Todos necesitan a Trump: cómo EE.UU. tutela los intereses opuestos de gobierno y oposición en Venezuela
La creciente de Washington sobre lo que ocurre en Caracas es palpable no solamente en las acciones y decisiones del gobierno de Delcy Rodríguez, sino también en las acciones y silencios de la oposición.
Estados Unidos está logrando algo inaudito en Venezuela: impulsar cambios y reformas profundas en ese país contando, al mismo tiempo, con la colaboración, el consentimiento o la resignación tanto del gobierno como de la oposición venezolana.
Inmediatamente tras la impactante captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, el gobierno de Donald Trump sorprendió de nuevo al respaldar a Delcy Rodríguez -entonces vicepresidenta de Maduro- como la persona encargada de llevar adelante los cambios que Washington quiere lograr en Venezuela.
"Esencialmente está dispuesta a hacer lo que nosotros creemos que es necesario para hacer a Venezuela grande de nuevo", dijo Trump, al tiempo que agregó: "No tiene otra opción".
Rodríguez fue reconocida como presidenta interina y no parece haber decepcionado a Trump, a juzgar por los frecuentes halagos que él le dedica.
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En estos meses, EE.UU. asumió el control de la venta del crudo venezolano -principal fuente de riqueza del país- y ha estimulado el regreso de las petroleras estadounidenses al país con miras a reactivar ese sector.
Washington ha impulsado cambios en la legislación petrolera y minera de Venezuela de cara a favorecer la inversión privada en esos sectores, mientras explora opciones para recuperar el sistema eléctrico venezolano, factor imprescindible para que haya una recuperación económica en el país.
Además, ha ido levantando sanciones y abriendo camino para la paulatina reincorporación de Venezuela a programas y organizaciones internacionales de los que había quedado marginada.
En temas de política interna, EE.UU. es considerado el motor del diálogo político que recién se está iniciando entre el gobierno de Rodríguez y un grupo de opositores encabezados por Dinorah Figuera, la última presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015.
Mientras que, en política exterior, su influencia se hace sentir en el callado distanciamiento entre el gobierno de Rodríguez y aliados tradicionales del chavismo como Irán o Cuba.
El actor clave
Estos cambios impulsados por el gobierno de Trump responden a un plan de tres fases -estabilización, recuperación y transición política- esbozado por el secretario de Estado, Marco Rubio.
Aunque contienen elementos que, en general, pueden ser considerados como positivos o necesarios por venezolanos de cualquier tendencia política, como la recuperación de la industria petrolera o del sistema eléctrico, también han sido duramente criticados por distintas razones.
Entre los principales cuestionamientos se señala que este proceso significa una grave pérdida de soberanía para Venezuela, cuyo gobierno ya no controla el uso de los fondos generados por la venta del petróleo, mientras que la actual Asamblea Nacional está aprobando leyes que parecen a la medida de los deseos de Washington.
También se apunta a la falta de transparencia pues, por ejemplo, EE.UU. no informa a los venezolanos sobre cuánto dinero se ha recaudado ni cuál es el uso que se está dando a esos recursos.
Esas críticas son formuladas desde sectores de la oposición, del chavismo e independientes, pero curiosamente nunca proceden de boca de los principales funcionarios del gobierno ni de los mayores líderes de la oposición.
Y es que EE.UU. parece haberse convertido en actor bisagra: de Washington depende que el chavismo pueda permanecer más tiempo en el gobierno; de Washington depende que se avance en la transición democrática que durante años ha buscado la oposición.
"Soberanía suspendida"
Pero ¿cómo se explica que un gobierno del chavismo, fuerza política que hizo del discurso antiestadounidense una seña de identidad, ahora se someta de una forma tan aparentemente dócil al mandato de su denostado "imperio"?
"Nos guste o no, aquí hay una intervención, por lo que las decisiones que se toman en Venezuela son controladas por la potencia que interviene en el país y esto determina lo que se hace y lo que no", le dice a BBC Mundo Benigno Alarcón, fundador y exdirector del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello.
"Pudiéramos decir que Venezuela está en una condición de soberanía suspendida por esta intervención, y esa va a ser la situación hasta que las cosas vuelvan a la normalidad: que haya un nuevo gobierno electo y volvamos a regirnos por nuestras propias instituciones", agrega.
