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Primero Maduro, ahora Néstor Kirchner y Hugo Chávez: Delcy Rodríguez reordenó Miraflores

Tras la caída de Maduro, Delcy Rodríguez inició un cambio simbólico en Miraflores. Sacó los cuadros de Néstor kirchner y Hugo Chávez de sus paredes.

Cristina Fernández de Kirchner y Hugo Chávez.

Cristina Fernández de Kirchner y Hugo Chávez.

El Palacio de Miraflores, epicentro del poder en Venezuela, continúa mostrando señales de cambio. No únicamente sobre la relación con Estados Unidos, sino también, con Argentina. Los retratos de Hugo Chávez y Néstor Kirchner ya no están en sus paredes. Tampoco el histórico Salón Néstor Kirchner conserva su nombre.

La remoción de los cuadros no es un gesto menor. Durante años, esas imágenes funcionaron como una síntesis del relato político del chavismo: integración regional, alianza con gobiernos progresistas y una narrativa latinoamericanista que tenía en Kirchner y Chávez dos figuras centrales.

El salón había sido inaugurado en 2011 por Chávez junto a Cristina Fernández de Kirchner, en una ceremonia cargada de simbolismo político y estético. Las pinturas, incluso, habían sido realizadas por el propio líder venezolano.

Hoy, ese espacio fue resignificado. Donde antes había iconografía política, ahora predomina una estética más neutra, con referencias institucionales al propio Palacio de Miraflores.

La decisión fue impulsada por la presidenta interina Delcy Rodríguez, en medio de la reconfiguración del poder tras la caída de Nicolás Maduro, capturado en enero de 2026 durante un operativo militar estadounidense, según contó Clarín.

El misterio de los cuadros y el malestar chavista

La desaparición de las imágenes generó reacciones dentro del propio universo chavista.

En redes sociales, sectores afines al régimen comenzaron a preguntarse por el destino de los cuadros, en medio de un clima de desconcierto por los cambios impulsados por el nuevo esquema de poder.

El tema fue seguido por el periodista venezolano Gabriel Bastida, quien documentó que las obras vinculadas a Kirchner habían sido retiradas ya desde comienzos de año, poco después de la captura de Maduro.

Del chavismo simbólico al pragmatismo político

El giro no se limita a lo estético.

Desde que asumió el poder tras la caída de Maduro, Rodríguez inició una reconfiguración del gobierno que incluye desplazamientos de figuras clave del chavismo y una apertura hacia Estados Unidos.

Ese proceso se da en un contexto de negociación directa con la administración de Donald Trump, que busca reordenar el escenario venezolano tras la intervención militar.

Los cambios también alcanzan la política energética, con acuerdos para atraer inversión extranjera y reactivar la producción petrolera, en lo que se presenta como una nueva etapa para el país.

Un “cogobierno” bajo presión internacional

La gestión de Rodríguez se mueve en un delicado equilibrio.

Por un lado, mantiene elementos del aparato chavista. Por otro, impulsa transformaciones exigidas en parte por Estados Unidos y por la necesidad de recomponer la economía.

Ese esquema fue definido por analistas como una suerte de “cogobierno” condicionado, donde las decisiones internas conviven con presiones externas.

Sin embargo, ese giro no se tradujo aún en cambios sustanciales en materia de derechos humanos, en un país donde persisten denuncias por presos políticos y restricciones a las libertades civiles.

El fin de una estética política

La salida de los cuadros de Chávez y Kirchner marca algo más que una modificación decorativa.

Es, en términos simbólicos, el cierre de una etapa. La del chavismo en su versión más ideológica y regionalista, y el inicio de una fase más pragmática, atravesada por la negociación internacional y la supervivencia política.

En Miraflores, el poder cambió de manos pero también empieza a cambiar de relato.