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Opinión

Binner y la oposición boba

¿A alguien se ocurriría que Binner iba a decir que hubiera votado a Capriles? Es como si hubiera dicho que entre Cristina y Macri votaría por Macri.

El hombre quedó segundo en las elecciones presidenciales del 2011. Por entonces, se sabía que quien quedara segundo en los comicios no le haría ni sombra a Cristina, pero cuando los resultados finales revelaron que Binner había obtenido casi el 17 por ciento de los votos, una luz de esperanzas se encendió en los integrantes del FAP y en todos aquellos que, sin fanatismos de derecha, vieron en el santafesino una opción para el 2015.

Y no sólo los esperanzados en que el kirchnerismo llegue a su fin (o al menos que deje la presidencia para otra fuerza) se entusiasmaron con ese resultado, sino que, desde el otro lado, los kirchneristas vieron en el ex gobernador una figura peligrosa para sus aspiraciones de un cuarto período en el poder. Y por eso todas las campañas, a veces rozando lo muy turbio, que se encargan desde Balcarce 50 y se ejecutan desde algún organismo u órgano del Estado.

Desde Nación le tiraron con munición gruesa a Binner. Los niveles de delincuencia en Santa Fe, los asesinatos, el narcotráfico, la policía corrupta… Cualquier cosa sirvió para tratar de derribar de la consideración de la gente al seguro candidato a presidente en el 2015. Pero la imagen de Binner lo resistió todo. Y eso, a pesar de que muchos de los datos sobre Santa Fe difundidos por el Gobierno nacional a través de sus medios adictos son verdaderos (a lo mejor un poco inflados, cierto, así como cierto es que el Indec “dibuja” datos de provincias prokirchneristas).

Pero cualquier campaña que idearon desde el oficialismo para derribar la imagen de Hermes Binner parecía que, antes que debilitarlo, lo fortalecía. A lo mejor no tanto por adhesión ideológica a sus ideas, sino más bien como alternativa al Gobierno nacional. Fuera como fuera, la imagen de Binner no había caído, y él seguía siendo presidenciable para el 2015.

Sin embargo, todo aquello por lo que se esforzó el kirchnerismo desde el día después de las elecciones del 2011 y no pudo hacer lo consiguió Hermes Binner con una sola frase.

“Yo hubiese votado por Capriles”, dijo Binner en el programa de Alfredo Leuco por canal 26.

Escuchémoslo al santafesino diciendo que en las elecciones venezolanas hubiese optado por Capriles antes que por Chávez.

Hermes Binner solito, sin ayuda de nadie (a lo sumo, con cierta colaboración de Leuco), se dio a sí mismo una gran palada de tierra en lo que puede llegar a ser el comienzo de su inhumación política como referente nacional del socialismo.

Tan fuerte fue el golpe, que hasta sus compañeros del FAP tuvieron que tomarse un tiempo para salir a decir algo. Porque Binner desubicó con su respuesta. ¿A alguien se le hubiera ocurrido que iba a decir que votaría a un político de derecha como Capriles?

Seguramente fue un error, seguramente, si lo hubiese pensado dos segundos, no decía lo que dijo. Pero lo dijo, y esto pone a Binner en la categoría de político versero, uno más en la lista de miles.

La respuesta de Binner fue demagoga. Sin dudas, la peor de todas las frases de ocasión que ha dicho durante su carrera política. Porque dijo lo que allí, en el programa, querían escuchar. Y también dijo lo primero que se le vino a la cabeza como respuesta a esa dualidad que desde el Gobierno han impuesto y de la que había podido mantenerse casi al margen.

El maniqueísmo impulsado por el oficialismo se mueve en los extremos kirchnerismo/antikirchnerismo. Ya lo sabemos, eliminando los grises se eliminan las dudas, por eso se es o no se es, entonces, todos los que no son kirchneristas, según esta lógica, son antikirchneristas.

Por suerte, hay gente que sigue demostrando que este axioma del kirchnerismo es falso y que se puede ser oposición sin ser pagado por Clarín, como dicen los oficialistas, que se puede no ser esa oposición boba a la que el oficialismo le marca la cancha y le indica, explícita o tácitamente, por dónde ir.

¿A alguien se le hubiera ocurrido que Binner iba a decir que hubiera votado a Capriles?

Con un discurso propio y logrando despegarse de ese maniqueísmo K-antiK es como Binner logró ese casi 17 por ciento en el 2011. Y desde entonces hasta ahora no hubo estrategia de la Nación que pudiera quitarlo de la escena política. Sin embargo, fue por su propia decisión que el santafesino cayó en la dualidad extrema propuesta por los K.

Y es que ante la opción Chávez - Capriles, eligió, a la ligera, lo más demagogo: oponerse al Gobierno nacional, aunque eso implicase decir que votaría a alguien de la derecha.

Es como si hubiera dicho que entre Cristina y Macri votaría por Macri.

Reiteramos que es muy probable que no sería eso lo que hubiera respondido si lo pensaba un poco, de hecho, es de suponer que de ninguna manera votaría a alguien como Capriles, pero ante una respuesta que podría haber ido por el lado de “a ninguno de los dos” para luego explicar por qué, optó por decir lo que supuso que a varios les caería bien. Y con eso perdió, sin dudas, gran parte de su credibilidad.

Seguramente este desatino de Hermes Binner llevará, en el seno del FAP, a varios replanteos, y le costará mucho a esta fuerza política sacarse de encima el lastre de esa frase, porque la cosa no está en la frase en sí, sino en la actitud.

Porque si Binner dijo la verdad, si dijo lo que sentía, no puede ser candidato de una fuerza política de izquierda. Pero si lo dijo sólo por quedar bien, entonces está claro que su demagogia puede llegar a extremos, con lo que se convertirá en el gran piantavotos.

Claro que siempre le quedará el sano camino de salir a dar explicaciones y retractarse públicamente. Tal vez de esa manera pueda reencauzar la carrera hacia el 2015, pero aún así puede ser que a quienes lo votaron les quede ese gustito a fósforo de saber que, así como uno nunca se baña dos veces en el mismo río, de la misma manera no habrá votado dos veces al mismo Binner.

Alejandro Frias