El experto indica que EE.UU. tiene dos palancas - una militar y otra económica- que puede utilizar para controlar las decisiones y la actitud que toma el gobierno venezolano en relación con lo que Washington quiere hacer en un momento determinado
"Quienes están en el poder con Delcy Rodríguez, la élite que gobierna Venezuela, tratan de evitar a toda costa correr la misma suerte de Maduro. Es cierto que no ha habido nuevas intervenciones, pero la capacidad para hacerlo está allí, y todo el mundo está consciente de que podría ocurrir en cualquier momento", afirma.
La palanca económica, por otra parte, se basa en el control de los recursos procedentes de la venta del petróleo que el gobierno necesita para financiarse, así como en la aplicación o levantamiento de sanciones financieras, que facilitan o dificultan la entrada de inversiones internacionales a Venezuela, su acceso a recursos de organismos internacionales o, incluso, a recursos venezolanos congelados en el extranjero.
Los signos de la influencia de EE.UU. están por todas partes.
En los mensajes de Trump alabando a Delcy Rodríguez y sugiriendo que Venezuela podría convertirse en el estado 51 de la Unión, en las ahora frecuentes visitas de funcionarios estadounidenses a Caracas y en sus declaraciones sobre la gran "colaboración" que recibe del gobierno, que aprueba y hace lo que Washington le pide.
También puede verse en la masiva presencia militar de EE.UU. sobre el terreno, coordinando las labores humanitarias tras el doble sismo del 24 de junio; en la visita del encargado de negocios de la embajada en Caracas, John Barrett, a la represa de Guri como parte de las tareas de diagnóstico de las obras que hacen falta para recuperar el sistema eléctrico venezolano.
Y a juzgar por informaciones publicadas por The New York Times también en el chat de WhatsApp a través del cual se comunican Marco Rubio y Delcy Rodríguez.
Públicamente, la presidenta interina ha rechazado la idea de que Venezuela se convierta en el estado 51. "Eso no está previsto. Jamás estaría previsto porque si algo tenemos los venezolanos y las venezolanas es que amamos nuestro proceso de independencia", dijo Rodríguez en mayo pasado, agregando que el "camino" es la agenda de cooperación existente con EE.UU.
Pero la influencia de Washington también es visible en la oposición venezolana, como se comprobó con el retorno a Venezuela de Dinorah Figuera, después de años de exilio, para encabezar "por petición del Departamento de Estado" el diálogo con el gobierno para la recuperación institucional de órganos como el Consejo Nacional Electoral o el Tribunal Supremo de Justicia.
Este jueves 6 de agosto se reunieron en Caracas las delegaciones de gobierno y oposición para el primer encuentro cara a cara.
También puede apreciarse en los frecuentes reconocimientos que hace María Corina Machado, líder de la oposición, al presidente Trump por la ayuda que le presta a Venezuela; y, por omisión, en las casi inexistentes críticas de parte del liderazgo opositor ante una situación en la que la soberanía del país parece estar comprometida.
Entre la necesidad y la estrategia
Gobierno y oposición en Venezuela, enfrentados desde hace años, necesitan a Washington para lograr sus intereses opuestos.
"En 2024, hubo un fraude electoral en Venezuela y la oposición no pudo asumir la presidencia porque el gobierno estuvo dispuesto a hacer lo que fuera para mantener el poder, incluso recurrir a la represión más cruenta", dice Benigno Alarcón.
"Esto terminó demostrando que la oposición por sí sola no puede resolver el problema en Venezuela", agrega.
En el caso del oficialismo, el experto considera que la aparente sintonía con Washington responde a la necesidad de supervivencia, pero también a una estrategia de largo plazo.
"El chavismo se está jugando su sobrevivencia y si la sobrevivencia implica el doblarse para no partirse, como dicen muchos por allí, pues eso es lo que está haciendo. No es que el chavismo reflexionó y ahora siente que EE.UU. es su mejor amigo. Es una táctica que lo que busca es ganar tiempo", señala Alarcón.
