Cornejo está a punto de hartarse de Pérez
Como Paco Pérez, el gobernador electo, Alfredo Cornejo, no tiene un carácter “fácil”, digamos. Sin embargo uno es explosivo y el otro no: espera la oportunidad para marcar con contundencia la cancha.
Este sábado el godoycruceño que tendrá que hacerse cargo del gobierno de Mendoza en diciembre, llegó a MDZ Radio, invitado por el programa “Tormenta de ideas”, con una planilla en la mano, subrayada en colores. Eran las cuentas que viene sacando en torno a la situación en la que se encuentra la provincia. “Nos decían que exagerábamos cuando en los debates de campaña decíamos lo mal que estábamos, pero resulta ahora que estamos peor y lo reconocen”, recriminó de entrada al gobierno en retirada tras su fracaso electoral. Cornejo subrayó que “creíamos que la deuda era de unos 3 mil millones y ahora resulta que reconocen más de 5 mil” y, con eso, dejó en claro que poco les cree a los informantes del gobierno que están actuando en la transición.
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Por ello, se mostró inquieto y preocupado. Reclamó sin filtro que “Pérez se sincere”, una forma sutil de decir “que Pérez no me mienta más, por favor”. ¿Por qué lo dijo? Es probable que se sienta como un ratón frente a un gato, pero en la paradójica situación de que en este caso, es el ratón el que pretende jugar con el gato. Cornejo ganó. La sociedad le sacó el poder de las manos al actual gobierno. Y así y todo, se niegan a entregarlo.
El intendente de Godoy Cruz, entonces, deja al descubierto de que no está resultando la transición. Sus intendentes viven situaciones diferentes según el municipio que les toque y así Daniel Orozco ya se sentó con Rubén Miranda, y Marcelino Iglesias ya dijo que “no me junto con delincuentes” y, por lo tanto, con eso justifica que no habla con Luis Lobos. Pero Cornejo invitó con un café en su casa a Paco Pérez el día después de las elecciones y de poco sirvió.
El que mandó realmente durante todos estos años en el Gobierno, Carlos Ciurca, está abocado a la campaña de Daniel Scioli. Y Pérez no conduce, grita, se exaspera, dilata, irrita hasta a sus colaboradores más leales. El resultante es que el equipo del gobierno entrante está a merced de un múltiple descalabro: Mendoza no solo está peor de lo que se creía en cuanto a su economía y sus finanzas, sino que el gobierno está deshecho y tiene en Pérez solo a un símbolo del poder que debería tener y que nunca tuvo y que, por cierto, no hay razones para que en el peor momento de su breve carrera política lo ostente.
Debido a ello, Cornejo no pudo seguir imitando el “modelo chileno” de institucionalidad, que tanto admira del que sacó la idea de invitar al mandatario saliente de tomar un café en su casa. No puede tener un “plan de metas” para los primeros 100 días de gobierno. De hecho, no hay presupuesto hoy porque le exige a Pérez que “se sincere” y éste sigue con su galimatías. Por eso, también tendrá que diseñar a tontas y a locas, con más muñeca que datos, el presupuesto provincial de Mendoza para el primer año de su gobierno.
¿Creerá Paco Pérez y el partido que preside que boicotear el buen funcionamiento de la provincia es un “triunfo” con la mira puesta en disparar tempranamente sobre la estabilidad del futuro gobierno? Si así fuera, sería no solo un objetivo de mediocres, sino que seguirían atentando contra una Mendoza que está en el suelo.
La gran pregunta que hay que hacer en este contexto es si queremos que ambos le tiendan una mano a la provincia para que pueda levantarse. Porque si es uno solo el que lo hace, por el gran peso de la crisis, se corre el riesgo de que todos terminen en el suelo.