La ruta invisible: el tramo de Chile donde camionetas robadas a mendocinos viajan sin control
Entre la zona central y el norte se consolidó un corredor interno que explica por qué las bandas logran sacar camionetas robadas.
El control de Carabineros sobre la ruta en Valparaíso.
X @CrabdeChileEl robo de camionetas a turistas Mendocinos en Chile dejó de ser una sucesión de episodios aislados para convertirse en una señal cada vez más clara de un problema estructural. La reciente detención en Calama (en el norte chileno), de una banda dedicada al tráfico internacional de vehículos, que operaba sacando autos robados por el desierto rumbo a Bolivia, volvió a poner en escena una pregunta clave: cómo logran estos vehículos recorrer cientos de kilómetros dentro de Chile sin ser detectados.
El operativo desarrollado en Calama permitió desarticular una organización criminal que operaba de forma estructurada y transnacional. La investigación derivó en la detención de 16 personas, todas mayores de edad y chilenas, y en la recuperación de un patrimonio estimado en $600 millones de pesos chilenos. Según los antecedentes judiciales, la banda está vinculada a al menos 30 hechos acreditados de robo de vehículos, cometidos entre julio y diciembre de 2025.
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La respuesta a la pregunta de cómo logran su objetivo estos delincuentes no está únicamente en la frontera ni en los pasos ilegales del norte. El verdadero punto crítico aparece mucho antes, en una extensa franja territorial que va desde la zona central -Santiago, Viña del Mar, Reñaca- hasta las regiones del norte, donde los autos robados circulan durante días con controles intermitentes o directamente inexistentes. Es allí donde se consolida lo que especialistas en seguridad ya vienen advirtiendo: una brecha en el control interno del territorio que termina funcionando como una verdadera “zona liberada” para el tráfico de vehículos.
Los robos a mendocinos
Los casos que involucraron a familias mendocinas ayudan a ilustrar con crudeza ese vacío. Camionetas robadas en zonas turísticas del centro chileno aparecieron días después en Coquimbo o en Atacama, a más de 400 kilómetros del lugar del hecho, con patentes falsas chilenas y rumbo definido hacia el norte.
Ese patrón coincide con lo que describen investigadores y expertos en seguridad: el principal incentivo para este tipo de delitos no es la debilidad puntual de una frontera, sino la posibilidad de atravesar gran parte del país sin una fiscalización sostenida del traslado de vehículos robados. La rapidez del movimiento, el uso de documentación adulterada y la demora en la activación de alertas juegan a favor de organizaciones que no improvisan, sino que operan con logística aceitada y rutas bien definidas.
La detención de la banda en el norte, lejos de cerrar el problema, lo expone en toda su dimensión. El desierto de Atacama y la frontera con Bolivia son apenas el último eslabón de una cadena que comienza mucho más al sur, en ciudades densamente pobladas y zonas turísticas altamente transitadas. Para cuando los vehículos llegan a esa instancia, el mayor riesgo ya fue superado.
En ese contexto, los mendocinos aparecen como víctimas visibles de un sistema que también afecta a ciudadanos chilenos. Las camionetas robadas a turistas argentinos siguen el mismo recorrido que las sustraídas a residentes locales, utilizando el mismo corredor interno y aprovechando las mismas fallas de control. La diferencia es que los casos de extranjeros logran mayor exposición pública y terminan por desnudar una problemática que trasciende fronteras. Por ejemplo, una camioneta robada a una familia mendocina fue encontrada hace algunas semanas cuando iba rumbo al norte a la altura de Coquimbo. En 2025 un vehículo robado a otra familia mendocina en Reñaca tuvo un accidente cuando ya estaba en el Desierto de Atacama.
Zona liberada
Así, más que una seguidilla de robos, lo que se consolida es una evidencia incómoda: entre Santiago y el norte de Chile existe un extenso territorio donde el delito encuentra condiciones favorables para avanzar sin obstáculos reales. Mientras ese tramo siga funcionando como un vacío operativo, las bandas seguirán teniendo razones para robar, mover y hacer desaparecer vehículos antes de que el sistema logre reaccionar.
A ese diagnóstico se suman las advertencias formuladas por especialistas en seguridad en diálogo con Radio Bío Bío, quienes coincidieron en que el foco del problema no está únicamente en los pasos fronterizos, sino en la falta de control efectivo del tránsito interno. Según señalaron, los vehículos robados logran recorrer varias regiones del país antes de que los sistemas de búsqueda y alerta alcancen un nivel operativo pleno, lo que deja una ventana de tiempo crítica que es aprovechada por las organizaciones criminales.
En ese sentido, uno de los expertos consultados por la emisora remarcó que la fiscalización del traslado de autos robados desde la zona central hacia la macrozona norte sigue siendo una de las principales brechas del sistema, incluso después de la implementación de planes de refuerzo fronterizo. A su juicio, mientras no exista una estrategia sostenida sobre rutas, corredores viales y controles inteligentes en el interior del país, las bandas seguirán teniendo margen para operar con relativa previsibilidad.
El especialista Pedro Valdivia, entrevistado por Radio Bío Bío fue aún más explícito al advertir que ningún esquema de control fronterizo puede ser efectivo si antes no se interrumpe el desplazamiento interno de los vehículos robados, ya que para cuando llegan al norte el circuito ilegal está prácticamente consolidado. Esa situación -indicó- explica por qué muchas investigaciones terminan con detenciones en el extremo norte del país, pero con los robos ocurriendo cientos de kilómetros más al sur.
Las declaraciones refuerzan así una misma conclusión: el robo de camionetas a mendocinos y a chilenos no se explica por fallas aisladas, sino por un vacío territorial prolongado que permite que el delito avance sin fricción durante gran parte del trayecto. La caída de la banda que cruzaba autos por el desierto expone el final del recorrido, pero deja al descubierto que el problema central sigue estando en el largo camino previo que hoy permanece, en los hechos, débilmente controlado.



