos, que lo minimicen, le rinde políticamente. El caso Mendoza sirve de ejemplo: Roberto Iglesias empezó a caer casi sin darse cuenta por subestimarlo. Tampoco esperaba “una traición” de su pupilo en la gobernación. Y abusaba hasta el límite de lo intolerable y lo indigno, de su hegemonía.
Es aún prematuro decir que en Buenos Aires va a pasar lo mismo. Pero hay síntomas fuertes que sugieren cambios. Cobos ha recibido esta semana más pedidos de notas que en todo lo que lleva como vicepresidente. Todos los politólogos nacionales quieren hablar con él. Diarios prestigiosos de afuera, como el Financial Times y El Mercurio, lo buscan para recibir de él declaraciones que difícilmente disten de las que Cleto le da a cualquiera en la calle.
Para más datos, hoy recibió en su despacho a un periodista abiertamente “opositor”, según el blanco y negro presidencial. Y no pidió permiso a la Rosada para hacerlo. Luego decidió quedarse en Buenos Aires a seguir el pulso del debate en la Cámara de Diputados de esta tarde, a pesar de que tenía compromisos en Mendoza.
Los ruralistas, en tanto, lo acarician, y con un empujoncito, casi le marcan el rumbo a seguir: “El vicepresidente ha despertado”, dijo anoche Mario Llambías.
Riesgos
Pero el camino está lleno de piedras, si sigue Cobos el rumbo del disenso frontal con la Rosada. La discusión telefónica de ayer con el jefe del bloque de senadores del PJ, Miguel Pichetto, por el problema con el campo, fue fuerte. Aunque no hubo aún ratificaciones en público de parte del senador peronista, desde su entorno agrandaron la pelea. Desde el de Cobos, en cambio, la relativizaron.
La ascendente diputada mendocina Patricia Fadel también le pegó a Cobos anoche. Con un gesto despectivo, señaló que la situación del vicepresidente respecto de la Presidencia es comparable con la de los diputados que defienden por estas horas un proyecto en minoría sobre las retenciones. Son pocos, tiene pocas chances de ganar y son de la oposición, sugirió la legisladora.
La usina de rumores también dice que al vicepresidente le quiere cortar la cabeza todo el kirchnerismo. Suena en ese ámbito, cada vez con más fuerza, la acusación de “traidor”. Ven detrás de su rebeldía toda una maniobra política armada por Coti Nosiglia y Raúl Baglini. Versión diferente a la de Elisa Carrió, quien lo liga a Duhalde.
Mucho ruido, por ahora. La señal más fuerte del estado de ánimo de la Casa Rosada ha sido el coro declaraciones de funcionarios nacionales, que hoy tuvo su clímax con un Alberto Fernández que acusó a Cobos de atentar contra la democracia por defender un proyecto de retenciones diferente al del Poder Ejecutivo.
Frente a los hechos, descartan por ahora que Cobos haga un viraje político rotundo y que le de una patada al tablero para transformarse en un opositor. La soledad política del vicepresidente y la fragilidad en la que caería todo el radicalismo K después de ese acto serían las consecuencias inmediatas: volarían casi todos los mendocinos a los que les consiguió trabajo en segundas y terceras líneas de la administración nacional y del Senado.
Cobos, condicionado, tantea el escenario y piensa, pero no vuelve sobre sus pasos. Si es por los riesgos, también era osado creer que derrocaría al patrón de la UCR mendocina, hace unos años.
Y también sonó loco al principio que pudiera llegar a vicepresidente del gobierno kirchnerista.