La guerra secreta de Estados Unidos que terminó beneficiando a Osama Bin Laden
Antes del atentado a las Torres Gemelas, Estados Unidos financió una guerra secreta en Afganistán que terminó favoreciendo el ascenso de su enemigo más buscado.
En un nuevo aniversario del atentado, el recuerdo de cuando Estados Unidos terminó beneficiando a su enemigo.
Imagen generada con IAEl 11 de septiembre es una de esas fechas que quedaron marcadas en la memoria colectiva. Un día que, sin importar el lugar del mundo, muchos de quienes lo vivieron todavía recuerdan dónde estaban y qué hacían cuando vieron el ataque contra las Torres Gemelas de Nueva York, en el que cerca de 3.000 personas perdieron la vida.
Pero detrás de aquel atentado que hoy cumple 25 años y que cambió para siempre la historia hubo una guerra secreta que Estados Unidos había impulsado dos décadas antes. Una operación mediante la que entregó armas y dinero a los grupos que combatían a la Unión Soviética en Afganistán y que, de manera indirecta, terminó creando las condiciones que años después beneficiaron a quien se convertiría en su enemigo número uno: Osama bin Laden.
La operación secreta contra la Unión Soviética
Todo comenzó en 1979, cuando el gobierno socialista de Afganistán enfrentaba una creciente resistencia de grupos islamistas conocidos como muyahidines. Ante la posibilidad de perder a uno de sus principales aliados en Asia, la Unión Soviética invadió el país en diciembre de ese año y desplegó miles de soldados para sostener al régimen de Kabul.
Estados Unidos encontró entonces una oportunidad para debilitar a su principal rival sin enfrentarlo directamente. A través de la denominada Operación Ciclón, la CIA comenzó a enviar armas y millones de dólares a los rebeldes afganos. Sin embargo, la ayuda pasaba primero por los servicios de inteligencia de Pakistán, que se encargaban de distribuir los recursos entre las diferentes facciones que luchaban contra las tropas soviéticas.
El apoyo aumentó con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca. El mandatario calificó a los muyahidines como “combatientes de la libertad” y autorizó la entrega de misiles portátiles Stinger, con los que los rebeldes pudieron derribar helicópteros soviéticos y cambiar el rumbo de la guerra. Finalmente, en febrero de 1989, Moscú completó la retirada de sus tropas y dejó atrás un conflicto que había provocado más de un millón de muertos y millones de refugiados.
El vínculo entre Estados Unidos y Bin Laden
En aquellos años, Bin Laden también se encontraba en la región, aunque no existen pruebas concluyentes de que haya recibido dinero directamente de la CIA. El saudita utilizó su fortuna familiar y las donaciones provenientes del mundo árabe para financiar combatientes extranjeros, construir caminos y organizar una red de voluntarios que, en 1988, se transformaría en Al Qaeda.
Los talibanes tampoco existían durante la Operación Ciclón. El movimiento apareció recién en 1994, en la ciudad de Kandahar, pero algunos de sus futuros dirigentes habían combatido contra los soviéticos. Además, se beneficiaron de las armas, las redes islamistas y el clima de radicalización que dejó aquella guerra. Dos años después conquistaron Kabul, impusieron un régimen fundamentalista y le dieron refugio a Bin Laden, quien desde Afganistán comenzó a planificar sus ataques contra Estados Unidos.
El hombre que advirtió sobre Bin Laden antes del 11-S
En medio de ese escenario apareció Ahmad Shah Massoud, conocido como el “León de Panjshir”. Había sido uno de los principales comandantes de la resistencia contra la Unión Soviética y luego encabezó la Alianza del Norte, el mayor frente opositor a los talibanes. A finales de la década de 1990, la CIA comenzó a colaborar con él para obtener información sobre Bin Laden y evaluar una posible captura, aunque solo le brindó una asistencia técnica limitada y nunca aceptó involucrarse plenamente en su guerra contra el régimen afgano.
El 9 de septiembre de 2001, apenas dos días antes de los atentados en Nueva York y Washington, dos integrantes de Al Qaeda se hicieron pasar por periodistas y asesinaron a Massoud con una bomba escondida en una cámara. Su muerte buscaba eliminar al hombre que podía convertirse en el principal aliado de Occidente ante una eventual respuesta militar. La CIA nunca financió directamente a Bin Laden ni creó a los talibanes, pero la operación con la que Estados Unidos buscó derrotar a la Unión Soviética dejó un país devastado y un entramado de grupos armados que terminaron favoreciendo el ascenso de su enemigo más buscado.



