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Opinión

Gracias Hugo Chávez por tu poesía política

La tierra húmeda lo espera para acurrucarlo y acariñarlo. Lo que queda es su pueblo revolucionario.

Venezuela y toda Latinoamérica están tristes y lloran al líder y guía. Lo lloro yo también, porque, primero, soy persona que siente y luego intenta pensar, reflexionar sobre la muerte, escribir unas líneas de dolor y esperanza, respirar y seguir.

Es noche y una muerte ilumina como faro a un continente. Es sol que escupe rayos a los humildes que han gastado velas y rezos, rituales y cuentas. Se ha ido un cuerpo hacia la madre tierra, un hombre común de orígenes pobres que soñó con ser beisbolista, poeta y soldado. Un prócer mundial que trepaba arboles de niño en Barinas, su pueblo natal, jugaba y compartía.

Hugo, Huguito, el regalón de su abuela Rosa Inés, ya ha despedido a sus ancestros con las manos calmas, el pecho suelto, el rostro tibio. Entró a la historia grande latinoamericana junto a su norte, Simón Bolívar, y nuevas generaciones de niños soldados del amor leerán sus Cuentos del arañero, libro que condensa su autobiografía, sus amores y dolores, sus pesares y buenas.

La tierra húmeda lo espera para acurrucarlo y acariñarlo, para que su paso a la otra dimensión sea suave, lento y sin remezones de angustia. Lo que queda es su pueblo revolucionario, su legado de solidaridad inquebrantable para todos los que nos sentimos por estas horas con el ánimo caído, su socialismo novedoso y abierto como brazos para contener a millones de mujeres, hombres, niños, naturaleza.

“¿Qué pasará ahora?”, se preguntan y responden analistas y periodistas en el mundo. Pues nada digo yo. Nada que no vaya a resolver ese queridísimo pueblo soberano que se ha empoderado del amor y del socialismo para llevar día a día, sobre sus espaldas, la lucha que encararon desde hace varios años junto a su líder Hugo Chávez Frías.

Es dolorosa la muerte, es más triste la ausencia. Sin embargo, aquí en el continente, no hay vacío. Hay pueblos que luchan por su liberación humana de la explotación humana, de aquellos oligarcas y mediopelos latinoamericanos que brindan y celebran la muerte, que odian, que se frotan las manos con crema de sangre. Hay muchos que hoy están de fiesta y no respetan el dolor popular de niños, jóvenes, adultos y viejitos. Lástima por ellos, que dan ejemplo de rabia a sus hijos.

En los túneles de la tierra ya están cavando los caminos quienes se fueron algún día, para recibirlo con abrazos y sonrisas. Néstor Kirchner va por él desde el fin del mundo al trópico. Porque por abajo también hay cielos para los que lucharon por los que no tenían cielo y sólo conocían el infierno de la explotación y la pobreza. Te has ido comandante del amor, compañero. Gracias por tu legado, por tu poesía política, por tus sueños.