Las feroces críticas a Greta Thunberg, la joven y admirada activista ambiental

Desde que su imagen comenzó a aparecer en los medios de comunicación, en agosto de 2018, Greta Thunberg ha inspirado a millones de personas alrededor del mundo. También es joven, blanca y nació en uno de los países más desarrollados del mundo, Suecia. 

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La joven activista Greta Thunberg, de 16 años, no es más que "una niña rica", dicen sus críticos. Muchos la insultan estos días y la califican de "marioneta de otros".

Muchas de las críticas vienen de sectores de derecha.

Su discurso descarnado y acusatorio sobre cambio climático sorprende e inspira a millones de personas en todo el mundo, especialmente a los jóvenes. Pero a otros les molesta. Y mucho.

Y más con el enorme reconocimiento internacional que le ha valido el impulso de un movimiento global de huelgas escolares en protesta contra la falta de acción de los líderes mundiales para frenar el calentamiento global.

"Como habrán notado, los 'haters' están más activos que nunca: me persiguen, critican mi aspecto, mi ropa, mi comportamiento y mis diferencias. Se les ocurren todas las mentiras imaginables y teorías de la conspiración", escribió a sus 2,3 millones de seguidores en Twitter.

Y es que no son pocos los que restan importancia a que la adolescente se haya convertido en la voz de la juventud mundial que insta a los gobiernos a poner en marcha medidas para luchar contra el cambio climático.

"Escuchen a Greta" dice una de las pancartas de la "huelga general por el clima" que se celebró en más de 100 países el pasado viernes.

Como ejemplo, señalan, Thunberg llegó a la reunión de Naciones Unidas contra el cambio climático que estos días se celebra en Nueva York en un barco que produce cero emisiones de carbono.

Pero el velero en cuestión que la transportó es extraordinariamente caro y, para mayor enfado de quienes la señalan, el barco se lo prestó Pierre Casiraghi, hijo de la princesa Carolina de Mónaco y propietario de una empresa de construcción.

Hasta su cabello rubio y sus trenzas ha sido asociado por algunos con la estética "nazi".

La respuesta a Trump 

Su caso se volvió viral y su discurso en la apertura de la cumbre del clima de la ONU no ha dejado indiferente a nadie.

De hecho, las redes sociales destilan admiración, pero también odio contra la activista.

"Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías", dijo la joven activista en la apertura de la cumbre del clima en las Naciones Unidas en Nueva York.

El primero en burlarse de ella fue el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Un tuit con tintes irónicos decía: "Parece una joven muy feliz con un futuro brillante y maravilloso por delante. ¡Ha sido muy agradable verla!". (Greta Thunberg usó la frase en su biografía de Twiter durante algunos días).

El discurso de la adolescente no tuvo precisamente un tono feliz ni agradable.

Su brutal honestidad es otra de las cosas que molesta.

Pero Thunberg, no se quedó corta en su respuesta.

"Sinceramente, no entiendo por qué los adultos eligen pasar su tiempo burlándose y amenazando a adolescentes y niños por destacar los argumentos de la ciencia, cuando podrían hacer algo bueno en su lugar. Supongo que simplemente deben sentirse muy amenazados por nosotros".

"¿Cómo se atreven?". Ese fue una de las frases claves de Thunberg en la ONU y ya está en los carteles en la calle.

Los poderes en la sombra 

Otra de las críticas más habituales que recibe la activista estos días se refiere al grupo mediático y económico que la lanzó a la fama mundial.

Una investigación del diario británico The Times desveló que detrás de Thunberg hay una variedad de empresas, principalmente de lobby, académicos y hasta un think tank fundado por un exministro de Suecia "ligado a las empresas de energía del país".

"Estas compañías se están preparando para la mayor bonanza de contratos gubernamentales de la historia: la ecologización de las economías occidentales. Greta, lo sepa ella y sus padres o no, es la cara de su estrategia política", escribió el diario.

La investigación del periódico reveló que Thunberg no es solo una adolescente preocupada por el mundo que le dejan los adultos y la inacción de los gobiernos.

