El secreto de sus ojos y el caso Agostina Vega: el peligro que nadie logró contener
La ficción suele conmovernos porque nos permite imaginar lo que nunca vivimos. Pero algunas historias permanecen vigentes por otra razón: reflejan problemas que siguen presentes en la realidad.
El caso Agostina pertenece a otra época y, hasta el momento, no existen elementos que permitan hablar de un encubrimiento político del crimen.
Alerta SofíaDiecisiete años después de su estreno, El secreto de sus ojos continúa siendo una de las películas más impactantes del cine argentino. No solo por la brutalidad del crimen que investiga Benjamín Espósito, sino porque retrata una situación que sigue repitiéndose: instituciones que conocen una amenaza, identifican señales de alerta y, aun así, no logran impedir que conserve capacidad de daño. El femicidio de Agostina Vega en Córdoba vuelve a colocar esa realidad en primer plano.
El agresor no surge de la nada
La similitud entre ambos casos no está en las circunstancias del crimen ni en el contexto histórico. Se encuentra en un aspecto más profundo: ninguno de los agresores apareció de manera sorpresiva. En El secreto de sus ojos, Isidoro Gómez es identificado, detenido y condenado por la violación y el asesinato de Liliana Colotto. Las instituciones saben quién es, conocen sus antecedentes y comprenden el peligro que representa. Sin embargo, recupera la libertad y vuelve a desenvolverse dentro de una estructura que le permite seguir actuando.
En el caso Agostina, Claudio Barrelier tampoco era un desconocido para las instituciones. En 2025 había sido detenido por privación ilegítima de la libertad tras un episodio grave en el que una joven logró escapar de su vivienda semidesnuda y maniatada. A pesar de esos antecedentes, recuperó la libertad y continuó desempeñándose como becario municipal. Se trata de hechos distintos y de contextos diferentes. La película transcurre en la Argentina atravesada por la violencia política de los años setenta. El caso Agostina pertenece a otra época y, hasta el momento, no existen elementos que permitan hablar de un encubrimiento político del crimen. Sin embargo, ambos exponen una misma falla estructural: el sistema enfrenta señales de peligro suficientemente claras y no consigue contenerlas de manera efectiva.
La impunidad antes del crimen
Cuando se habla de impunidad, casi siempre pensamos en lo que ocurre después del delito. Sin embargo, existe otra forma de impunidad que suele pasar inadvertida: la que se construye antes del hecho, cuando las señales de alerta se acumulan, los antecedentes se conocen y, aun así, nada cambia de manera suficiente para reducir el peligro. Tal vez por eso El secreto de sus ojos sigue provocando tanto impacto. La indignación del espectador no surge solo por el crimen, sino por lo que ocurre después. Isidoro Gómez ya ha sido identificado y condenado cuando el poder político decide reincorporarlo a una estructura de protección.
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El caso Agostina genera una sensación similar
Más allá de las responsabilidades penales que determine la Justicia, permanece un interrogante inevitable: ¿qué mecanismos fallaron para que una persona con antecedentes tan preocupantes siguiera acumulando oportunidades para causar daño? No se trata solamente de analizar al autor del hecho. También implica observar las vulnerabilidades que permanecieron activas a pesar de las advertencias existentes. Allí suele encontrarse una parte importante de la explicación de por qué ciertos riesgos evolucionan hasta convertirse en tragedias.
Lo que realmente no envejece
Esa es, probablemente, la razón por la que El secreto de sus ojos mantiene su vigencia casi dos décadas después. No solo narra la historia de un asesino. También retrata una debilidad institucional que atraviesa épocas, gobiernos y contextos sociales. Tanto en la ficción como en la realidad, el desafío no consiste únicamente en detectar señales de peligro. La verdadera prueba comienza después: convertir esa información en decisiones capaces de reducir vulnerabilidades antes de que el daño ocurra.
A veces la tragedia no comienza el día del crimen. A veces empieza mucho antes, cuando el peligro ya está a la vista y nadie consigue detenerlo.
* Eduardo Muñoz. Criminólogo. Creador del Teorema de la Omisión Preventiva. Autor de La doble cara del gol (2026), un análisis criminológico del fútbol y el poder.
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