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Opinión

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cristina kirchner

El catolicismo violado

Una reflexión sobre el polémico video en el que hay sexo entre el Papa y la presidenta Cristina.
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En la Argentina la libertad de culto está garantizada por el artículo 14 de la Constitución Nacional. El Estado, además, reconoce un carácter preeminente a la Iglesia Católica, que cuenta con un estatus jurídico diferenciado respecto al del resto de iglesias y confesiones.

Aplaudido por los creyentes y denostado por los agnósticos, lo cierto es que según la Constitución Argentina (artículo 2), el Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano, y según el Código Civil, es jurídicamente asimilable a un ente de derecho público no estatal. La Santa Sede y la Argentina tienen firmado un concordato que regula las relaciones entre el Estado y la Iglesia católica. Este régimen diferenciado, sin embargo, no implica elevar al catolicismo romano al estatus de religión oficial de la República.

Nuestra Constitución dice que cada habitante puede profesar libremente su culto. Por eso creo correcto que cuando alguien insulta a un judío o al judaísmo, sea cuestionado y tildado de antisemita. Además sabemos que si se ofende a un Ayatollah, en el mundo pueden suscitarse tremendos hechos de violencia. Pero cuando el agravio es hacia el catolicismo… ¿Qué pasa? Se mira hacia otro lado. El católico debe “aguantarse” el insulto.

Por supuesto, esto no se trata de avalar “guerras santas”, ni legitimar ataques ni el ejercicio de la violencia en nombre de una religión. Pero la pregunta es… ¿Por qué los medios de comunicación que condenan a un antisemita desubicado, o al que agrede a un musulmán, tratan con liviandad y sensacionalismo, dándole toda la atención posible, a un grupo de personas que atacan al líder máximo de la cristiandad, el Papa Francisco?

Estos supuestos músicos, los Rockadictos, ya avergonzaron al país hace unos años con un video totalmente desubicado denigrando a nuestra presidenta; que pese al color político, simpatía partidaria y opinión personal que cada quien tenga, merece respeto por ser la responsable primera de administrar el país. Y lo han vuelto a hacer, esta vez, ofendiendo también al Papa.

En cuanto a la presidenta Cristina Fernández, el maltrato es horroroso. Pero no como presidenta o como política, sino como mujer. La verdad estos tipos me producen un asco profundo. Violencia de género, degradación de la condición femenina, agresión a la mujer, mediatización del estereotipo de la mujer-objeto. Una banda de rock, que tiene seguramente seguidores… ¿No considera que con esto “educa” en la estigmatización de la mujer? El mensaje es ese: “ella es un pedazo de carne, que me sirve para satisfacerme”.

Pero la falta de respeto esta vez tiene otro destinatario: el Papa Francisco y el catolicismo. ¿Por qué tantos argentinos y tantos ciudadanos del mundo que profesan este credo deben soportar gratuitamente esta afrenta mientras los medios de comunicación y los gobiernos –los jueces- hacen caso omiso al dolor que sienten? ¿Por qué se valida esta burla?

Soy un amante del arte y del cine. Lo audiovisual me llama la atención poderosamente. Y no soy un experto, pero ya todos sabemos que pretender ser provocativo o transgresor en el siglo XXI por el solo hecho de putear en cámara, dibujar un culo o mostrar imágenes sexuales es tan básico, lineal, elemental y burdo que ni siquiera merece una reflexión.

Hay un “tema de siempre” para los medios, la comunicación y el periodismo: ¿dónde comienza y hasta dónde llega la privacidad de una persona pública? Algunos opinan que no existen fronteras. Que cuando sos un personaje público, todo debe ser visible. Era chico y recuerdo a los que enarbolaban esta teoría con el caso de Bill Clinton, el salón oval, Monica Lewinsky y la mar en coche, diría mi abuela.

Del otro lado está la posición opuesta: la privacidad es un derecho, y sobresale sobre cualquier decisión de un editor de turno. Debe respetarse sin miramientos.

En lo personal, creo que hay una especie de “zona gris” en la que los comunicadores debemos movernos, siempre bajo la luz de la ética y el sentido común. Porque… ¿Una vedette que sale a una playa abierta a tomar sol desnuda puede luego decir que “no se dio cuenta que le iban a sacar fotos”? ¿No se da cuenta el reconocido futbolista con una nueva novia varios años menor que si se pone a darse besos apasionados en la cubierta de un yate podrá ser fotografiado? Cualquier persona pública debe evaluar la chance de que, así como despierta miradas indiscretas en la gente porque su personalidad produce magnetismo, cualquiera que los fotografíe puede hacer llegar las imágenes a las revistas del corazón. Es la ley del juego.

Sin embargo, esa ética y ese sentido común deberían bastar para proteger, por ejemplo, la imagen de un difunto. Recuerdo todavía con tristeza las tapas de revista con el cuerpo desnudo de Jazmín de Grazia. Los muertos no tienen voz. No hay derecho a robarles la intimidad de la muerte.

Pero este caso, el del video de Rockadictos, es aún más tremendo, porque escapa a la realidad. No se discute sobre si hay que darle difusión o no a un hecho de la realidad, sino a una supuesta creación. Se trata de un “invento”. Su nacimiento no fue como el de muchas obras de arte, que surgen de un creativo para embellecer, o cuestionar, o incluso documentar. Este videíto tiene un solo propósito: ofender. Aplaudo a todos los medios que no se hicieron eco del escándalo y que ni siquiera lo publicaron en una noticia breve: la decisión de no alimentar el morbo popular con esa bajeza fue pegarles en donde más les duele.

La libertad de expresión es una bandera que jamás debe ser depuesta. La pregunta es: En nombre de la libertad de expresión… ¿se puede hacer cualquier cosa?