El mapa del choque energético en Latinoamérica: quién aguanta y quién cede
Latinoamérica frente al shock energético: un análisis de la resistencia y vulnerabilidad de los países según su estructura, reservas y mecanismos de transmisión.
La tensión en Medio Oriente mantiene al mundo en vilo por la crisis energética.
ShutterstockEn Latinoamérica conviven exportadores netos, importadores puros y economías híbridas que exportan crudo pero importan derivados. El precio del barril es solo el detonador. Lo que determina si un país atraviesa el shock o colapsa ante él es la combinación entre estructura energética real, reservas y velocidad de transmisión interna.
El análisis superficial divide al mundo en ganadores y perdedores según si un país exporta o importa energía. La realidad latinoamericana es más compleja: hay exportadores de crudo que pagan sobreprecios de crisis por sus propios derivados refinados; hay economías beneficiarias netas en el balance anual que enfrentan crisis agudas de liquidez en divisas durante el invierno; y hay productores con las mayores reservas del mundo que importan gasolina porque sus refinerías no funcionan. Para ordenar el mapa regional hacen falta tres capas de análisis: exposición al shock, capacidad de absorción y mecanismos de transmisión.
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Los beneficiarios netos
Brasil es el caso más sólido. Con más de 3,4 millones de barriles diarios del presal offshore y reservas internacionales que cubren ampliamente sus necesidades, cada dólar que sube el crudo refuerza las cuentas externas. El riesgo no viene del exterior sino de adentro: si el gobierno desacopla los precios domésticos del mercado internacional mediante subsidios, como hizo en 2022, el beneficio externo se convierte en gasto permanente. Ganador condicionado por su propia política interna.
Colombia mejora sus términos de intercambio, pero el petróleo está en descenso estructural y el país avanza hacia mayor dependencia de gas importado para generación eléctrica. Beneficiario parcial con fragilidad creciente en el componente no petrolero.
Perú tiene reservas por encima de los 70.000 millones de dólares, bajo nivel de deuda y acceso a financiamiento externo. El impacto del shock es manejable y no representa un caso de riesgo.
Las economías híbridas: ganadores con trampa
Ecuador exporta crudo pero importa la mayor parte de sus combustibles refinados. Durante una crisis, el diferencial entre el precio estándar al que vende su crudo y la prima de escasez que paga por los derivados se dispara, agravando el déficit comercial más de lo que sugiere una simple resta de barriles. Con reservas equivalentes a apenas 1,7 meses de importaciones, es técnicamente un productor que en condiciones de crisis se comporta como importador vulnerable.
México exporta crudo pesado pero importa combustibles refinados y depende del gas estadounidense para más del 70% de su consumo energético. Un shock que presione el mercado de gas norteamericano lo golpea con rapidez por ese flanco. Sus reservas superan los 200.000 millones de dólares, pero la situación financiera de Pemex, la empresa más endeudada de Latinoamérica, introduce rigideces que limitan la capacidad de respuesta del sector energético estatal.
Argentina requiere un análisis separado. Vaca Muerta transformó el balance productivo, más de 700.000 barriles diarios de petróleo y exportaciones crecientes de gas. En precios altos, el saldo comercial energético mejora. Pero la estacionalidad del gas es el talón de Aquiles porque Argentina exporta en verano y compra GNL a precios spot en invierno, generando tensiones de liquidez en divisas exactamente cuando la demanda interna es mayor. Si ese ingreso adicional no se traduce en acumulación de reservas, porque se filtra por subsidios, importaciones estacionales o intervención cambiaria, el beneficio potencial se diluye. Beneficiario potencial con restricciones operativas severas.
Venezuela tiene las mayores reservas probadas del mundo pero produce menos de un millón de barriles diarios e importa gasolina porque sus refinerías no funcionan. Las sanciones restringen su acceso a los mercados. Es el único caso donde un productor neto puede sufrir desabastecimiento interno simultáneamente con un boom de precios globales.
Los importadores: quién aguanta y quién no
Chile es importador neto de fósiles, pero su matriz eléctrica supera el 60% de generación renovable, limitando la transmisión del shock al sector productivo. Con reservas adecuadas y grado de inversión, el ajuste opera vía tipo de cambio flexible. Y esto lo convierte en un caso manejable.
Uruguay tiene más del 90% de generación eléctrica renovable. Su vulnerabilidad se limita a combustibles para transporte, por lo tanto, su posición es estable.
Paraguay opera casi enteramente con hidroeléctrica de Itaipú y Yacyretá. Importa combustibles para transporte pero su tamaño y reservas contienen el impacto.
Bolivia es el caso más urgente de la región. Pasó de exportador a importador neto de combustibles desde 2022. Sus reservas internacionales líquidas cayeron por debajo de los 50 millones de dólares a finales de 2024, menos de un mes de importaciones. La inflación supera el 25% anual. Los subsidios a los combustibles, equivalentes al 4% del PIB, amplifican el impacto fiscal en lugar de amortiguarlo, convirtiendo un problema de corto plazo en una carga presupuestaria crónica. Bolivia es el equivalente latinoamericano de Pakistán en el ranking global del choque energético: alta exposición, reservas mínimas, sin margen.
La variable que todos evitan nombrar
Ningún análisis del choque energético en la región es completo sin abordar la deuda bilateral con China. Brasil, Argentina, Ecuador, Venezuela, Bolivia y Perú mantienen compromisos financieros significativos con entidades chinas. Lo que distingue esa deuda de los bonos soberanos convencionales es su mecánica específica: en escenarios de estrés de balanza de pagos, la renegociación suele requerir garantías atadas a flujos futuros de exportación de materias primas. Esto significa que para resolver una crisis de liquidez inmediata, esos Estados deben comprometer por anticipado los mismos ingresos por exportación que necesitarían para estabilizar su macroeconomía en el mediano plazo.
El nivel de reservas internacionales captura el stock disponible hoy. Lo que no captura es cuánto de ese flujo futuro ya está comprometido con Beijing. En los casos más expuestos, los de Ecuador y Bolivia en particular, la reserva realmente disponible para enfrentar el shock puede ser sustancialmente menor de lo que indican los números oficiales.
El mapa no se lee solo en el precio del barril, sino en la capacidad de refinación, en la estacionalidad del gas, en las reservas netas reales y en los compromisos silenciosos con acreedores que no aparecen en los titulares. La diferencia entre un ajuste manejable y una crisis de balanza de pagos la determina esa combinación.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

