ver más

Los atracos de la última semana están desnudando una crisis policial

El ministro de Seguridad, Carlos Ciurca, salió a defender a los integrantes de la fuerza frente a las sospechas de haber participado en estos hechos. Sin embargo, son los mismos investigadores quienes especulan que detrás de todo hay colegas descarriados.

Carlos Ciurca tuvo en estos días la posibilidad de romper con el molde clásico de los ministros de Seguridad. Después de las sospechas de que en los grandes atracos de los últimos días hubo policías involucrados, el titular de la cartera decidió recurrir al discurso de protocolo y aseguró que Mendoza tiene una fuerza profesional y honesta.

El primer concepto es absolutamente cuestionable. Salvo un grupo de efectivos de elite, la provincia no cuenta con policías capacitados que sepan cómo enfrentar los problemas sociales que provocan un aumento permanente de hechos de violencia.

La segunda idea es relativa. Seguramente el porcentaje más alto de los policías que prestan servicio lo hacen con un total apego a las leyes. Sin embargo, ni ellos ni el poder político lograron depurar la fuerza.

Los mismos investigadores aseguran que en los robos perpetrados durante la última semana en la provincia sintieron “olor a gorra”. Es una figura utilizada para explicar que los golpes reúnen todas las características necesarias para pensar que hay efectivos detrás de la panificación y la ejecución. Algunos hasta se animar a arriesgar que, de puertas hacia adentro, la Policía de Mendoza está atravesando por una época de internas duras, que tendría relación directa con la poca autoridad que generan algunos funcionarios.

El caso de los efectivos imputados por no proceder como correspondía cuando una mujer denuncio el hallazgo de parte del botín sustraído de la joyería Tersani, demostró en qué condiciones salen los policías a la calle.

No sólo están sospechados de cometer un delito, sino que desconocieron que existe un sistema de comunicaciones que regula cada uno de los movimientos que efectúa el patrullero que conducen. Por lo tanto, existen dos puntos preocupantes: la deshonestidad y la ignorancia.

En el asalto al local del Mendoza Plaza Shopping, los autores supieron cómo, dónde y cuándo actuar para distraer la atención policial. Hasta donde se sabe, en Mendoza no actúan bandas tan organizadas para tener ese nivel de inteligencia; y cuando se creyó que había gavillas de este tipo, se descubrió que contaban con apoyo de algún policía.

El robo de armas en la sede de la UMAR tampoco fue casual. Si bien sirvió para desnudar la precariedad de los sistemas de seguridad, sólo alguien con acceso a la zona podía saber que a esa hora había un guardia cuidando todo el predio.

No sólo se trató de asaltos comandos, sino que fueron episodios de los denominados “limpios”: sin enfrentamiento con la policía y sin derramamientos de sangre.

En este punto, Ciurca apeló a su cintura política para no agravar una situación más que complicada. De todos modos, y aunque no lo reconozca públicamente, sabe que algo anda mal entre los uniformados.