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Las baterías que nunca cargaron: los 15 mil millones de dólares estatales tirados a la basura

Europa apostó miles de millones a Northvolt, la startup sueca que prometía independencia energética y liderazgo verde con modernas baterías.

La empresa sueca de baterías recibió miles de millones de dólares, nunca logró competir y quebró.

La empresa sueca de baterías recibió miles de millones de dólares, nunca logró competir y quebró.

Europa quiso tener su Tesla propio y creyó haberlo encontrado en Northvolt, una startup sueca de baterías fundada en 2015 por exejecutivos de la marca norteamericana. La promesa era tentadora: fabricar en suelo europeo las baterías limpias que alimentarán la revolución eléctrica, reducir la dependencia de Asia y, de paso, liderar la transición verde.

Lo que siguió fue una de las aventuras empresariales más costosas y fallidas de la historia reciente, un recordatorio brutal de lo que ocurre cuando se combina entusiasmo político, miles de millones de dólares y una incapacidad notable para ejecutar.

Northvolt levantó la gigantesca fábrica “Ett” en el norte de Suecia, con la idea de producir decenas de gigavatios hora en baterías. En poco tiempo acumuló compromisos de inversión por más de $15 mil millones de dólares entre capital y deuda, respaldos de gobiernos, bancos europeos y clientes como BMW y Volkswagen.

La narrativa era perfecta: Europa ya no dependería de China, y en el corazón escandinavo florecería la industria del futuro. El problema es que la producción nunca funcionó como se esperaba. Los plazos se incumplieron una y otra vez, los costos se dispararon y las promesas de entregar baterías a gran escala se fueron diluyendo.

BMW canceló un contrato de $2.000 millones de euros porque las celdas nunca llegaban, y los trabajadores en la planta de Skellefteå se enfrentaban a retrasos y falta de dirección. En 2024 empezó el derrumbe: miles de empleados despedidos, proyectos congelados en Alemania y Canadá, y una montaña de deudas sin respaldo en ventas reales.

En noviembre, la compañía se declaró en bancarrota en Estados Unidos, revelando que apenas tenía $30 millones en caja frente a pasivos de casi $6.000 mil millones. El golpe definitivo llegó en marzo de 2025, cuando entró en quiebra formal en Suecia, dejando en evidencia el mayor fiasco industrial de la región en décadas.

Europa había apostado a un sueño que no estaba listo ni tecnológica ni financieramente. Mientras tanto, los inversionistas y los gobiernos que aportaron fondos para “la independencia energética” descubrieron que financiaron un castillo de aire.

El relato sirve como ejemplo de cómo en Europa confunde visión estratégica con voluntarismo. Creyeron que con subsidios y discursos se crearía una industria de baterías de la nada, sin entender que la experiencia y la eficiencia de Asia no se reemplazan con entusiasmo.

La consecuencia fue quemar miles de millones en una empresa que no maduró. Compañías de Silicon Valley aquirieron activos Northvolt porque tal vez logren sacar algo en limpio, pero lo que queda claro es que Europa se dio un golpe de realidad: no basta con querer competir en sectores de alta tecnología, hay que saber hacerlo.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.