Pagó con tarjeta pero el mozo se la robó y gastó $80.000 en ropa

Pagó con tarjeta pero el mozo se la robó y gastó $80.000 en ropa

Un hombre quiso pagar la cuenta de un almuerzo con tarjeta, pero el mozo se la robó y se gastó $80.000 en compras. Ocurrió en Comodoro Rivadavia (Chubut), donde -como en tantos lugares de Argentina- cada vez cuesta más confiar en la persona que uno tiene al lado.

Facundo García

Facundo García

En Comodoro Rivadavia un hombre acaba de pagar el almuerzo más caro de su vida. El viernes le dio la tarjeta de crédito al mozo tras haber consumido en un restaurante y después se fue. A las 17:30 empezó a recibir notificaciones de Mercado Pago, una atrás de otra. Y se dio cuenta de que nunca le habían devuelto la tarjeta: alguien estaba comprando sin parar. Entonces salió a recorrer los comercios de la ciudad para ver si daba con el ladrón.

Al mismo tiempo, y con todo el brío de sus 28 años, el mozo se tarjeteaba la vida por los negocios de una calle que se llama San Martín. Consumió $16.050 en un lugar de ropa infantil y otros $62.300 en un negocio de ropa para adultos.

Desesperado, el comensal lo buscaba local por local, tras haber dado de baja el plástico. Seguía el rastro que le tiraban las notificaciones. Y mientras estaba preguntando en un sitio, vio que ingresaba por la puerta el mozo con varias bolsas: venía a cambiar uno de los productos que había comprado porque no le convencía

¿Creer o reventar?

Imposible referirse al caso sin recordar que -de acuerdo al mito fundacional- las tarjetas de crédito nacieron justamente en un restaurante. La historia va más o menos así: el empresario Frank McNamara había ido a cenar con amigos y se dio cuenta de que no había llevado la billetera. Entonces se le ocurrió que podía firmar una tarjeta en la que juraba que pagaría después.

Y así nació el Diners` Club, "el club de los cenadores". En un principio los usuarios del sistema fueron 200, con 27 restaurantes que aceptaban el método. Según apunta la revista Business Insider,  el primer año terminó que 20.000 socios. Al año siguiente, la empresa ya se había extendido por Canadá, Francia y Cuba. Luego apareció la competencia, American Express.

Crédito viene de creer. Término problemático en estas épocas de fe lastimada ¿Quién puede decirnos en qué o en quién creer? ¿Cómo creer a alguien en un sistema que premia a los psicópatas? Por último: si los bancos no le permiten a una persona tener una tarjeta, ¿significa que no es de confiar, que no vale la pena creer en ella? 

Hay un texto muy cortito de Antonio Di Benedetto que habla justamente de lo peligroso que depositar en otros lo que uno cree sobre el mundo, sea obedeciendo al pie de la letra lo que dice una iglesia, un banco, un youtuber o un partido político. Son apenas cuatro líneas:

"El gato de la casa tenía cara de bagre.

Se lo decían, le hacían la broma de que lo iban a meter en una pecera.

Él acogió la ocurrencia con una vanidad exagerada. Y se puso a presumir de bagre.

Otro gato se lo comió".

(Antonio Di Benedetto, "Falta de vocación", 1957).

"Otro gato se lo comió" (foto: Pixabay).

Creen que es culpable

Volviendo a Comodoro: al encontrarse cara a cara con el dueño de la tarjeta en el mismo local, el mozo salió corriendo

Policías de la Seccional 1ª se unieron a la persecución. En la huida, el fugitivo soltó una bolsa en la que había un jean y una campera. Quiso, tal vez, alcanzar la Renault Kangoo en la que se manejaba y donde había cargado el resto de la mercadería.  

Quedó preso en la Comisaría Séptima. Pero antes tuvo que entregar la tarjeta de crédito. Los puchos que fumó en la celda, si es que fuma, tuvo que pagarlos en cash.

  • ¿Aportes? ¿Otra perspectiva? Puede escribir a fgarcia@mdzol.com

 

 

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