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Opinión

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Familia

La familia triste peronista

Son tres mundos solitarios. Hay dignidad pero el silencio es atroz por las tardes soleadas.Autismo puro.
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Cada uno en su pieza como vivir en una pensión. Una pensión de tangos bajos, una pensión de bajo rango. Cada uno en su pieza hasta que uno tiene hambre y se levanta de la cama y va al baño y se lava como puede. Milanesas de pollo en la heladera, separadas por sector. Una mujer es la madre de los otros dos. Nadie se habla, nadie se dice. Ensalada para uno, agua para uno. Lo que se ensucia se lava pero se deja sucio lo del otro.

Son tres mundos solitarios. Hay dignidad pero el silencio es atroz por las tardes soleadas. La alegría son los niños de uno de los habitantes, los únicos que hablan y preguntan y ríen y comen. Pero nadie, ninguno de los habitantes registra. Autismo puro. Solo se come milanesas de pollo, feas, llenas de miga de pan. Se compran hechas en el almacén de al lado. En el almacén de al lado se compra todo hecho.

Nadie quiere vivir allí pero tampoco ninguno puede escapar. No hay buendía ni hasta luego. No hay una sonrisa dirigida al otro. Es la familia peronista triste y derrotada. La familia patológica. La familia que no festejará la navidad ni el año nuevo porque no tiene dónde ir ni puede encontrarse en una mesa. Porque cada uno come en distintos horarios.

Se come solo. Las horas de sueño son dispares. Es todo tensión y angustia e impotencia y recuerdos y llantos en la almohada sin que nadie los escuche. Hay dolores y remedios y cuando no hay remedios no hay remedios. Así es la familia triste, depresiva, virósica. Uno escapa por las noches, otro en el día y nunca se cruzan. Son hermanos pero no quieren serlo porque se odian. La mujer es la madre pero no sabe ser madre o nunca supo ser madre. Es una mujer mayor nomás.

No pasarán juntos ni por la cocina para ir al baño. A veces la mujer mayor llora sola frente al televisor mirando una telenovela. Pero llora por “su” telenovela. Otras veces se lo ve a uno de los hijos llorando sobre el computador, por algo. El otro no llora o nadie lo sabe.

Una vez pelearon todos juntos en la cocina y gritaron y rompieron platos y volaron ollas. Pero fue solo una vez. Son peronistas. Uno más consiente que el otro pero todos son peronistas. Pero son peronistas tristes. No son de clase media kirchnerista que tiene deseo. Son peronistas desclasados y pobres, que viven del recuerdo de antaño cuando hubo familia y encuentro. Guitarreadas por las noches y brindis.

Todo terminó cuando murió la abuela de la familia. La que unía. La que hacía circular la leyenda, el mito, la oralidad y el relato fantástico. Desde que murió nadie se habla.