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Un trágico cachetazo a la clase política local

El incendio de una clínica en San Martín y la muerte de 4 pacientes otra vez demostró que la política no enfoca en la realidad. Pero la seguridad fue el tema de la semana: tras el pedido de perdón de Jaque, fluyen los reclamos de cambios en la gestión desde el PJ hacia el gobernador. Los radicales siguen en la suya: animan una interna sin fin.

Para atrás. Termina otra semana sin saldos positivos para la política, ni en Mendoza, ni en el país en general.

La provincia sigue sufriendo la falta de tino de sus representantes, que mantiene su error de sintonía con los requerimientos de la sociedad. Y las noticias continúan siendo invariablemente malas.

Malo es que un gobernador haya tenido que salir a pedir disculpas, en tono dramático, por una promesa electoral sobre la seguridad que no logró cumplir.

Pero también es malo que, mientras políticos y medios nos ocupábamos de Celso Jaque y su famosa promesa, un sanatorio privado se haya prendido fuego en San Martín, llevándose cuatro vidas, y dejando al desnudo, más allá de las circunstancias puntuales de esta tragedia, las graves falencias del sistema sanitario provincial.

Menos de una semana antes, el oficialismo sufría otro fracaso en la Legislatura al hundirse una ley de reestructuración sanitaria sin dudas defectuosa, pero que a las luces de lo ocurrido, es conceptualmente necesaria.

La oposición política no queda al margen de esta derrota, porque también perdió cuando mandó al archivo un proyecto sobre el que estuvo trabajando mucho tiempo, en vano, para terminar en la nada.

La realidad suele dar esas cachetadas a los que se equivocan. Hubo cuatro muertos por falencias que en el fondo reflejan problemas de infraestructura y previsión, y que son la triste cola de una crisis que el sistema sanitario arrastra desde la explosión de 2001.

Y lo peor es que, en todo este tiempo, la clase política local estuvo absorbida por el tema de la seguridad, con documentos y contradocumentos políticos de oficialistas y opositores que son decididamente absurdos ante la espantosa realidad de los cuerpos calcinados en San Martín.

Tuvimos esta semana un gobernador que declamaba y hacía (otra vez) promesas a futuro en seguridad, mientras pasaban esta y otras cosas malas en la salud, debido al paro de los empleados del sector. Falta de timing político y una realidad provincial arrolladora, que los políticos locales no alcanzan a leer en tiempo y forma, quedaron a la vista otra vez.

Y si no, vean a los diputados provinciales discutiendo tarde por la noche este miércoles en la Legislatura, y con el quórum mínimo por numerosas deserciones, las diferentes posturas políticas frente al conflicto con el campo. Tres meses después de que la pelea se inició y cuando esa otra realidad triste ha sufrido varios cambios y el problema está centrado en el desabastecimiento de alimentos, no en las polémicas retenciones. Seguimos desatinando…

Clínica quemada. La tragedia en San Martín debería hacer pensar a las personas que pueden tomar decisiones en la necesidad de enfocar decididamente el tema de la salud. El sanatario Argentino es (o era) uno de los tres centros asistenciales (incluído el Hospital Perrupato) que pueden atender la demanda en salud de todo San Martín. Tenía como destino a la mayoría de los afiliados de dos mega obras sociales: OSEP y PAMI. Pero el incendio del domingo demostró que no estaba realmente preparada para atender y curar. Todo lo contrario: se convirtió en una trampa para los enfermos que buscaban allí sanarse.

¿Se puede relacionar la tragedia del incendio con la crisis general de la salud en Mendoza? Alguno puede discutir que haya una relación causal, pero los conocedores del sistema sanitario sostienen que las clínicas privadas vienen sufriendo una debacle sostenida desde hace varios años, capaz de generar un contexto propicio para que cosas tan graves puedan ocurrir. La situación ha llevado a muchos sanatorios al cierre. Por ejemplo, el departamento de San Carlos no tiene ninguno. Y Tunuyán tiene otro que apenas sobrevive.

