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Reforma en la defensa de Estados Unidos: silencio sobre Taiwán y el fin del subsidio global

El nuevo documento estratégico de Washington omite a Taiwán y eleva el gasto exigido a sus socios al 5% del PIB, generando debate global sobre financiamiento.

Mientras China militariza los mares, Estados Unidos omite a Taiwán de sus planes de defensa.

Mientras China militariza los mares, Estados Unidos omite a Taiwán de sus planes de defensa.

EFE

La publicación de la nueva Estrategia de Defensa Nacional (NDS) de Estados Unidos desató una ola de pánico predecible entre los analistas convencionales y las cancillerías de Tokio a Bruselas. Al notar que el documento omite a Taiwán y rebaja a China a una "línea de esfuerzo 2" detrás de la defensa del Hemisferio Occidental.

La lectura fácil fue gritar "abandono". Sin embargo, esta interpretación carece de realismo. Lo que presenciamos no es una retirada, sino una reestructuración de la realidad donde lo esencial se asume y las cuentas pendientes finalmente se cobran.

La omisión de Taiwán en el texto no debe leerse como una puerta abierta a la invasión, sino como la elevación de la isla al estatus de interés doméstico de facto. Del mismo modo que el Pentágono no necesita redactar un tratado público para defender a California, tampoco necesita hacerlo hoy para Taiwán. En la economía actual, la isla, y específicamente sus fábricas de semiconductores, es tan vital para la seguridad nacional estadounidense como Silicon Valley. Taiwán se convirtió en la "California del Este".

Asumir que China invadirá es ignorar que tal acción sería logísticamente imposible y económicamente suicida tanto para Pekín como para el mundo. Washington no necesita explicitar que defenderá el motor digital del planeta ya que su defensa es tácita porque su pérdida es inadmisible. No se menciona porque, simplemente, no está en juego.

El verdadero terremoto del documento no es geopolítico sino financiero. Al establecer un "nuevo estándar global" que exige a los aliados gastar el 5% de su PIB en defensa, con un 3.5% en gasto militar núcleo y 1.5% en infraestructura de seguridad, Estados Unidos expone la gran mentira de la posguerra, es decir, el Estado de Bienestar de sus socios. Durante décadas, naciones como Japón y los miembros europeos de la OTAN construyeron generosos sistemas de seguridad social sobre los cimientos ocultos del presupuesto militar estadounidense. Mientras los aliados financiaban su "Estado de Bienestar", el contribuyente norteamericano financiaba su seguridad.

Para el ciudadano estadounidense, ese "Estado de Bienestar" ajeno fue su propio "Estado de Malestar". Han subvencionado la paz global a costa de su propia infraestructura y deuda. El documento es explícito al señalar que las alianzas tienen un rol esencial, pero no pueden funcionar como "dependencias". La exigencia del 5% obliga a los aliados a enfrentar una realidad matemática y es que la fiesta del bienestar financiado por el Pentágono ha terminado.

Gobiernos como el de Japón ya sufren tensiones internas para adelantar su meta del 2% del PIB, y se enfrentan ahora a una encrucijada histórica. Elegirán entre desmantelar sus estados de bienestar para pagar su propia protección o iniciar una revolución de eficiencia, con herramientas como la inteligencia artificial y recortando la grasa burocrática para financiar ese nuevo estándar sin empobrecer a su población.

El documento aclara que no es una estrategia de aislamiento, sino de compromiso enfocado. Estados Unidos no abandona el tablero, simplemente no paga gastos de los demás; la seguridad tiene un precio y la factura finalmente ha llegado.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.