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El manual de los errores evitables

La Legislatura se ha dejado tragar por una grave polémica debido al salvataje político de una jueza cuestionada. El Gobierno ha quedado manchado por los excesos de su director de Juventud. "Ser y parecer" sigue siendo la solución para mejorar la imagen de los dos poderes, pero pocos entienden este viejo consejo.

La semana nos deja como saldo, por lo menos, dos ejemplos de cómo no hacer bien las cosas. Dos manuales de errores evitables. Uno en la Legislatura, el otro en la Casa de Gobierno. Dos de los tres poderes en los que descansa nada menos que la institucionalidad de la provincia.

La notable polémica que se generó en la Legislatura tras la desestimación del jury a la jueza de Familia de Tunuyán, Susana Barrigón, representa el hecho más grave de los dos. Hace más de una semana que la Legislatura es sacudida por el fantasma del arreglo político, en este caso, según las sospechas, para salvar del juicio de destitución a la jueza que instruyó la causa por la muerte de un tunuyanino (Teodoro Calisaya), en la que estaba involucrado nada menos que el sobrino de una diputada nacional: la justicialista Patricia Fadel.

La denuncia pide excluir de la Cámara Alta al senador radical Miguel Manzano, miembro del Consejo de la Magistratura, quien votó a favor de la jueza. ¿Por qué se lo cuestiona? Por tener una relación laboral (es su empleado) con el marido de la jueza.

Esta sospecha ha despertado otras, muy graves, como la avivada en los últimos días por el senador demócrata Aldo Giordano, quien muy suelto de cuerpo dijo esta semana que era “vox populi” que hubo llamados “de Buenos Aires” para salvar a la magistrada, antes de la votación. Para colmo de males, todos los votos a favor de Barrigón vinieron de parte de los legisladores: los magistrados, gente de “su palo”, votaron en contra. Además, han quedado a la vista groseros errores de organización en la Magistratura, como el hecho de que existan legisladores que no asistieron a la votación porque no les avisaron en tiempo y forma.

La única reacción legislativa frente al pedido de exclusión de Manzano ha sido el envío de este reclamo a una comisión. Desde las épocas del general Perón, que las comisiones no tienen buen prestigio: se las conoce como ámbitos que sólo sirven para animar discusiones que usualmente terminan en la nada.

Este es el panorama, brevemente reseñado. Una película de terror, donde todas las especulaciones negativas tienen cabida. ¿Por qué el senador Manzano no se excluyó del Jury? ¿De quién provenían las extrañas llamadas de Buenos Aires que denunció, a medias, Giordano; por qué no aclaró el legislador de quién se trata? ¿Por qué los legisladores del PJ y la UCR coincidieron en salvar a una jueza del Jury, cuando los propios jueces habían opinado lo contrario?

¿Alguien se pone a pensar en la opinión que tiene el ciudadano al ver semejante espectáculo? Si varios legisladores involucrados en la polémica no hubieran actuado de manera abiertamente sospechosa, si incorporaran un mínimo de transparencia en sus procederes, la imagen podría ser otra. Y en la Legislatura, hace tiempo que se debería haber comenzado a remar para que cambie la percepción que la gente tiene de este poder.

El profundo entramado familiar y afectivo que existe entre miembros de la Legislatura y el Poder Judicial es otro tema a solucionar. Deben saber los legisladores y los jueces que cargan con ese estigma. No puede quedar la sensación de que, llegado el momento, todo se puede arreglar, porque al final “todo queda en familia”.

“Ser y parecer”, asoma como solución. Para que cambie algo. Para que alguien vuelva a creer en esta institución.

Por ejemplo, ya no se tolera más que los legisladores no encaren la reforma del viejo sistema de aprobación de pliegos de jueces y determinados funcionarios, que se hace en secreto, a través de bolillas blancas y negras. Lo que es, en realidad, en muchos casos, un sistema de juicios y castigos, anónimo, determinante.

En la Legislatura se acumulan los proyectos de reforma constitucional (ya hay dos en espera para el año próximo). ¿Cuándo será el turno de encarar una para dejar atrás el perverso sistema de bolillas?

El caso Guirín

A cuadras de la Legislatura, en la Casa de Gobierno, anoche se estuvo discutiendo hasta tarde qué hacer con un funcionario que tampoco hizo mucho por cuidar su imagen y fortalecer la de la institución que representa (Poder Ejecutivo).

Ariel Guirín, director provincial de Juventud y jefe del Programa de Diversión Nocturna, fue a bailar el domingo con unos amigos y no tuvo empacho en trenzarse de madrugada con los propios dueños del boliche, a quienes tiene la misión de controlar. Lo echaron los patovicas del lugar. Y afuera, uno de los miembros de su grupo terminó a las piñas con la Policía. En términos de ficción, casi un Pomelo, el hilarante personaje de Diego Capusotto en la TV. Todo esto fue revelado en exclusiva por MDZ.

Dicen que la pelea se originó por el pedido tardío de bebidas alcohólicas por parte del funcionario. El empresario se negó, porque la ley de Boliches no permite dar tragos después de las 4,30. ¿El mundo del revés?

Guirín desmintió casi todas las denuncias en su contra, pero a la vez puso ayer en la tarde su renuncia a disposición de su superiora, la ministra de Desarrollo Social, Silvia Ruggeri. Ahora resta esperar que el gobierno de Jaque tome la decisión de aceptarla o no. Y se sabe que los tiempos de decisión de este gobierno son muy largos: el Gobierno de Mendoza carece de ministro de Gobierno desde hace 15 días, ya que el gobernador Jaque no atina a quién poner en lugar de Juan Marchena.

Lo cierto es que Guirín, más o menos culpable, le hizo un flaco favor a su gobierno cuando ostentó de su cargo en un boliche y no tomó prudente distancia de empresarios de la noche, ante quienes no suele costar demasiado demostrar virtud. Con muchos menos gestos ampulosos, sin levantar un dedo amenazante, sin tirarle la credencial en la cara a nadie, le hubiera alcanzado para marcar autoridad, en el caso de que esto haya sido necesario o justo en el episodio en cuestión.

Por otro lado, tampoco favoreció a la Legislatura y a la UCR que Manzano no se excusara de votar en el jury de la jueza Barrigón, a la cual, por diversas cuestiones (entre ellas, la geográfica, ya que ambos son de Tunuyán) se encuentra indudablemente relacionado.

La solución a los problemas que afectan la institucionalidad de la provincia no requiere clarividencia de los dirigentes, en la mayoría de los casos. Pide a los gritos una cuota saludable de sentido común. ¿Es tan difícil de entender?