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"La idiosincrasia local en medio de los grandes acontecimientos nacionales"

Diferentes opiniones sobre la forma de actuar de los mendocinos en situaciones clave para el país como fue esta última semana la crisis entre el gobierno y el campo.  Falta de compromiso, pasividad, conservadurismo o la comodidad de pensar que desde acá no podrá cambiarse nada, son algunas de las conclusiones de los especialistas.

“El mendocino es una persona muy informada, pero también es muy conservador y le cuesta relacionarse”. Ese la síntesis de la idiosincrasia local desde la perspectiva de la psicóloga Norma Wainerman, quien vive en Mendoza desde hace tres años y tiene una visión particular sobre quienes viven en la tierra del sol y del buen vino.

A partir de los hechos del martes pasado, cuando en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires volvieron a recurrir a las cacerolas para reclamar contra el gobierno nacional, se planteó el debate sobre la participación que tienen los mendocinos -como pueblo- en este tipo de acontecimientos.

Quizá, en porcentaje, el nivel de información de un mendocino con acceso a los principales medios de comunicación sea igual o mayor a la de un porteño tipo, que no duda en salir a la calle a manifestarse, aun a riesgo de no saber cuál es el quid de la cuestión.

Esa es la principal diferencia entre los rioplatenses y los cuyanos. En nuestra provincia, las expresiones populares no son frecuentes. Y no por falta de compromiso, sino por la comodidad de pensar que, desde acá, es difícil cambiar el rumbo de la nación. 

“Es como que no se percibe esa capacidad para poder modificar algo. Quienes son activistas sociales, suelen conseguir la adhesión de mucha gente que está de acuerdo con ellos, pero es casi imposible llevarlos a una acción política”, explicó Claudia Anzorena, socióloga y miembro de la organización La Juan y las Otras.

Para Anzorena, “el mendocino no se involucra hasta que se ve afectado directamente”. Y recordó casos concretos en que los coprovincianos salieron a la calle a defender causas en las que creían necesario salir a ganar las calles, como las marchas en contra de la minería en San Carlos, el reclamo para evitar que militares estadounidenses llegaran a Mendoza con inmunidad democrática o, recientemente, la manifestación que convocó a más de cinco mil personas que pidieron la renunciar del actual subsecretario de Seguridad, Carlos Rico.

“Por eso no coincido con quienes dicen que Mendoza parece otro país. Es cierto hay ocasiones en que parece existir cierta apatía; pero en otras, existe una participación importante”, reflexionó Anzorena.

La psicóloga social Nilda Baustista cree que no se trata de una falta de compromiso local, sino que las mismas imágenes se repitieron en Capital Federal, pero no fueron advertidas por los medios.

“Estoy en el corazón de Buenos Aires. Y mientras en la Plaza de Mayo hay manifestaciones de todo tipo, a una cuadra de allí, el ritmo continúa siendo normal. Quizá en Mendoza las cosas se naturalizan mucho más rápido, y se crea que lo que se está viendo es algo normal”, advirtió.

Si bien tuvieron orígenes diferentes, tanto las protestas de diciembre de 2001 como las de esta semana mostraron la ambigüedad del pensamiento mendocino. Y la pasividad para salir a la calle a reclamar los derechos vulnerados contrastaron con el hecho de haber sido la primera provincia donde comenzaron los saqueos o las amenazas de saqueos.