“Tenemos clínicas pobres y es necesario discutir cuanto antes un plan de inversión y modernización”, comentan los especialistas, reduciendo al mínimo los casos en que los dueños no invierten en la mejora de sus sanatorios, a pesar de tener buenas ganancias. La asignación presupuestaria para la salud debería subir y contemplar una ayuda significativa para las instituciones privadas, adonde acude en masa la clase media cuando se enferma, agregan. Las clínicas, por ejemplo, tendrían que dejar de cobrar las prestaciones a afiliados de las obras sociales nacionales a partir de un nomenclador económico muy viejo y desactualizado, ejemplifican.

Lo que sea, los políticos tienen que hacerlo rápido. De hecho, discutir cuanto antes un nuevo esquema de reformas para el sistema sanitario provincial es lo que prometieron los legisladores mendocinos hace 10 días, cuando sepultaron, con cierto placer oculto, la reestructuración sanitaria que promovía el Gobierno. ¿O la promesa de ponerse a trabajar en serio en una normativa consensuada y eficaz era sólo filo, palabras de ocasión para quedar bien adelante de la prensa?

Seguridad y elecciones 2009. Pero bueno, al ser esta una columna política, no se puede dejar de lado el  problema político generado a partir de la seguridad. Demos vuelta la página.

La solitaria puesta en escena del gobernador Celso Jaque el martes quizás (sólo quizás), calmó y rindió efecto en algunos sectores de la población. Hubo un pedido de disculpas del mandatario y eso no se puede dejar de señalar.
 
El problema es que, dentro del justicialismo, el clima sigue siendo muy caliente por los errores de gestión en esta y otras áreas y sus posibles efectos. Jaque ha sufrido una terrible erosión en su imagen por haber fracasado en un su objetivo inicial contra el delito. Y hay muchos que ya miran con temor como puede impactar esto en el primer examen electoral al que se enfrentará el Gobierno: las elecciones legislativas del año próximo.

En voz baja y tratando de que las quejas no trasciendan demasiado, los intendentes del PJ están buscando la forma de hacerle llegar sus molestias al gobernador y su guardia de hierro: el secretario Alejandro Cazabán y el asesor Raúl “Perruco” Leiva.

Los intendentes no están conformes con el ritmo que le marcan a la gestión los hombres fuertes de Jaque, además de sentirse agobiados por el riguroso “control de caja” que ejerce, en especial, Cazabán.

También están molestos con el resto del gabinete. Los ministros, según sus ojos, no reflejan el “estilo peronista”. Dicen que sólo son “técnicos”, no “cuadros políticos”, o sea, no son militantes peronistas capaces de ponerse al hombro el Gobierno y hacerle frente a las crisis.

Añoran más ministros con el estilo de gestión del lasherino Carlos Ciurca  en otras áreas clave del Gobierno, como la Dirección General de Escuelas y el Ministerio de Economía. Ciurca tiene a su cargo el área más floja del Poder Ejecutivo, pero está haciendo las cosas como al peronismo le gusta: es activo, movedizo, se muestra al frente. Pero es uno solo y responde las pretensiones de sólo un intendente: Rubén Miranda. Otros, como el de Guaymallén, Alejandro Abraham, no ha podido meter ninguna persona de confianza en el círculo de decisiones del Poder Ejecutivo.

¿Por qué el peronismo ortodoxo pide estos cambios en la intimidad? Sencillamente porque ven que, si no se revierte el rumbo, además de sufrir una derrota el año que viene en las urnas, se podrían cortar las carreras políticas de algunos intendentes que ya están pensando en dar el salto a partir de los próximos comicios. Como Adolfo Bermejo, quien estaría interesado en ser candidato a senador nacional el año próximo; o Miranda, quien podría ser el primer candidato a diputado nacional, de acuerdo con algunos comentarios.

Pero este diseño sería realidad si no antepone sus pretensiones de ocupar alguno de esos lugares en la lista de candidatos el secretario Cazabán, el rival más fuerte y la contracara de los intendentes, que están siendo empujados a ser protagonistas para revivir el tradicional sector azul del PJ.


Así, las cosas, las elecciones de 2009, ya no tan lejanas, interesan en el PJ como trampolín para la lucha para la gobernación en 2011. Y los nombres en danza anticipan lo que podría ser una disputa interna cada vez más fuerte en el oficialismo, que se concretará en distintos escenarios, conforme pasen los meses.

Una oposición que "ayuda" al Gobierno. La debilidad de la oposición mendocina es el único dato alentador de esta semana para un gobierno justicialista que todavía busca la forma de despegar.

