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Kirchner vs. Cobos: se anticipó la batalla por la sucesión presidencial

El acto peronista de La Plata dejó en claro que Néstor Kirchner eligió a Julio Cobos como contrincante para las elecciones presidenciales de 2011. Mientras el mendocino resiste en el cargo de vicepresidente de un gobierno que lo odia, el ex presidente decidió que se agotó el tiempo de Cobos en el gobierno.
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El vicepresidente Julio Cobos quiere ser presidente en 2011 y Néstor Kirchner, si bien parece que jamás abandonó el poder, posiblemente intente volver a la formalidad del cargo, sucediendo a su esposa Cristina.

El martes, Kirchner presidió un acto en la ciudad de La Plata durante el transcurso del cual pretendió relanzar el espacio político que creó junto con el mendocino y que llamaron Concertación Plural.

El ex presidente y jefe del PJ cargó como nunca antes lo había hecho contra el vicepresidente.

Julio Cobos se ha despegado de la presidenta Cristina Fernández en las encuestas de opinión, en su beneficio. Kirchner entiende que hay que “bajarlo” ya, cuando la oposición aun está desarticulada y la figura del ex gobernador mendocino no cuaja en las fórmulas aliancistas en danza. “Hay que hacerlo ahora, antes de que sea indomable”, parece ser el lema convocante del peronismo.

Pero además, la virulencia discursiva que se había aplacado tras la apabullante marcha del campo en Palermo volvió a vibrar. Kirchner sabe que es él quien debe una explicación a propios y extraños: nunca aclaró ni desmintió la versión que indicaba que, tras perder la votación en el Senado por la resolución 125, le dijo a su mujer que debían abandonar la presidencia.

La reacción

En un primer momento, el entorno cobista decidió que saldrían a responder las duras apreciaciones dos de sus espadas principales: el ex gobernador de Río Negro, Pablo Verani y el diputado marplatense Daniel Katz.

Sin embargo, cuando la tarde promediaba, fue el propio Cobos quien decidió hablar. Y lo que dijo no fue menor. A la acusación de que funciona “como una máquina de impedir”, el mendocino respondió que lo único que impidió fue la caída del gobierno.

Algunos de los “radicales K” fundadores, como el rionegrino Miguel Saiz y el santiagueño Gerardo Zamora, permanecen cercanos al gobierno, confirmando la regla –tantas veces negada por Cobos- que indicaba que los radicales que estaban en puestos de gobierno se veían compelidos a pactar con los Kirchner para poder sobrevivir.

El ex presidente fue extremadamente duro con Cobos.

En el acto platense, Kirchner decidió que Cobos es su enemigo y su contrincante, anticipando en tres años la batalla.

Por eso, la jornada se convirtió en una bisagra política para los ex aliados que se odian.

Uno, se lanzó al ruedo tempranamente, definiendo amigos y enemigos durante un discurso en el que hasta se tuteó con Evita y pronunciado con los mismos bríos con que combatió al campo durante la discusión por las retenciones a la renta agraria.

El otro, comprendió que los tiempos de tomar una decisión trascendental se acortan.

Cobos tenía en carpeta resistir en el cargo hasta que ya no se pudiera respirar más. Claro que, en sus cálculos, estaba demorar la mayor cantidad de tiempo posible el momento de su ya inevitable renuncia, para seguir cosechando los réditos de ser la contracara del gobierno y el principal destinatario del rosario K de reproches. Todo esto, lo mantendría en la cresta de la ola durante el tiempo suficiente como para afrontar una campaña electoral.

Pero Kirchner es el dueño de los tiempos. Y ha decidido que el tiempo de Cobos terminó.