Un millón de riales por un dólar: la desesperante cifra que desató la rebelión en Irán
La devaluación de la moneda de Irán pulverizó salarios y empujó a miles a las calles en la ola de protestas más violenta en años.
Las protestas que sacuden a Irán desde el 28 de diciembre tuvieron la devaluación récord del rial como detonante: la brutal depreciación del rial iraní provocó una suba explosiva de precios y una pérdida abismal del poder adquisitivo que desató una de las mayores olas de protestas de los últimos años, con más de 600 muertos hasta el momento.
El 28 de diciembre, la moneda iraní se desplomó hasta 1,42 millones de riales por dólar estadounidense, un nuevo mínimo que pulverizó el poder de compra y empujó al alza inmediata a los precios de los alimentos y bienes básicos. A ese golpe se sumó el aumento de la gasolina subsidiada decidido a comienzos de diciembre, que aceleró aún más la inflación y el malestar social.
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La estrepitosa devaluación de la moneda de Irán
Según las cotizaciones actuales, 1 rial iraní equivale a apenas 0,0000010 dólares estadounidenses, mientras que frente al euro su valor ya es prácticamente nulo, al punto de figurar como 0,00 euro por rial en los mercados de referencia.
En términos prácticos, esto implica que se necesitan alrededor de un millón de riales para comprar un solo dólar, reflejando una moneda completamente pulverizada.
De la crisis cambiaria a las calles
Lo que empezó como reclamos por el encarecimiento del costo de vida rápidamente se transformó en un movimiento nacional. Tras la caída del rial, estallaron protestas en mercados clave de Teherán y se expandieron a otras ciudades y universidades.
Al día siguiente, el 29 de diciembre, el presidente del Banco Central Mohammad Reza Farzin renunció en medio de la presión, y un día después, el gobierno intentó calmar los ánimos con promesas de estabilizar la economía.
El 31 de diciembre fue nombrado Abdolnasser Hemmati como nuevo gobernador del Banco Central, pero para entonces la pérdida de valor de la moneda ya había erosionado salarios y ahorros, profundizando la desconfianza.
Represión, muertos y más tensión
A partir del 1 de enero se confirmaron las primeras víctimas fatales y los enfrentamientos se extendieron a provincias como Lorestán, Isfahán y Bakhtiari. La combinación de inflación, escasez y un tipo de cambio fuera de control siguió alimentando las movilizaciones, que pasaron de reclamos económicos a consignas abiertamente antigubernamentales.
El 2 de enero, Estados Unidos elevó el tono con advertencias desde Washington, y el 3 de enero el líder supremo Alí Jamenei ordenó poner “en su lugar” a los manifestantes, lo que habilitó una represión más dura. Para el 6 de enero, las protestas ya alcanzaban más de 280 localidades y los muertos superaban la treintena.
Aislamiento y amenaza de mano dura
El 8 de enero, tras una protesta nocturna convocada desde el exilio, el gobierno respondió bloqueando internet y llamadas internacionales para aislar al país. Al día siguiente, las autoridades anticiparon una ofensiva mientras los manifestantes volvían a salir a la calle.
El 10 de enero, con dos semanas de protestas, el fiscal general Mohammad Movahedi Azad advirtió que quienes participen serán considerados “enemigos de Dios”, una figura que conlleva pena de muerte. Un día después, activistas elevaron el saldo de fallecidos a al menos 648.





