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Mucho dinero, poca confianza: el dilema de China y las universidades con poca credibilidad

China expandió su sistema universitario con cifras récord, pero crecen las dudas sobre la calidad, la credibilidad y la innovación de su producción científica.


El prestigio internacional de un país suele medirse por la velocidad con la que sus universidades ascienden en los rankings globales. Así, China invirtió sumas gigantescas para lograrlo y hoy posee diez universidades de élite con presupuestos anuales superiores a los $5.000 millones de dólares cada una.

Según se informó, en investigación y desarrollo el gasto total alcanzó en 2023 los $781 mil millones, una cifra que se acerca a los $823 mil millones de Estados Unidos. El salto financiero es indiscutible, sin embargo la pregunta es si ese crecimiento se traduce en liderazgo intelectual.

Inversión récord y crisis de credibilidad académica

El sistema atrae científicos de alto nivel con programas para repatriarlos y condiciones de investigación favorables. En términos de infraestructura, equipamiento y formación técnica, el avance es visible. Sin embargo, el problema aparece en el modelo de incentivos. Las promociones académicas dependen de la cantidad de publicaciones y ese mecanismo empuja a producir artículos en masa y reduce el peso de la calidad.

El resultado es una crisis de credibilidad. Y en 2025 se registraron cerca de 3.000 retracciones de artículos con autores chinos, frente a menos de doscientas en Estados Unidos. La cifra por sí sola no explica todo, aunque indica una tendencia. Parte del fenómeno se vincula con las llamadas fábricas de papers, empresas que producen estudios falsos para inflar currículos. A esto se suma la práctica de autocitación en cadena para elevar métricas de impacto.

El efecto es una visibilidad que no siempre refleja innovación real. El sistema forma técnicos muy competentes, con una base matemática y científica sólida, producto del rigor del gaokao, el examen nacional de ingreso universitario. Lo que aparece debilitado es la capacidad de cuestionar y proponer ideas originales. Algunos estudios realizados en universidades occidentales sobre estudiantes chinos en programas STEM muestran una caída en habilidades de pensamiento crítico durante los últimos años de formación.

Vigilancia y autocensura: los límites del modelo

El clima dentro de los campus también influye. La vigilancia tecnológica, los mecanismos de denuncia entre pares y la sensibilidad política generan un entorno de autocontrol permanente. Por lo tanto, la creatividad tiende a reducirse y profesores extranjeros interrumpieron sus carreras por acusaciones anónimas o conflictos administrativos que dificultan la continuidad de proyectos.

A pesar de la expansión internacional y de las colaboraciones tecnológicas en Asia y África, el atractivo global del sistema tiene límites. La inversión masiva permitió la construcción de universidades poderosas en recursos y producción científica. La dificultad está en generar confianza en los resultados y en el fomento de un ambiente que premie la originalidad por encima del volumen. Sin ese cambio, el crecimiento será cuantitativo más que cualitativo.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.