Presenta:

Como el glaciar, el peronismo se transforma

Una vez más, el peronismo se reinventa. Como el glaciar Perito Moreno, los ruidos de su resquebrajamiento atraen la atención de todos; se rompe y quiebra, pero no desaparece: se transforma.

Una de las consecuencias de la crisis del campo es la atomización interna del partido del Gobierno. Aquellos que venían apoyando las medidas y movimientos tácticos del kirchnerismo a regañadientes, lo hacían montados en el éxito económico que acreditó el modelo hasta 2006, pero no encontraban, hasta ahora, la excusa para romper y dar el salto.

Antes que la oposición, como siempre, el justicialismo prepara las armas y entrena su tropa para dar una gran batalla electoral en 2009 para, por supuesto, no perderla. Tampoco quieren repetir la experiencia de 2003, cuando cuatro fórmulas peronistas compitieron por la presidencia. El escenario de “más democracia a la democracia” planteado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al enviar el proyecto de las retenciones para su tratamiento en el Congreso, le abrió la puerta a los demonios.

El escenario planteado por el debate de Diputados y ahora el crucial rol del Senado, anticipó una serie de movimientos de piezas desde adentro del peronismo que desde hace tiempo empujaba con fuerza, pero que no encontraba una válvula de escape.

Abrirse a más transparencia y democracia le jugó en contra a

la construcción política de los K. Pero también le hizo una mala pasada a la oposición, la que está perdiendo una oportunidad histórica, sumida por desaciertos reiterados en su consolidación como tal o pifias tácticas, al quedar fuera de foco frente a potente embestida.

El panorama que deja hacia dentro del PJ la crisis del campo es revelador. Muchos de los gobernadores que logró imponer la dupla K no manejan la estructura partidaria en sus provincias. Tales los casos del salteño Juan Manuel Urtubey, cuyo influencia en la masa partidaria es notablemente inferior a la que conservan los senadores nacionales antirretenciones Juan Carlos Romero y Sonia Escudero; o del entrerriano Sergio Urribarri, que cuando mira hacia dentro de la “unidad básica” sólo se encuentra con viejos, pero vigentes retratos de su antecesor Jorge Busti (en la foto de arriba). 

En Santa Fe, lo del senador rebelde Carlos Reutemann (en la fotod e la izquierda) se ve como un Déjà Vu o bien, como un acto de resucitación. El ex automovilista estaba políticamente “muerto”, luego de no haber podido manejar, entre otras cosas, la situación social originada en su provincia por las inundaciones.

Pero aguardó que el péndulo de la política retornara desde la izquierda y se empezara a mover hacia la derecha, tal como lo graficó al ser entrevistado la semana pasada en el canal TN, y volvió a hablar, esta vez, sintonizando con los intendentes de su provincia y robándole protagonismo al socialista Hermes Binner, quien le birló el territorio al PJ en las últimas elecciones.

Reutemann encabeza una movida política que es leída como “alternativa” por muchos sectores. Su comprovinciana y compañera de banca en el Senado, Roxana Latorre, admitió este viernes lo que pocos se animan a decir en público, al ser entrevistada por Radio Nihuil, señalando algo así como que “acompañamos al modelo mientras vimos sus beneficios, pero desde hace tres meses la situación cambió y la recesión afecta a nuestra provincia”.

El domingo, por televisión, durante el programa “Tres Po

deres” del canal América, el ex gobernador bonaerense y actual diputado nacional rebelde, Felipe Solá (en la foto, a la derecha), se despachó contra los besamanos de su partido y abogó por un realinemiento y por la construcción de espacios con pensamiento propio y sin obediencia debida.

Y mientras todo esto ocurre, el ex presidente Eduardo Duhalde (foto, izquierda) continúa

dándoles escenario a los peronistas que no comulgan con Cristina, desde su Movimiento Productivo Argentino. Cada martes, cuando la noche se acerca, enciende las luces para que un nuevo orador se explaye sobre los temas de coyuntura. Ya pasaron por allí Alberto Rodríguez Saá, José Octavio Bordón y José Manuel de la Sota, entre muchos otros. Y además, se dio el lujo de recibir al líder de la CGT disidente, Luis Barrionuevo, a quien el peronismo K desprecia y desconoce, pero que cuenta con el aval de un tercio de los delegados sindicales de todo el país.

Otros dirigentes buscan su lugar en el nuevo mundo peronista que está por crearse. Ese es el caso del chubutense Mario das Neves (foto con Cristina, a la derecha), el primer gobernador en rebelar

se contra los K, a quienes, sin embargo defiende, para mostrarse como su “sucesión lógica” por izquierda.

Sólo el peronismo es capaz de autoinventarse cada vez que parece al borde del abismo por las crisis que él mismo genera.

De manera inversa, los partidos que hoy están en la oposición funcionan con una fuerza centrífuga. Expulsan a los díscolos para ser sumados, casi automáticamente, por algunas de las corrientes en pugna por el poder que componen la principal fuerza política argentina desde hace más de 60 años.

Tal vez por todo esto el Gobierno está paralizado. No sabe a ciencia cierta quiénes lo apoyan y hasta cuándo. Por ello, se le ha puesto tanto énfasis al “a matar o morir” en la pelea por las retenciones, porque ganar significa aire nuevo para la pelea interna. Mientras que si el Gobierno pierde, cosa que difícilmente ocurra, se estará dando rienda suelta al anticipado -aunque imparable- reacomodamiento ideológico y político del peronismo.

Mientras continúe este virtual empate técnico, como ocurre hasta ahora, lo que sucede es que se extiende una agonía que, una vez más, arrastra detrás de sus protagonistas a todos los argentinos.