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Néstor, o el arte de dar lo que todos piden en apenas un puñado de horas

El ex presidente de la Nación bañó al gobernador Celso Jaque de un respaldo vital para despertar su gestión de gobierno. Pero de inmediato, tuvo una reunión con el intendente Alfredo Cornejo para demostrar que la Concertación sigue viva. La nueva visita de K confirmó que la provincia, políticamente, está a sus pies.

La misión de Néstor Kirchner en su nueva visita a Mendoza era ampliar la base de consenso que tiene en esta provincia. Esa tarea no se detiene en colores partidarios. Y hoy salió a la perfección, porque el ex presidente de la Nación les dio a todos lo que querían.

El gobernador Celso Jaque necesitaba como agua el apoyo que recibió del indiscutible líder del peronismo nacional. Con todas las letras, Kirchner afirmó en el estadio Andes Talleres que vino a Mendoza para apoyar la gestión del malargüino, que está en crisis. Fue un mensaje quizás impensado hace poco más de una semana, cuando la gestión jaquista estaba marcada por la presencia indeseable del tándem Juan Carlos Aguinaga-comisario Carlos Rico en el Ministerio de Seguridad.

Pero Kirchner nunca se queda en las vaguedades o los buenos deseos cuando habla. Tenía letra fina de los problemas políticos que atraviesa el Poder Ejecutivo provincial. Por eso hubo en su discurso un par de párrafos sobre la realidad local en los que reclamó, sin eufemismos, los votos de los legisladores peronistas concertadores a las leyes que manda Jaque a la Legislatura.

La “concertación plural” encierra a un pequeño grupo de parlamentarios justicialistas que juega más cerca del cobismo que del peronismo ortodoxo en el tratamiento de los proyectos. Están en el medio, porque son kirchneristas, pero en las últimas elecciones respaldaron la candidatura del radical César Biffi en la provincia. La indefinición partidaria los marca, pero Jaque los necesita igual, ya que no tiene mayoría en las cámaras legislativas.

Kirchner, que sabe el caudal de sentido que portan sus palabras, les habló directamente a ellos en Talleres. Les pidió que ayuden a Celso a gobernar con sus votos. Esta puede ser una ayuda vital para la gestión del gobernador. Y podría cambiar el mapa actual de fuerzas de la política mendocina.

Pero las sonrisas de un mandatario que hasta esta tarde no había tenido su instante de gloria desde que ganó las elecciones en Mendoza no terminaban de agotarse cuando Kirchner ya tenía la mente puesta en otro lado. En Godoy Cruz, en un contexto mucho más austero y sin el retumbe furioso de los bombos peronistas, un radical K lo esperaba ansioso.

La visita de Néstor Kirchner al intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, y su reunión a solas con él, sirvieron para confirmar que su deseo de amontonar poder no reconoce límites. En tierras tombinas, afirmó que está plenamente consustanciado con la Concertación, que hoy está al borde del naufragio. Eso fue música para los oídos de los radicales K de todo el país, que hace pocas horas le habían reclamado al ex presidente una ratificación concreta de la Concertación y que ya habían empezado a salirse de la estructura del oficialismo nacional.

Kirchner se movió con comodidad en esa cancha (Godoy Cruz) que antes (mucho antes de Kirchner) era tierra visitante para un justicialista. Demostró, en realidad, que hoy es local en todos lados, en compañía de Jaque –que a esa hora ya no tenía mucho de qué reirse- y de otro peronista, José Luis Gioja, a quien obligó a verse cara a cara con Cornejo, quien lo había criticado duro en la campaña electoral de octubre. La Concertación requiere este tipo de esfuerzos, fue el mensaje implícito para el sanjuanino.

¿Pero quién gana de verdad en todo este juego?. La respuesta es simple.

Mendoza ya no le da la espalda a Kirchner. En 2003, el santacruceño no ganó las elecciones para presidente (lo hizo Rodríguez Saá). Hoy, por la cintura del marido de Cristina, o por sus convicciones, o por su buena estrella, esta provincia, políticamente hablando, está a sus pies. Radicales (un sector de ellos) y justicialistas están con Kirchner.

Ahora sólo hace falta una nueva elección para que Kirchner, otra vez con el traje de candidato, aproveche todo lo que esta tierra generosa se encuentra en condiciones de darle.