Los "puntos de fuga" como emancipación
El oficio del cazador está en acercarse al animal lo menos posible, divisarlo y tenerlo en la mira y poder apuntarle para finalmente disparar y bajarlo. Terminar con él. Matarlo. El fin está en la muerte como trofeo que luego será expuesto en una foto. Ahí se cumple el ciclo ritualizado del poder del más fuerte sobre el más débil. Esa especie de "orden natural" en la sociedad es una construcción cultural y política. La mostración del objeto dominado a tal punto que lo que se juega en la práctica es esa posibilidad de traerse al muerto para mostrar al extremo su debilidad.
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Mano a mano es imposible, porque la velocidad del débil es mucho más eficiente. Por eso la vigilancia y toda una serie de dispositivos de control para ubicarlo con la mira. Estudiarlo, conocer sus movimientos de día y de noche. "Ahí está", pero por estar no hay que dispararle porque sí. Hay que saber esperar para elegir el momento exacto del disparo. El disparo del triunfo. La estocada certera que tendrá el fin esperado.
El "punto de fuga" es el que no manejamos. Ese salto acrobático en el aire del ciervo nos confunde y marea. Ese punto de fuga es algo que inexiste en la realidad. por eso incomoda. En las sociedades, el punto de fuga que inexiste es lo inmanejable, lo no habitual. Las conductas que se salen de la norma y no pueden ser atrapadas en la dominación social con todos sus mecanismos de control y vigilancia.
Los puntos de fuga son la posibilidad de "emancipación del otro", del débil. Del que escapa. Inscribir un punto de fuga es mostrar la imposibilidad de capturar esa fuga. Porque la captura de la fuga es la muerte. Es matar la fuga como condición de posibilidad. Todo lo que se sale de la norma establecida en cualquier juego social constituye un punto de fuga, ese salto del ciervo en el bosque es la imposibilidad de atraparlo.
Las cámaras de vigilancia social son cazadores de puntos de fuga. La diferencia es que esas cámaras no disparan: registran, se acercan, testimonian para luego ser parte de la maquinaria de archivos para la estructura judicial. Son la prueba. La forma que estas sociedades tecnológicas han encontrado para prescindir de los cazadores. La caza está prohibida porque ya no hace falta. La captura hoy es ese ojo externo que registra los movimientos de los ciervos, de los débiles sociales, para luego dispararles con todo el arsenal de castigos que ha construido la justicia de cazadores modernos.
Marcelo Padilla