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Adolescencia en Netflix: el debate sobre las redes sociales y la violencia

La serie de Netflix deja abiertas preguntas sobre el papel que tiene cada actor social en la prevención de estos problemas.
Muestra una realidad incómoda sin adornos ni suaviza el mensaje. Foto: Archivo
Muestra una realidad incómoda sin adornos ni suaviza el mensaje. Foto: Archivo

La serie de Netflix Adolescencia generó un intenso debate sobre la influencia de las redes sociales  en la construcción de la identidad de los jóvenes. La historia sigue a Jamie, un joven envuelto en un crimen, que de a poco revela su percepción sobre el valor de las personas en función de su apariencia y hasta en experiencias previas de humillación.

Uno de los temas más impactantes de la serie es la referencia a los incel, un grupo que se autodenomina célibes involuntarios y que sostiene que el sexo es un derecho exclusivo de los hombres heterosexuales. Esta perspectiva reduce a las mujeres a un mero objeto de transacción y refuerza ideas peligrosas sobre el género y la masculinidad.

Los entornos juegan un papel crucial.

Más allá del entorno digital, la serie aborda la relación de Jamie con su padre. La presión por la validación externa se suma a su percepción negativa de sí mismo, lo que lo lleva a encasillarse como alguien feo y poco popular. Esta construcción de la identidad influye en su comportamiento y en su manera de relacionarse con los demás.

El entorno escolar también juega un papel en la configuración de la autoestima y la aceptación social. La necesidad de encajar en determinados grupos impulsa a muchos jóvenes a adoptar actitudes que no siempre reflejan quiénes son realmente. La serie muestra cómo la presión por pertenecer a un círculo puede llevar a tomar decisiones que terminan afectando la vida de otros.

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Uno de los puntos más inquietantes que también plantea Adolescencia es la responsabilidad en la crianza. La serie no ofrece respuestas definitivas, pero deja en el aire la cuestión de quiénes deberían guiar a los jóvenes en la formación de su identidad. ¿Es la familia, la escuela o la sociedad en su conjunto? ¿Todos somos responsables? 

Otro dilema que deja la serie es el papel del sistema judicial en estos casos. En Inglaterra, los niños pueden ser imputados desde los diez años, lo que abre un debate sobre si el castigo, en este caso la cárcel, es la mejor solución o si es necesario buscar alternativas que ataquen el problema de raíz.