Argentina: el país en donde ganan los malos
Estamos indignados con los legisladores y funcionarios y el "dietazo" que aprovecharon a abrazar. ¿Por qué no hicieron un gesto de austeridad y rechazaron el aumento? Estamos indignados con los políticos que se llenan de asesores y que ponen a familiares en cargos del Estado. Estamos indignados con la actitud de Roberto Macho. Sí, es vergonzoso. Sí, está mal. Todos lo comentamos, todos lo condenamos.
Sin embargo, y con una mano en el corazón... ¿No intentamos, en la medida en que podamos, "tocar" a algún contacto cuando tenemos que hacer un trámite? ¿No cruzamos como peatones a veces la calle aunque el paso lo tengan los autos? ¿Al conducir, no pasamos rápido cuando el semáforo se pone en amarillo en vez de frenar el vehículo? ¿No hemos aceptado una "atención" o descuento -generalmente de algún impuesto que debemos pagar- con la condición de que no nos hagan factura?
Frente a esto, surge la pregunta: ¿Qué será lo que nos hace ser un pueblo más corrupto que otros?
En mi opinión, la respuesta es sencilla: cada quien recibe de la gente aquello que reconoce y premia, no aquello que condena y castiga.
En la Argentina estamos acostumbrados a felicitar a los "avivados". A aplaudir a los cancheros. Hay muchos que felicitan a quien tiene deudas impositivas y no las paga: "ya vendrá una moratoria", le dicen. "Seguro que te perdonan una parte", lo alientan. O aparece el consejo: "dibujá todo", o "facturá menos". Otro caso, por citar un ejemplo: los que se esmeran en encontrar algún "contacto" en la aduana para traer lo que necesitan, y después se regodean por ello.
Cuando alguien desarrolla un negocio que genera alguna ganancia siempre tiene que preguntarse si va a pagar los impuestos que corresponden. Y lamentablemente toda la gente que elige pagar recibe el mensaje de que en Argentina ser trabajador y ser honesto es sinónimo de ser un imbécil.
La Argentina y Mendoza castigan a quien hace las cosas bien. Nos cansamos de ver que los que reciben coimas, hacen negocios ilegales o evaden no van presos. Muchos de los emprendedores de mi generación toman nota de todo esto.
Si no cambiamos nuestra actitud en lo cotidiano, si no aprendemos que ser probo no es lo mismo que ser un tarado, si no dejamos de cometer e inculcar las típicas "avivadas", Argentina seguirá siendo el país donde siempre ganan los malos.


