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¡Marxista las pelotas!

Kicillof puede que se considere marxista, pero su política económica a lo sumo puede catalogarse de keynesiana heterodoxa.
Foto: Télam
Foto: Télam

Desde la designación de Axel Kicillof al frente de la cartera económica una caterva de adjetivaciones macartistas ha proliferado en torno al perfil del nuevo ministro. Lo peor de todo es la calificación denostativa: el ministro marxista. Cabe aclarar que el marxismo es una teoría que propone un método de análisis de los modos de producción, especialmente el capitalista, consagrado en la obra de Carlos Marx (1818-1883) “El capital”. El materialismo histórico que funda Marx es un método que pone el acento en el carácter material de las relaciones sociales y de producción de una sociedad. Piensa a la economía no como una ciencia exacta sino social definida como economía política.

Ser marxista o definirse como tal implica adherir a esa teoría para explicar el funcionamiento del sistema capitalista en sus distintas etapas: agrícola, industrial y financiera. No hay obra teórica más conveniente para ello. También se puede estudiar al capitalismo desde la obra de Max Weber (1864-1920), quien pondera por sobre las relaciones de producción económicas lo que él denomina “la ética protestante como espíritu del capitalismo”. Es decir, el capitalismo se explicaría a partir de la aparición de una religión que permitió el ahorro, sostenida por valores y una moral que posibilitaron su aparición y desarrollo. 

Hoy las obras de Carlos Marx y la de Max Weber conviven en muchas teorizaciones, complementándose en varios tópicos. Sin embargo hay marcadas diferencias insoslayables. Marx tiene una visión de la historia atravesada por las luchas de clases sociales en su dimensión económico-política e ideológica mientras que Weber centra su análisis en la acción social, esto es el sentido de los grupos sociales que se diferencian por sus estilos de vida, prestigio y status más que por su posición económica.

Volvamos a Kicillof.

Acusar a alguien de “marxista” remite a los peores momentos de la argentina: las dictaduras militares que impusieron planes económicos a capa y espada en detrimento de la industria nacional y el pueblo. Por catalogar a alguien de marxista, peyorativamente, desaparecieron 30.000 personas en el país. En este caso decirle a Kicillof marxista es azuzar a la gente a que piense que el nuevo ministro le va a expropiar la casa y se va a comer a los niños.

Kicillof puede que se considere marxista o no. Lo cierto es que su política económica a lo sumo puede catalogarse de keynesiana heterodoxa de izquierda, lo cual implica un rol preponderante del Estado para motorizar la economía frente al avance de los mercados especulativos. Pero John Maynard Keynes (1883-1946) nada tiene que ver con Marx toda vez que la teoría del primero surgió para salvar al capitalismo de la gran depresión en los años treinta.

Lo que se realiza por estos días es ni más ni menos que una campaña clara de difamación de muy baja estofa que se replica en cuanto medio opositor exista.

Los analistas económicos del establishment son más bien liberales o neoliberales (y hasta keynesianos de derecha) que creen que el mercado se regula solo sin el rol del Estado. Ahí está el engaño. Ningún Estado desaparece en su participación. En los modelos neoliberales el Estado siempre estuvo allí para jugar a favor de los intereses concentrados. El Estado no es una entelequia. Es un espacio que es dirigido por los gobiernos de acuerdo a la correlación de fuerzas sociales, en un sentido o en otro. Pero siempre está el Estado para regular o desregular. Nunca ausente. Y eso es lo que hacen los gobiernos populares de la región: reconvertir las viejas estructuras neoliberales en un sentido nacional y popular forjando un capitalismo nacional. Por tanto, de marxista, nada.

Se puede estar o no de acuerdo. Lo que no se puede es desconocer. Mucho menos denostar y acusar analfabéticamente. Difamar desde el oportunismo mediático y político por especulaciones electorales. A dos años de las elecciones presidenciales bien podrían decir lo que harían en materia económica quienes abrevan en la delación macartista y efectista.