Qué hacemos con el "after office" de Cristina
En un programa de televisión que duró lo que dos partidos completos de fútbol,. la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, comentó una serie de hechos gravísimos para el país, a saber:
- “Sectores concentrados” de la economía quieren “voltear al Gobierno con ayuda extranjera”.
- “Si me pasa algo, en serio lo digo, no miren hacia Oriente, miren hacia el norte”.
- “No me sorprendió la declaración ni que en veinte o treinta días más nos pongan sanciones económicas; tal vez decidan ponerme presa si vuelvo a Nueva York. Pero yo voy a ir igual cuando tenga que ir”.
- “Yo no soy ingenua, pues todo esto no es casual, no puede pensarse que es un movimiento aislado de un juez senil de Nueva York: sería una ingenuidad, y yo no soy ni ingenua ni estúpida. Y los buitres se parecen también a las águilas, tienen el mismo perfil.”
- “El problema no es el dinero de los holdouts”, sino que “quieren tirar abajo la reestructuración de la deuda soberana” para que la Argentina vuelva a deber “miles de millones de dólares”.
- “Si para eso tienen que arrasar con la soberanía, con el respeto a las normas internacionales, no tienen ningún problema, arrasan como arrasan por todo, en todo el mundo”.
- “Si están tan interesados en una Argentina próspera, se hubieran acordado de la Argentina en 2001, cuando le soltaron la mano después de haber aplicado sus recetas y de que David Mulford vino a retirar toda la plata”.
- “Si les preocupa tanto la prosperidad, por qué no dejan que la Argentina pague su deuda. La prosperidad de los pueblos no puede quedar bajo el reconocimiento de la usura”.
La Presidenta sorprendió por su dureza. A diferencia de otros discursos, no puso en la línea de fuego solo a los fondos buitres, sino que, directamente, apuntó sobre el gobierno de los Estados Unidos y a su presidente, Barack Obama, uno de los líderes del mundo.
¿Y entonces?
La situación de quienes estamos del otro lado de la pantalla y asistimos a una serie de hechos en un mismo "programa", ¿cómo debemos tomar lo que dijo?. Surge una serie de preguntas, más que respuestas. Por ejemplo:
- ¿Y si tiene razón la Presidenta? ¿Porque estemos del otro lado de su gestión y se quiera su remplazo o hasta un "cambio de época" vamos a rechazar de plano sus dichos?
- Y si es tan grave como lo está planteando cuando dice "si me pasa algo", ¿por qué no lo planteó ante el Congreso o en una reunión ampliada con la presencia de las fuerzas políticas y sociales, como lo indicaría el sistema republicano de Gobierno?
- ¿Qué hacemos con toda la incertidumbre y bronca que nos sembró la Presidenta? ¿Salimos a pintar en las paredes "patriotas o cipayos" o "Patria sí, colonia no" y con eso generamos un escudo semántico a los ataques golpistas de Estados Unidos?
- Lo que la Presidenta les dice a los militantes de su partido que hace entrar a los patios de la Casa Rosada, una vez que termina la transmisión oficial, ¿debe tomarse como asunto de Estado? ¿O es tan solo una arenga a los propios para tomar fuerza?
Habitualmente, estos espacios en la prensa se piensa para echar luz sobre temas complejos. Pero la Presidenta ha sido lo suficientemente explícita y cualquier afirmación taxativa puede resultar errónea o presuntuosa: mejor, abrir un debate y estar atentos a una situación que, abiertamente, nos coloca al menos en estas situaciones:
- Un conflicto ya no con fondos buitres, sino con un Estado, con el más importante del planeta.
- Una expectativa interna sin precedentes desde 2001: la Presidenta ha dicho que se gesta un golpe en su último año de mandato.
- Y a esto último se le suma la expectativa propia del final de todo mandato presidencial en la Argentina. ¿Será "tranquilo"? ¿Podrá la Presidenta "disfrutar" de su condición de exmandataria sin agitación previa ni paseos tribunalicios posteriores como no lo pudieron hacer Alfonsín, Menem ni De la Rúa?
Los comentarios presidenciales son denuncias graves formulados fuera del contexto institucional adecuado. Pero merecen de parte de la sociedad y de todo el arco político el tratamiento respetuoso y con la dimensión que realmente tienen.
