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Opinión

Somoza chocó el carruaje y ganó la Nobleza Universitaria

Algo se rompió en la relación entre la conducción del rectorado y los miles de electores. ¿Una ficción sostenida por un relato encantador de serpientes?

Se veía venir y se vino. Los pronósticos del tiempo decían que un frente huracanado asomaba y se encaminaba hacia el predio de la Universidad Nacional de Cuyo. Como un tsunami mezclado con zonda, los resultados de las elecciones universitarias arrasaron con todo el confort.

Algo se rompió en la relación entre la conducción del rectorado y los miles de electores. ¿Una ficción sostenida por un relato encantador de serpientes? Si pero también una mala política de tomas y dacas con los micro poderes de cada facultad. Todo ello resultado de la escasísima visión política del gran responsable de la derrota del peronismo kirchnerista, el propio rector de la UNCuyo, Arturo Somoza.

Permitir tal dispersión en las listas de candidatos no puede más que arrojar los resultados que se dieron el jueves 19 de junio. Eso para empezar y dejar en claro que acá, el que la pifió fue el que conduce y su grupo o mesa chica. Mesa demasiado chica como para enfrentar el “Huracán cobista” al que se le sumaron cardos rusos y maoístas, oportunos peronistas de ocasión y socialistas Pierre Carden.

La bodega boutique que es la Universidad Nacional en Mendoza pecó de burguesa y se mordió la cola. No se dan vueltas olímpicas anticipadamente con un candidato desconocido compitiendo con tres listas más. ¿Quién es Battistón, el zaguero central de Francia? Bue… un candidato gourmet.

El sectarismo conduce mal y choca contra todos los carolinos. Y rebota de uno en uno y así va hasta que se abraza al más viejo árbol del parque. El sectarismo dejó el auto arrugado como un bandoneón silbando bajo y triste. Así quedaron también las caras.

Los pibes como siempre los mejores junto a muchos no-docentes. Y también los graduados. “Las clases bajas” se tomaron en serio la reforma y participaron en masa. La oligarquía docente se impuso con todo su conservadurismo y se acomodó en sus sillones. Una casta hindú, un estamento weberiano sin movilidad. Lo de siempre.

Y aparecieron los independientes, esos que no se contaminan nunca pero que se benefician siempre de las políticas públicas. Los “empresarios del conocimiento”. Los puros. Los que negocian siempre a último momento, bien. Esos ganaron también su colonizada independencia partidaria.

¿Qué decir de los medios, inusitadamente interesadísimos por “el cambio”? La provincia fue una universidad que tuvo de voceros a los que antes callaban y despotricaban por lo bajo. Universidad que tuvo un solo verso. Uni-versidad. ¿No habrá llegado la hora de cambiar de nominación, y llamarla Pluriversidad? Pero ese es otro tema que no suena por ahora en las radios.

Marcelo Padillo