Juicio a Gil Pereg: su infancia, el sexo con felinos y la "raza superior"

Juicio a Gil Pereg: su infancia, el sexo con felinos y la "raza superior"

La psicóloga que trata al acusado desde hace un año en el Hospital El Sauce relató lo que le ha contado el paciente acerca de su vida. La forma en qué ve el mundo, la ilusión de crear una raza superior y el "gato fantasma" que lo protege ¿Delirio, simulación o verdad?

Facundo García

Facundo García

fgarcia@mdzol.com

La profesional que atiende a Nicolás Gil Pereg en el hospital psiquiátrico El Sauce repasó la bizarra autobiografía que le contó el acusado; y al oírla seguramente hubo más de un miembro del jurado que quedó con los ojos como platos. Fue al promediar la mañana de este lunes, entre la fila de testigos citados por la defensa en el juicio que terminará esta semana.

Habló de alucinaciones, gatos fantasmas y sexo con animales. La psicóloga Jimena Rivas reveló que tiene vínculo terapéutico con el imputado de lunes a viernes, dos horas diarias, desde hace un año. "Él padece un trastorno delirante crónico, lo que en otra época se llamaba parafrenia. Son dolencias que están en el grupo de las psicosis, e incluyen un delirio sistematizado", definió.

La especialista recordó que Pereg ingresó al centro de salud el 12 de junio de 2020 y tuvo varias entradas y salidas, aunque ella comenzó a atenderlo en octubre de ese año. "En una de esas oportunidades llegó de la penitenciaría porque allá le habían quebrado la muñeca después de intentar limpiarlo a él o a su celda con una hidrolavadora", recordó. "Y repetía que si volvía al penal iba a matarse, por lo que se decidió que reunía criterios de internación".

Pereg hace más de una década, a poco de llegar a Mendoza.

Infancia y juventud

La psicóloga trajo más detalles de lo que Pereg le fue narrando a lo largo de las numerosas entrevistas que mantuvo con él. "Su desarrollo infantil no fue normal. A los 8 años estaba encerrado, solamente estudiaba y sólo confiaba en sus abuelos maternos y su mamá. Luego, a los 12, él leía un libro y chequeaba varias veces para ver si había comprendido. Ya eran rasgos obsesivos, acompañados con una falta de integración social. Dice que dormía en la habitación de su mamá, y registraba a sus abuelos, pero no consideraba que tuviera hermanos".

Aparentemente, Pereg mantuvo un lazo complejo con el mundo académico. "En primaria, cuando iba a cuarto grado, lo adelantaron un año (por su inteligencia). Contó que fue mejor promedio en la primaria, pasó por el secundario y cuando entró a la universidad refiere que veía cómo los demás podían vincularse y él no. Empieza a darse cuenta de que la gente usaba ropa, y sentía que tenía 'una grieta en la cabeza'".

El ejército

Rivas siguió eslabonando las etapas que le puntualizó Pereg durante el tratamiento. "En la universidad estuvo 7 años. Salió con 23, como ingeniero y doctor en Ingeniería. Entonces ingresa al ejército y ahí, según sus propias palabas, 'le explotó la cabeza'". 

"Cazaba ratones y salía a la calle desnudo"

A esa instancia la psicóloga le llamó "quiebre". "Es cuando él cambia. Se quedó ocho meses adentro de una habitación porque él había estudiado Ingeniería para seguir los pasos de su abuelo, que también era ingeniero. Y dice que había hecho un gran esfuerzo para adaptarse a la sociedad pero ahí ya entra en otra etapa. De repente apareció un gato en su ventana y él le atribuyó un mensaje: que podía seguir viviendo como un felino y separarse de la Humanidad". 

Cuando falleció el abuelo, según le relató Pereg a Rivas, ya no le importó tanto adaptarse al entorno. "Cazaba ratones y salía a la calle desnudo. Empezó a entrar y salir de distintas internaciones", resaltó la profesional.

Pereg fue retirado de la sala al inicio del juicio, ya que "maullaba" a los gritos.

La "raza superior"

La psicóloga rescató otra idea repetida en el relato de Pereg: la ambición de crear una raza superior. Para ello, el paciente asegura -tal vez en su delirio- que "tuvo relaciones sexuales con su madre cinco veces", y que hasta recurrió a una clínica de fertilización asistida para poder reproducirse con ella. También confesó -aunque puede ser una alucinación o una mentira- que tuvo sexo con gatos.

"Esos son sus núcleos delirantes. Si uno los toca, él puede reaccionar de forma violenta. Ver un inodoro, por ejemplo, lo descompensa, porque cree que adentro hay unos seres que se llaman goonies y que atacan a los gatos. Y está convencido de que existe un felino grande que aparece, le da consejos y lo protege, el señor Badjus o Balthus. En su celda hay un olor insostenible: él cree que es lógico, que con eso sigue la Ley de la naturaleza. No es sencillo cortar su discurso, pero nunca me levantó el tono de voz ni intentó seducirme", resumió la testigo.

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