¿Estados Unidos se prepara para entrar a Cuba? El inquietante reporte que encendió las alarmas
Estados Unidos habría destinado más agentes y recursos de inteligencia a Cuba, en medio de una creciente ofensiva para exigir reformas profundas en la isla.
Estados Unidos habría reforzado su presencia de inteligencia en Cuba en medio de una nueva escalada de tensión con el Gobierno de Miguel Díaz-Canel.
EFELa Administración de Donald Trump habría destinado más agentes y recursos de inteligencia a Cuba, en medio de una creciente ofensiva para exigir reformas profundas en la isla o impulsar un cambio de Gobierno. Estados Unidos incrementó en los últimos meses sus operaciones de inteligencia en Cuba como parte de una estrategia destinada a elevar la presión sobre el Gobierno de Miguel Díaz-Canel, según reveló este martes el medio estadounidense Politico.
La información fue confirmada bajo condición de anonimato por dos personas familiarizadas con las acciones de la Administración de Donald Trump. Sin embargo, ninguna precisó la magnitud del despliegue ni brindó detalles sobre las tareas que estarían realizando los agentes en territorio cubano.
Una de las fuentes evitó identificar cuáles son las agencias involucradas en la recopilación de información o en posibles acciones para influir sobre el aparato estatal. La segunda habló concretamente de un aumento de la “presencia” de la CIA en la isla, aunque tampoco especificó fechas, cantidad de personal ni participantes.
El movimiento podría estar relacionado con diferentes alternativas que Washington analiza frente a la crisis cubana. Estas van desde una intensificación de las operaciones encubiertas hasta intentos por debilitar el respaldo interno al Gobierno de Díaz-Canel, en un contexto marcado por el descontento social y el deterioro de las condiciones de vida.
Politico señaló que una de sus fuentes consideró el refuerzo de inteligencia como un paso táctico capaz de preparar el terreno para una eventual incursión militar. No obstante, el medio aclaró que no existen confirmaciones sobre planes concretos de Estados Unidos para avanzar con una operación de ese tipo.
La confrontación política entre Cuba y Estados Unidos comenzó después de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959 y continuó durante el Gobierno de su hermano Raúl Castro. Desde entonces, ambos países desarrollaron durante décadas actividades de espionaje y operaciones de inteligencia en territorio rival.
La capacidad estadounidense para operar desde la isla se redujo durante el primer mandato de Trump, cuando Washington disminuyó considerablemente el personal de su Embajada en La Habana tras los misteriosos problemas de salud conocidos como "Síndrome de La Habana". El nuevo reporte aparece en medio de una fuerte escalada de las tensiones entre ambos países. La Casa Blanca endureció las sanciones económicas, avanzó contra inversores extranjeros con presencia histórica en Cuba e impuso restricciones al ingreso de petróleo, una situación que profundizó los problemas energéticos y económicos de la isla.
El deterioro quedó nuevamente expuesto este lunes, cuando Cuba sufrió dos apagones masivos en menos de 24 horas. Con estos episodios, ya son siete los colapsos generales del sistema eléctrico registrados durante el año. La presión estadounidense también se trasladó al terreno político y judicial. Según la información publicada, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Cuba en mayo para transmitir una advertencia vinculada con la necesidad de implementar cambios. Días más tarde, el Departamento de Justicia presentó cargos criminales contra el expresidente cubano Raúl Castro, de 95 años.
Durante ese mismo mes, un análisis de los registros disponibles en la plataforma FlightRadar24 detectó al menos 25 vuelos militares estadounidenses en las cercanías de Cuba, presuntamente vinculados con tareas de recopilación de inteligencia.
La Administración de Trump mantiene una postura especialmente dura frente a La Habana. Uno de sus principales impulsores es el secretario de Estado, Marco Rubio, quien en reiteradas oportunidades calificó al Gobierno cubano como una "amenaza" para la seguridad nacional de Estados Unidos.


