Expediente Gil Pereg: un crimen doble que tuvo como protagonistas a un asesino especial y una perra que rastreó el horror bajo el cemento
Se vive actualmente en la era de los therians, pero ¿sabías que en Mendoza ya existía un hombre que se percibía gato? El caso de Gil Pereg va más allá de la curiosidad, el crimen, el dolor y la violencia. Los datos en esta nota de MDZ.
Gil Pereg posando a pocos metros del lugar donde fueron encontrados los cuerpos de las dos mujeres. / Alf Ponce Mercado - Télam
Alf Ponce Mercado / Archivo TELAMLos therians son aquellas personas que se perciben como algún animal en particular y, aunque parezca toda una novedad en el mundo, hace varios años se dio a conocer un caso especial en Mendoza. Gilad Pereg, mejor conocido como Gil Pereg, fue condenado a prisión por la muerte de su madre y una de sus tías; sin embargo, lo llamativo del caso fue más allá del ensañamiento atípico de un criminal con sus víctimas, sino que el foco se puso en su mente.
Este trabajo de investigación fue realizado por MDZ en conjunto con el grupo Evidentia formado por María de los Ángeles Videla, María Victoria Gaviola, Martina Guadalupe Lostes y Valentina González, especialistas en criminalística y siniestrología vial, con el apoyo multimedial de Milagros Lostes.
-
Te puede interesar
Un crimen de horror y las impericias que dejaron libre a los asesinos
La historia de un asesino particular
Para el año 2007, Pereg comenzaba una nueva etapa de su vida al llegar a Argentina tras un extenso viaje desde Israel, tierras donde nació en 1981. Poca información se tiene respecto a su personalidad, los caminos que quería seguir en el nuevo país y los deseos que quería concretar porque todo se vio trunco en 2019 cuando llenó sus manos de sangre al matar a su madre Pyrhia Saroussy (63) y su tia Lily Pereg (54).
Antes de la gran investigación que dio a conocer los detalles del asesinato de estas dos mujeres, Gil Pereg realizó una denuncia por desaparición ya que, según su testimonio, no las volvió a ver luego de que se fueran de su casa en dirección al centro de la provincia. Aproximadamente durante 14 días, medios locales de todo tipo se acercaron al predio donde se encontraba la casa de este hombre israelí en Guaymallén para poder tomar su palabra.
-
Te puede interesar
Los primeros asesinos seriales de Argentina fueron los mendocinos Leonelli
Frente a la insistencia de los medios de comunicación, el hombre brindó entrevistas y se mostró preocupado por la falta de información del paradero de sus familiares, razón por la cual también atacó y criticó constantemente el accionar policial. Sin embargo, toda su situación de vulnerabilidad cambió cuando se realizaron los pertinentes rastrillajes en el terreno donde vivía; la adiestradora Ayelén Castro y la perra ovejero alemán que llevaba el nombre Ruca fueron claves en estos pertinentes ya que encontraron rastros de las víctimas en una remera y una bolsa de cemento, así en el fondo del baldío y a dos metros de profundidad, se encontraron los cuerpos de las dos mujeres atravesados y empalados con hierros de construcción.
Los trabajos forenses dieron concretos resultados esclareciendo el terrible caso criminal. Pyrhia, la madre del asesino, murió por estrangulamiento y Lily, la tía, recibió tres disparos con un arma calibre 38 en la zona del tronco. Por estas muertes, el israelí fue sentenciado a prisión perpetua por homicidio agravado por el vínculo (respecto a su madre) y homicidio agravado por el uso de arma de fuego (respecto a su tía).
El hombre gato que Mendoza no olvidará jamás
La forma de ser que Pereg expresó durante los juicios no pasó desapercibida y fue noticia en miles de portales del mundo entero. Este hombre se creía gato y así se mostró en un sinfín de situaciones como en aquellas jornadas de juicio donde lo expulsaron por maullar constantemente en la sala, acostarse en el piso e incluso orinar frente a jueces y jurados.
Esta condición mental del acusado y luego imputado fue importante en la decisión de su condena. Por un lado, la defensa lo consideró inconsciente de la gravedad de los hechos cometidos porque tenía sus facultades mentales alteradas; por otro, la Fiscalía y abogadas de las víctimas fallecidas aseguraron que se encontraba en pleno uso de sus facultades.
Tras la detención inmediata de Gilad Pereg y su posterior condena, vivió algunos meses en un pabellón común y corriente del penal de San Felipe de Mendoza. Sin embargo, su comportamiento no fue el mejor: se negaba a usar vestimenta, no se bañaba, maullaba constantemente, orinaba y defecaba en cualquier rincón. Con estos motivos y sumado al pedido de su defensa, Pereg fue trasladado al Hospital El Sauce donde vivió varios meses más de su condena hasta que falleció tras una descompensación el 7 de julio de 2024.
Ruca, el apoyo clave para el caso Gil Pereg
La intervención de Ruca, una perra ovejero alemán del Cuerpo de Adiestramiento Canino de Mendoza, resultó el factor determinante para desmoronar la coartada armada por Gilad Pereg. Mientras el israelí simulaba preocupación y las cámaras de seguridad no ofrecían indicios claros, la adiestradora de Ruca relató que el animal logró marcar con insistencia los puntos clave del predio incluso cuando él intentó obstaculizar las tareas de rastreo iniciales.
El trabajo de búsqueda culminó con éxito gracias a la técnica especializada de Ruca, quien guió a los investigadores hacia una habitación al fondo de la propiedad. Tras realizar orificios en la tierra para potenciar la llegada del olor a su hocico, la perra señaló con precisión el sitio exacto donde se encontraban los restos: las autoridades excavaron a 90 centímetros de profundidad y hallaron los cuerpos enterrados bajo cemento y piedras.
Ruca llegó a este caso con una trayectoria impecable, siendo la primera can de Mendoza en obtener certificaciones nacionales e internacionales para la búsqueda de restos humanos en tierra y agua. A lo largo de sus diez años de servicio, su agudo olfato permitió resolver otros crímenes complejos antes de su retiro con honores en 2021.