Los radicales ortodoxos y los radicales K mantienen viva la interna que los dividió en los últimos años, y eso favorece al Ejecutivo. Las peleas no resueltas mantienen a ambos frenados, en estado deliberativo, y le dan tiempo al oficialismo para pensar en la reacción, antes de que la pendiente se profundice.

Los demócratas, por su lado, siguen golpeados por la mala experiencia de haberse pegado a la gestión justicialista en los primeros meses, antes de salir catapultados del Ministerio de Seguridad, en medio de una fuerte polémica. Tienen mucho por remar para recuperar ánimo y credibilidad, a pesar del “ataque de oposición” que les ha dado a sus principales dirigentes en las últimas semanas.

Pero volviendo a los radicales, la ida de apenas un diputado del cobismo a la UCR tradicional (Daniel Vilches) alcanzó esta semana para generar una crisis de cierta proporción. Hasta el vicepresidente Julio Cobos expuso públicamente su tristeza por el éxodo del legislador de Godoy Cruz, en una entrevista de MDZ.

En tanto, en el superviviente iglesismo, algunos mostraron cierto optimismo ante esta señal. Y hay quienes ahora muestran apertura para recibir a los otros radicales que quieran volver a la sede de calle Alem, sin tener demasiado en cuenta los pecados cometidos en la aventura K.

De todos modos, no está claro que rol va a jugar de aquí en más la UCR en el mapa político provincial: no es un dato menor que el PJ haya dado todos sus votos para que un radical tradicional, Mauricio Suárez, conduzca de aquí en más los destinos de la comisión Bicameral de Seguridad, principal órgano de control del ministro Ciurca.

En tanto, al respecto de la crisis en el cobismo, hay muchos que por estas horas hablan de la necesidad de contener una huída mayor, aunque dirigentes de peso en el sector, como Juan Carlos Jaliff, nieguen la potencial estampida y hablen de Vilches como un caso aislado.

Jaliff fue anfitrión el domingo pasado de otro de los tradicionales almuerzos en su casa de Las Compuertas. Estuvieron allí Cobos, los intendentes concertadores y los jefes de bloques en la Legislatura. Dijo el ex vicegobernador que allí no se habló de ningún operativo político especial para contener a los dirigentes del sector que están dudando en continuar en ese bando. Agregó que hasta los más distantes del cobismo mantienen lazos firmes con la “Concertación”, como el intendente de Tunuyán, Eduardo Giner, y el propio ex candidato a gobernador César Biffi.

Lo que no pueden negar los cobistas es que el radicalismo K está en un momento de transición donde los rumores y desencuentros en la tropa están a la orden del día. En una reunión que ayer mantuvieron en Viedma, la mayoría se expresó en contra de dar el paso de afiliarse al partido de Cobos y a favor de seguir dando pelea en la UCR. Y hasta esbozó su deseo de marcar, de aquí en más, algunas disidencias con los criterios políticos de la Casa Rosada.

“Es que esto no se entendió bien: la afiliación al partido de la concertación no es más que una maniobra administrativa para darle continuidad a lo que hicimos en las últimas elecciones. Seguimos siendo radicales, a pesar de no tener el sello. Pero sin este partido, no habríamos podido competir electoralmente en 2007, porque estábamos intervenidos”, explicó Jaliff, acerca del primer punto. Sobre el segundo (oponerse al menos un poco a los dictados de la Rosada), que es más temerario, el actual jefe del Instituto Nacional de Vitivinicultura prefirió no decir una sola palabra.

¿Nacerá la nueva oposición?. En los análisis de muchos, el estado deliberativo y conflictivo de la oposición conocida podría abrir la puerta a una oposición nueva. Se teme que el estado actual de las cosas le permita pasar por el medio al eterno Víctor Fayad.

El intendente de Capital pareciera hoy el único capaz en Mendoza de capitalizar el crédito de calzarse el traje de opositor claro y definido. El aura de Elisa Carrió, que hace poco lo visitó en Mendoza, podría bañarlo de prestigio, como una bendición.

Algunos políticos están en guardia ante los pasos de Fayad, aunque los problemas de la realidad "no política" mendocina y los desatinos constantes en materia de gestión, impidan hoy por hoy prestarle demasiada atención a estos temas.