La gran simulación: crecen 239% las solicitudes de empleo y el currículum se volvió spam
El salto del 239% en postulaciones laborales revela una crisis de señalización en el empleo, impulsada por automatización masiva y procesos corporativos viejos.
La automatización del envío de currículum saturó el sistema y generó una gran simulación.
ShutterstockEl aumento del 239% en los envíos de currículum y las solicitudes de empleo es la confirmación clínica de un fallo multiorgánico en la empresa moderna. Lo que observamos no es una "guerra armamentista" romántica, sino el colapso del sistema de precios de la información laboral.
Durante décadas, el acto de postularse tenía un costo de oportunidad que funcionaba como señal de interés y competencia; al reducir ese costo a cero mediante herramientas de automatización como LazyApply, el mercado se inundó de ruido, dejando a las empresas ciegas, incapaces de distinguir talento real de spam algorítmico.
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La verdadera patología no reside en que los candidatos usen inteligencia artificial, sino en la obsolescencia estructural de la respuesta corporativa. Las empresas, lejos de repensar qué significa el trabajo en 2026, emparchan un modelo de reclutamiento del siglo pasado con filtros digitales y límites arbitrarios, como quien frena una hemorragia con cinta adhesiva.
Esta crisis de señalización expone una verdad más cruda que la automatización, y es que la mayoría de las descripciones de puesto actuales son tan genéricas y carentes de métricas reales de productividad que un robot puede fingir idoneidad perfecta para ellas. Si un algoritmo engaña consistentemente a los departamentos de recursos humanos, el problema no es la sofisticación del fraude, sino la vacuidad del rol que se ofrece.
Estamos ante una simulación bilateral donde candidatos que no leen las ofertas envían perfiles falsos a empresas que no leen cada currículum, con intermediarios de software para "conversar" entre sí. Esto no es adaptación, es una necropsia administrativa en tiempo real. La insistencia en mantener procesos humanos para validar tareas que la máquina ya realiza mejor o más rápido, y la incapacidad de la firma para diseñar pruebas de habilidad real en lugar de filtrar palabras clave, demuestra que estas organizaciones han perdido su función principal de asignación eficiente de capital humano. No mueren porque la tecnología las asesine, sino porque su metabolismo interno es incapaz de digerir la realidad moderna, gastando recursos en gestionar una burocracia de contratación para puestos cuya relevancia económica se desvanece mientras sus propios directivos celebran ciegamente la "eficiencia" que los hará irrelevantes.

