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Opinión

Quieren que en esta columna escriba de corrupción

La corrupción existió y existirá toda vez que en cualquier espacio público o privado se dejen grietas.

Muchos piden que en esta columna escriba sobre la corrupción que existe en el gobierno nacional o provincial. Que no me olvide, me recuerdan, de lo que foristas y lectores ven maravillados cuando emite el domingo la pantalla del 13 a través de Jorge 1ro., el nuevo papa de la oposición. Mandaron a Bergoglio al Vaticano y dejaron en el cargo simbólico a Lanata con sus informes.

La misa se ofrece por estos meses todos los domingos a las 22 hs. Ahí se despliega el sermón, la parábola, el mandamiento, el alimento gutural para una parte de la sociedad que le encanta el escándalo, las sorpresas, las muestras de sacrificio investigativo del “periodismo independiente”.

Y, a decir verdad, en muchos casos puede que haya algo de razón. Pero no soy yo quien tenga que seguir la cadena de oración, ya hay cientos de miles de informaciones en los diarios y en la tele que levantan esas noticias. Por lo tanto, no solo que no veo ese programa (tampoco 678) sino que encima no me interesa.

La corrupción existió y existirá toda vez que en cualquier espacio público o privado se deje la grieta para que el que quiera hacer un negocio lo haga. Y no es justificación, es reconocer que no puede haber gobierno perfecto. Ni la democracia es un sistema perfecto. A mí me interesa pensar, en este caso, en los cambios positivos que sí se han producido en diez años y que esos informes no ponderan en la balanza.

En todo caso esos informes son material para la destitución a secas –lo ha dicho hasta el propio Lanata: “voy a hacer todo lo posible para que este gobierno no gane”- Me espantan otras cosas y condeno a cualquier corrupto que se aprovecha del poder de turno para engordar sus arcas. De hecho, los que no tenemos un mango y vivimos con lo justo por mes tenemos más que agradecimientos por haber vivido una época con un poco más de justicia social y cultural, mayor discusión política, reconocimiento de derechos antes vapuleados, posibilidades de expansión mental frente a prejuicios de anteriores generaciones.

El cambio cultural es inevitable en toda sociedad que puja por nuevos horizontes. Sociedades que buscan su “centro” frente a otras que lo perdieron –como las europeas- es un indicador inescrutable que por lo menos a mí me pone contento. Por eso no hablo de corrupción, porque lo que creo debe interesarnos es cómo fomentar y profundizar políticas que dé mayores oportunidades a los que menos tienen.

Me imagino a quienes se babean en la misa de los domingos a las 22 hs. en el 13, con el asado frío en familia, el sifón casi sin soda, y una mueca de hastío. Y ese odio con el que se acuestan que los hace soñar muchas boludeces.