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Nufuzfobia: el fantasma de la intervención y el clamor por la autenticidad en Irán

Mientras una nueva revolución sacude a Irán en 2026, una palabra recorre Teherán como un escalofrío: Nufuz.

Hay una palabra que recorre las calles de Teherán como un escalofrío eléctrico, una que explica más sobre la psique persa que cualquier análisis geopolítico de despacho: Nufuz. Aunque en los diccionarios se traduce simplemente como "influencia" o "penetración", para los iraníes es el nombre de un trauma centenario. Es la Nufuzfobia: el miedo visceral y justificado a que el destino del país sea decidido por manos extranjeras.

Hoy, mientras una nueva revolución popular sacude los cimientos de la República Islámica en este 2026, la historia grita desde las paredes. Para que este levantamiento no termine en el ciclo eterno de esperanza y traición, el mundo debe entender una lección que los imperios han ignorado desde el siglo XIX: Irán no quiere ser salvado desde afuera; quiere ser auténtico desde adentro.

La subasta de una nación: el origen del odio

La desconfianza no es gratuita. La crónica de la intervención extranjera en Irán es una lista de recibos y facturas. Durante el siglo XIX, los reyes de la dinastía Qatar, incapaces de generar riqueza propia pero deseosos de lujos europeos, pusieron al país en liquidación.

El hito que marcó el ADN de la resistencia fue la Revuelta del Tabaco de 1890. El Sha había entregado el monopolio total del tabaco a un ciudadano británico. La respuesta fue un acto de soberanía sin precedentes: una huelga nacional de consumo. Desde las esposas del Sha en el harén hasta el campesino más humilde, Irán dejó de fumar para demostrar que su voluntad no estaba a la venta. Aquel éxito demostró que cuando el pueblo siente que su identidad es agredida por la "influencia" (nufuz), su capacidad de parálisis es absoluta.

La modernización como herida

El siglo XX trajo consigo una paradoja trágica. El progreso (ferrocarriles, telégrafos, educación) no llegó como un regalo, sino como una imposición que exigía el sacrificio de la identidad.

Reza Pahlavi, el "Padre de la Patria" moderna, trajo los códigos occidentales, pero lo hizo a punta de bayoneta. En 1936, su prohibición del hiyab no fue vista por todos como una liberación, sino como una profanación de la privacidad doméstica. Para muchas mujeres, la "modernidad" significó el encierro forzado en sus casas durante años para no ser despojadas de su velo en la calle.

irán

Su hijo, Mohammad Reza Shah, subió al trono en 1941 no por aclamación popular, sino por decisión de británicos y soviéticos tras el exilio de su padre. Desde su primer día, cargó con el estigma del "rey títere". La intervención extranjera se convirtió en el pecado original de su corona.

2026: La búsqueda de lo auténtico

La revolución que hoy presenciamos en las plazas de Irán no es una simple imitación de los valores occidentales, y ahí reside su mayor peligro y su mayor esperanza. El fracaso de los movimientos anteriores radicó, muchas veces, en ser percibidos como importaciones culturales.

El concepto de Tajol Saltaneh, la princesa feminista y constitucionalista de principios del siglo XX citada en los anales históricos, cobra hoy una relevancia profética. Ella no pedía que Irán se convirtiera en Francia; pedía derechos básicos para que los persas pudieran ser dueños de su propia modernidad.

Para que el triunfo de 2026 sea definitivo, la comunidad internacional debe entender la Nufuzfobia. Cualquier intento de los gobiernos externos por "dirigir" o "apadrinar" este levantamiento será el beso de la muerte para los valientes jóvenes en las calles. El régimen actual sobrevive alimentando el miedo a que, sin ellos, Irán volverá a ser la finca de recreo de las potencias mundiales.

La victoria real no vendrá de un cambio de régimen orquestado por terceros, sino del florecimiento de una identidad auténtica. Una donde el hiyab no sea obligatorio, pero tampoco prohibido por decreto extranjero; donde el parlamento (Majles) sea un reflejo de la voluntad local y no de intereses petroleros.

El pueblo de Irán está curando su Nufuzfobia. Lo está haciendo al recuperar su voz, sus calles y su historia. Esta vez, el mundo debe hacer lo más difícil: simplemente escuchar y dejar que Irán sea, por fin, Irán.