Configurada de esa manera, para el experto esta situación entraña el riesgo de que la prometida transición democrática no se materialice debido a que el gobierno de Trump se centre demasiado en sus objetivos económicos en Venezuela y el cambio político quede postergado hasta un momento en el cual ya Washington no tenga la capacidad o el interés de seguir impulsándolo.
Según Alarcón, un escenario así podría producirse por una pérdida o debilitamiento del poder de Donald Trump debido a una derrota de los republicanos en las elecciones de mitad de periodo en noviembre o a un eventual impeachment del mandatario estadounidense.
"Este proceso depende por entero de que EE.UU. utilice las palancas para que la negociación no se convierta en un diálogo sin acuerdo", dice.
"Si mañana EE.UU. por alguna razón se retira de Venezuela, el oficialismo revertiría toda esta situación a su estado original y empezaría a tener mayores alianzas con Rusia, con China, con otros países y se alejaría de las alianzas norteamericanas".
Por lo pronto, EE.UU. asegura que la transición política se mantiene en la ruta para Venezuela.
"Creo que va a requerir algo de constancia y un poco de paciencia; no años, pero sí meses y semanas", dijo el pasado 4 de agosto al ser consultado por periodistas durante una visita a Paraguay.
Lo que importa es el cambio
Colette Capriles, profesora universitaria y miembro de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela, advierte que esa influencia estadounidense podría extenderse incluso si la oposición llegara al poder, pues los planes de EE.UU. para el país son a largo plazo.
La experta destaca que es una situación inédita pues se ha establecido una suerte de tutela sobre Venezuela, pero que al mismo tiempo parece ser aceptada por los distintos actores dentro y fuera del país.
"Se está llevando a cabo una intervención, una gestión política y económica del país que no tiene precedentes: no es una intervención armada, no es sangrienta, no implica represión y, al menos hasta ahora, no está recibiendo resistencia ideológica", señala a BBC Mundo.
Capriles considera que esta suerte de tutela es consecuencia de las acciones y decisiones de los actores políticos incluyendo, en el caso del gobierno, la aceptación por la vía de los hechos de lo que está ocurriendo, así como la negativa de Maduro de negociar con Trump en 2025.
En cuanto a la oposición, Capriles señala que ya cuando se estableció el llamado gobierno interino de Juan Guaidó en 2019 se generó una suerte de discurso según el cual los venezolanos no pueden entenderse solos y que para solucionar la crisis del país hacía falta aplicar una fuerza que los venezolanos no tenían.
"Vista completamente desde afuera, estamos en una situación de renuncia a la soberanía, a las soberanías: a la soberanía como actores políticos y a la soberanía en la dimensión popular y, por supuesto, a la soberanía nacional", apunta Capriles.
"Estamos en una situación en la que el único agente verdaderamente efectivo desde el punto de vista político e institucional es el propio gobierno de Estados Unidos", agrega.
"Parece que para todo el mundo esto es una situación de equilibrio, una situación en la que todo el mundo de alguna manera está mejor que como estaba antes", señala.
En parte por la prolongada y profunda crisis multidimensional que ha vivido Venezuela una parte de la población ve lo que ocurre no tanto como una amenaza a la soberanía, sino como una promesa de mejoría.
Esa promesa parece reflejarse en la opinión que los venezolanos tienen de Trump. Según una encuesta realizada a finales de julio e inicios de agosto, 51% de los consultados tienen una opinión favorable del presidente estadounidense, quien se ubica más de 30 puntos por encima de Delcy Rodríguez y unos 20 puntos por debajo de María Corina Machado, la dirigente mejor valorada.
"El problema está en que tienes un trade off (intercambio): por una parte, tienes un riesgo de continuar en esta renuncia a la soberanía. Por otra parte, hay una promesa de estabilidad".
"Hay gente que dice: 'Lo político es muy complejo pero yo todavía creo que Trump va a resolver esto'. Y en ese caso, el resolver no significa solucionar la situación políticamente, sino económicamente para que yo como ciudadano vuelva a tener unos mínimos de bienestar que perdí", señala Capriles.
"Eso es muy curioso porque te habla mucho de adónde hemos llegado en Venezuela como sociedad. En el fondo, es muy poco importante quien lleve adelante los cambios: lo que la gente está esperando es que haya cambios", concluye.

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FUENTE: BBC

