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"Me preguntaba si me gustaban los tríos": el modo en el que Julio Iglesias elegía a sus empleadas

Según la denuncia pública hecha por dos empleadas de las casas de Punta Cana y Bahamas, el cantante español sometía a las mujeres a situaciones límite.

Julio Iglesias es un de los cantantes más importantes de la música latina.
Julio Iglesias es un de los cantantes más importantes de la música latina.

Dos exempleadas del servicio doméstico de Julio Iglesias denunciaron haber vivido una situación de acoso permanente, abuso de poder y presuntas agresiones sexuales mientras trabajaron para el cantante en sus residencias del Caribe. Los testimonios fueron publicados por elDiario.es en colaboración con Univisión Noticias y refieren a hechos ocurridos en 2021, cuando ambas tenían 22 años y el artista 77.

Las mujeres relataron que fueron contratadas para trabajar en las propiedades que Julio Iglesias posee en Punta Cana, en República Dominicana, y en Lyford Cay, en Bahamas. Según explicaron, el proceso de selección se realizaba a través de anuncios en redes sociales dirigidos a mujeres jóvenes, donde se ofrecía empleo doméstico con alojamiento incluido y un salario de 25.000 pesos. "Nunca hubo una entrevista personal. Solo nos pedían fotos de la cara y del cuerpo entero", señalaron.

Una vez incorporadas al trabajo, las denunciantes aseguraron que Julio Iglesias comenzó a someterlas a preguntas de carácter íntimo y sexual. "Me preguntaba si me gustaban las mujeres, si me gustaban los tríos, si me había operado los pechos", contó una de ellas. En algunos casos, según relatan, el cantante español les pedía ver los senos o los tocaba con el argumento de "evaluar" una cirugía estética.

Las jóvenes también denunciaron presiones constantes para acceder a encuentros sexuales. "Cuando decía que no, me insultaba y me decía que había muchas mujeres que se morían por estar con él", afirmó una de las entrevistadas. "Era una situación de acoso permanente, te hacía sentir que no tenías salida", agregó.

A las situaciones de abuso sexual se sumaban, según los testimonios, condiciones laborales precarias. Las empleadas aseguraron que no se les ofrecía contrato escrito y que debían cumplir jornadas de entre 10 y 16 horas diarias, con períodos de descanso que recién llegaban después de varios meses de trabajo continuo. "Vivía en un paraíso, pero lo único que quería era estar encerrada en mi cuarto", relató una de ellas.

"Caí en una depresión muy fuerte y me di cuenta de que no quería estar ahí", expresó una de las mujeres, que asegura que aún hoy le cuesta reponerse de lo vivido.