Según esa investigación, detrás hay unos potentes intereses económicos y ciertas empresas cuyo modelo de negocio es producir energía sin combustibles fósiles, recogiendo por el camino millones de subvenciones de los gobiernos.

"Greta es un producto fabricado", se puede leer repetidamente en las redes sociales. Un instrumento.

Más de un millón de niños y adolescentes en más de 100 países se han unido a las huelgas escolares de los viernes por el cambio climático.

La idea de la huelga escolar cada viernes, que millones de adolescentes siguen en todo el mundo, podría no haber sido suya siquiera y varias fuentes citadas por The Times se la atribuyen a Ingmar Rentzhog, el fundador de la plataforma social We Don't Have Time ("No tenemos tiempo").

Un lema que precisamente Thunberg ha usado incansablemente.

Precisamente esa plataforma detrás ha servido también para avivar el debate sobre por qué la voz de la activista ha resonado en todo el mundo, mientras las de los indígenas en diversas partes del mundo ha sido sistemáticamente silenciada.

Lo que no consiguieron los indígenas 

Sólo en México, 30 activistas ambientales han sido asesinados entre 2018 y lo que va 2019, según datos de Infobae.

"Hay que tener claro que a la derecha le molesta este discurso por la amenaza de sus negocios. Pero, también, lo que dice Greta no es nuevo", dice el diputado chileno Diego Ibáñez.

En sus declaraciones a un diario local, el político recordó que el fenómeno Greta tiene relevancia en los medios de comunicación "porque viene del mundo europeo y cumple con ciertos cánones que son procesables por los medios".

Pero "lo que dice Greta es lo que ha dicho también el pueblo mapuche y los pueblos indígenas en Latinoamérica desde hace más de 200 años".

Alberto Curamil es un "lonko" o autoridad tradicional mapuche. Recibió el Premio Ambiental Goldman por su campaña contra la construcción de dos centrales hidroeléctricas en el río Cautín.

Muy apocalíptica 

Además, no son pocas voces las que acusan a la activista de promover un discurso extremadamente catastrofista.

"No quiero que tengas esperanza, quiero que entres en pánico", dijo la activista en el Foro Económico de Davos.

"¡No me escuchen a mí, escuchen a los científicos!", repite incansable. 

Y lo que dijo en su discurso en la sesión inaugural de la cumbre en la ONU es que nos acercamos a una "extinción masiva" y que casi no queda margen para revertir las consecuencias de la crisis climática.

"Nos estamos enfrentando a la sexta extinción masiva y el ritmo de extinción es 10.000 veces más rápido de lo normal", dijo la activista en la ONU.

Pero algunos, como el columnista David Aaronovitch, del The Times, cree que sus afirmaciones son desmedidas.

"Cuando examinamos lo que dice Thunberg y lo comparamos con lo que dice la ciencia, tenemos que concluir que ella exagera", dice.

"Incluso el último sombrío informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático sobre el impacto del cambio climático en los niveles del mar no sugiere nada como la destrucción".

Sin embargo, muchos de los últimos informes científicos sí reflejan alarma por los niveles que está alcanzando el cambio climático provocado por el hombre.

La adolescente acusó a los líderes mundiales de omisión y traición frente al cambio climático.

El mismo panel intergubernamental dijo que julio que "para evitar que el aumento en la temperatura del planeta supere 1,5 grados centígrados respecto a la era preindustrial, será necesario reducir las emisiones globales de dióxido de carbono en un 45% para 2030". Y los pasos decisivos deberán tomarse en los próximos 18 meses.

Cuando el periodista David Wallace-Wells del magazín New York le preguntó de qué se sentía optimista, la joven respondió: "De lo que he visto durante el último año, durante el último mes. Nunca habría soñado que algo así ocurriría. Creo que nadie lo habría predicho. Entonces pienso: hay esperanza".

Y pese a todo, Greta Thunberg tiene claro que ser o no ser popular no le importa.

"Me preocupo de la justicia climática y del planeta vivo". 

BBC

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