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Opinión

Siete ideas para una política de seguridad para Mendoza

Discutamos qué hacer en medio de la táctica del "de eso no se habla" que se ha impuesto. ¿Podemos gestionar la seguridad en lugar de lamentar la inseguridad?

Desde hace tiempo que Mendoza no se plantea institucionalmente un replanteo de sus políticas de seguridad pública. Lo hace habitualmente como respuesta a la demanda, cuando algo grave logra romper el secretismo imperante y sale a la luz. Mientras tanto, la "gran política" es apostar por el silencio: "Mejor que no se hable".

Sin embargo, ya sabemos que el silencio nunca fue saludable. Lo que pasa trasciende de la peor manera: de boca en boca, sin precisiones, sin ser confirmado oficialmente, pero tampoco negado: cayando y otorgando. La sociedad sabe que están mal las cosas y hasta puede creer -ante esta táctica oficial- que están peor que lo que la realidad indica. Una torpeza mayor.

Los debates que algunos interesados en la materia de fondo creemos abrir, los cierra una opinión más, un comentario descalificador o simplemente el gran protagonista de las políticas públicas en Mendoza: el silencio, la indiferencia, el "qué me importa", desde los que están encargados de gestionar.

Aquí, algunas ideas en borrador, a la espera de que haya -ya en el tramo final del mandato de Francisco Pérez- un ente que funcione, que no sea "para la foto" y que monitoree, proponga y deje listas para ser ejecutadas las acciones en materia de seguridad pública que Mendoza necesita.

Partimos esta vez no desde un hecho trágico que alimenta el dolor y la bronca, sino desde el recurso humano, las estructuras y con una intención humilde: provocar una discusión en términos de propuesta y no de confrontación:

 1- Una policía propia. Mendoza necesita revisar su estructura y perfil policial. La legislación vigente fue una buena respuesta en su momento, pero hoy es una foto vieja, ajada. Se requiere de un nuevo consenso, pero partiendo de metas más ambiciosas que las que son solamente coyunturales. Una fuerza policial que responda a una mirada hacia adentro de lo que Mendoza requiere para poder prevenir y enfrentar la criminalidad y ya no basada en la copia “frankesténica” de modelos ajenos combinados y superpuestos. Esto involucra definir qué tipo de policías formamos y preparados para qué tipo de tareas.

2- Un concepto diferente. El delito responde a una lógica económica y por lo tanto debe intervenirse en ese sentido. Para poder hacerlo con el delito, debe contarse con información. Esto es, básicamente, índices, mapeo, estadísticas confiables. Sin esto, no se puede intervenir en la economía del delito y solo se actúa sobre el final de la cadena, y mal. Si no se sabe qué pasa, no se sabe qué hacer. Si desde las estructuras de mando de la Seguridad se apuesta a lo “perceptivo” en lugar de lo científico, mejor confiarle nuestra tranquilidad a las brujas.

3- Romper el círculo vicioso. Las áreas de seguridad escuchan al que grita más fuerte y sólo le responden a él. Son víctimas de un círculo vicioso, e el que se le otorga relevancia a un cúmulo de datos de demanda de seguridad que le llegan deformados. Y les creen. Y planifican con esa información como fuente.

4- Una estructura ágil. No basta con darle rango ministerial a la oficina del antiguo jefe de la Policía, sosteniendo todas las arbitrariedades y métodos del pasado. Logrado el empoderamiento de la política en la gobernanza de la seguridad, el paso siguiente es nutrirse de equipos dinámicos, técnico políticos y en muchos casos, sólo técnicos, entendiéndose por esto último no solo a “lo que la policía ya sabe hacer”. Hay que generar el desaprendizaje de disvalores asumidos como valores y poner a disposición de la prevención y el combate del delito de todas las herramientas y recursos que la gestión eficiente del Estado ofrece.

5- Un plan. No se puede gobernar la seguridad sin un plan. Hasta ahora, se confunde plan con presupuesto; plan con lista de tareas pendientes; plan con ocurrencias recolectadas en el equipo propio o en la sociedad. Debe diseñarse un verdadero itinerario de desarrollo de las acciones involucradas en la política pública de seguridad, que incluya acciones que no siempre deberán llevar adelante policías. Por ello, hace falta…

6- ...Una nueva jurisdicción. ¿Es imprescindible contar con un Ministerio de Seguridad? ¿En qué instancia superior o con capacidad orgánica y fáctica de coordinación debe instalarse quien gestione las políticas de Seguridad? La tarea de la prevención de la criminalidad involucra a todas las áreas del Gobierno, como lo han demostrado experiencias en todo el mundo y que las lleve adelante debe contar no solo con el mandato y el propósito, sino con la capacidad ejecutora y los recursos necesarios para hacerlo.

7- “La gente”. Hay que redefinir los métodos de recolección de datos establecidos por ley para lo que llamamos como “la prevención comunitaria o social del delito”. La atomización de “focus groups” específicos cae en la reproducción endogámica de las demandas y crea una realidad virtual. Diferente sería integrar formalmente a los mecanismos de consulta a foros sectoriales ya existentes en los ámbitos de la economía, la educación, la salud, el trabajo, el transporte, etc., para validar socialmente las cifras que un nuevo sistema estadístico ofrezcan.

Seguramente hay mucho más por hacer. Decidí poner a consideración de ustedes siete puntos, aunque podrían ser 50 si se quiere. El que tenga una idea, que la ponga en discusión.