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El futuro de Ciurca, todo un misterio

Nadie atina a definir cómo será la gestión del nuevo ministro de Seguridad. Algunos adiverten sobre los peligros de que aborde un estilo populista, modelo que abrazó hasta ahora en su carrera política. Otros dicen que aborrecerá la mano dura, por temor al escarmiento K. La Bicameral de Seguridad podría ser su principal fantasma.

Los que conocen la labor legislativa de Carlos Ciurca encienden algunas luces de alarma. Cuentan que, cuando el nuevo ministro de Seguridad presidía la comisión bicameral de Seguridad (desde mayo hasta diciembre del año pasado), prestaba demasiada atención a las propuestas de los foros vecinales, allí donde el reclamo ciudadano por los delitos brota en estado puro.

Mantener estos vínculos con la ciudadanía es importante y sano para los políticos. Pero el problema era que, cuando estaba de nuevo en su despacho de diputado, la vena populista lo podía. Entonces Ciurca transformaba aquellas ideas que había escuchado en la calle en proyectos de ley, aunque muchos de ellos fueran irrealizables.

Hacerse eco de la gente le servía a su imagen, pero varias iniciativas solían ser claramente demagógicas. Y por ello tenían un destino cruel: el cajón de algún escritorio, nunca la sanción.

El temor de que el “estilo Ciurca” (ese tipo con cara de bonachón que una vez no dudó en tocar el bombo con los militantes peronistas en plena Peatonal Sarmiento para reflejar su sentimiento peronista) se traslade a la gestión en el Ministerio de Seguridad es por estas horas el peor peligro que enfrenta el lasherino.

Es que en materia de delitos, los petitorios están a la orden del día. Y en muchos casos los pedidos no son razonables: la mano dura irracional, el reproche a las políticas de derechos humanos y hasta la pena de muerte suelen formar parte de estos pedidos.

Ciurca ahora no podrá encarnar tan fácilmente aquellos pedidos populares que atendía con una sonrisa amplia cuando era diputado. Porque no tiene la posibilidad de utilizar un tercio del presupuesto general en seguridad, como propuso una vez en la Legislatura, luego de hablar con algunos vecinos e ignorando las otras necesidades del Estado. Y porque los requerimientos de la sociedad mendocina no se agotan con la compra de camperas para los agentes en el invierno, como planteó en otra ocasión.

En el ímpetu de satisfacer todas las inquietudes de “afuera”, Ciurca también le puso la oreja a la Policía y firmó junto a otros diputados a la creación de la figura del defensor del policía, suerte de ombudsman de los efectivos. Una idea que, al menos a primera vista, parece reflejar más un reclamo sectorial que a una necesidad atendible para los legisladores provinciales.

Aunque tuvo otras ideas interesantes, como la de designar por concurso a los jefes y directores de la Policía.

Queda claro que el puñado de ideas diversas que tiraba en la Legislatura no le alcanzarán para su tarea como ministro, donde la voluntad de trabajo que algunos le reconocen deberá estar muy bien enfocado para no terminar mal, como sus predecesores.

¿Mano dura o mano blanda?

El sesgo ideológico del nuevo ministro de seguridad es una característica que nadie atina a definir. Algunos se atreven a catalogarlo como un hombre de “centro”, no del todo convencidos.

Eso sí, por todo lo dicho hasta aquí, nadie duda que Ciurca hará una gestión de base y populista, una veta que, militada en extremo, puede resultar riesgosa para la política contra el delito.

Lo cierto es que Ciurca tiene cerca un espejo en el cual mirarse: Daniel Cassia. El justicialista lujanino, hasta hace poco compañero suyo en la bancada peronista de diputados, es uno de los principales referentes del PJ en seguridad. Pero representa un modelo del que probablemente Ciurca tome distancia. Es que Cassia no ha dudado nunca en ser el reflejo de la “mano dura”, postura que toma con claridad en todos los debates y propuestas. Este es un modelo que no cuadra en el mundo actual de Celso Jaque. Y mucho menos en el mundo K: basta con recordar el triste destino que tuvo el experimento del demócrata Juan Carlos Aguinaga.

Más allá de los modelos que Ciurca tiene prohibido adoptar, y su personalidad populista, la política que desarrollará es un misterio. Ciurca no puede decir que llega a conducir la seguridad de Mendoza con un plan elaborado de antemano. Nadie que no se piense como futuro ministro se toma semejante trabajo, y el lasherino se enteró de que le tocaría este cargo hace pocas horas.

Los lineamientos de su proyecto se deben estar escribiendo por estas horas en borradores, mientras, a la vez, se largan los nombres de los posibles miembros de su futuro gabinete de funcionarios. Hay quienes apuntan que ese listado revelará cómo será la gestión del nuevo ministro. Aunque sea lo más probable, no sería saludable que le impongan los nombres de las personas que lo acompañarán los intendentes del PJ o el gobernador Jaque. Lo más sano sería que el justicialista elija, con cierto nivel de libertad, las personas con las que quiere trabajar.

El suspenso se extenderá, dice la mayoría, hasta el lunes, día en que asumirá formalmente el cargo de ministro.

La sombra peligrosa de la Bicameral de Seguridad

La Bicameral de Seguridad, ese órgano que hace un tiempo presidió en la Legislatura, podría convertirse en un futuro cercano en una sombra incómoda para Ciurca.

Casi desactivada por el fenómeno Rico (varios miembros se fueron de la comisión en rechazo a la permanencia del comisario retirado, vinculado por muchos con la dictadura, en la plantilla de funcionarios), ahora prometen que la Bicameral renacerá como firme órgano de control de la Policía y sus conductores políticos.

Sus autoridades, casi con certeza, van a cambiar el mes que viene. Y hay muchos que ya están apostando a que el cargo de presidente quedará en manos de un férreo opositor.

Volverán a sus filas Alejandra Naman, Ricardo Puga y Néstor Piedrafita, voces importantes del firmamento opositor que hace poco escaparon de la Bicameral para no quedar pegados a la suerte del comisario Rico.

Y el panorama de preocupaciones se completa con la presencia en la comisión de control de Daniel Cassia, ese peronista despreciado e ignorado por la cúpula jaquista a la hora de los puestos importantes, a pesar de ser referente partidario de la lucha contra el delito.

¿Cassia puede convertirse en esta etapa en un rival más de Ciurca y del PJ, a quienes no les van a faltar detractores? Nadie se anima por estas horas a descartarlo.